Opinión

De sin sentidos y falacias: el discurso esquizofrénico


La esquizofrenia constituye un tipo de psicosis cuya característica principal es la pérdida del sentido de la realidad. El delirio, las alucinaciones y el fanatismo religioso son, de acuerdo con un texto de la empresa farmacéutica Janssen-Cilag, manifestaciones comunes de una personalidad esquizofrénica.
Otra manifestación de la esquizofrenia es lo que se conoce como “alogia”: el empobrecimiento del pensamiento y de la cognición. En este sentido, es posible hablar de un “discurso esquizofrénico” para hacer referencia a cualquier exposición verbal o escrita de ideas y posiciones que están divorciadas de la realidad. La irrealidad, como señala Myrna Solotorevsky, hace del discurso esquizofrénico un discurso “verbalmente intoxicado”, porque utiliza un lenguaje repetitivo, estereotipado y “cargado de ideas delirantes”.
El discurso de Rosario Murillo
La prédica obsesiva del amor de Rosario Murillo constituye un ejemplo de esquizofrenia discursiva. Murillo predica el advenimiento de una imaginaria sociedad nacional fundamentada en una idea esotérica y alucinante del amor que rompe con los principios más básicos de la lógica y la sociología.
El discurso esquizofrénico de Murillo alcanzó un peligroso tono mesiánico en sus recientes declaraciones sobre la posición del FSLN en relación con el aborto. Ese tono nos debe obligar a reconocer y enfrentar la amenaza que para la sociedad nicaragüense representa la posible victoria de un FSLN liderado por personas como Murillo. Revisemos y analicemos sus declaraciones a Radio Ya (15/08/06):
“Nosotros estamos profundamente comprometidos con la fe; pensamos que los valores religiosos son el consuelo, el amparo; la fe es la forma en que los seres humanos encontramos la paz; los valores religiosos son la fortaleza que necesitamos para lidiar con la vida cotidiana, que ha sido en los últimos tiempos suficientemente dura. La vida cotidiana que nos obliga a enfrentar desafíos fortísimos y, con el amparo y el consuelo de la fe, la gente se nutre, se levanta; el alma se fortalece. Nosotros, precisamente porque tenemos fe, tenemos religión; porque somos creyentes, porque amamos a Dios sobre todas las cosas es que hemos sido capaces de sobrellevar tantas tormentas, ¡sin inmutarnos!, únicamente aprendiendo de cada dificultad lo que el Señor ha querido enviarnos como lección, como aprendizaje”.
Nótese el uso insistente y repetido de palabras como “la fe” (cuatro veces), y el tono dramático y obsesivo con el que Murillo expresa su nueva religiosidad. Nótese, además, que a pesar de que Murillo habla en representación de un partido político, sus declaraciones tienen un fuerte contenido autobiográfico. Al insertar su vida personal en un anuncio partidario, Murillo parece confundir el plano de la realidad privada y el de la realidad pública, dentro del cual ella se desenvuelve cuando habla en nombre del FSLN.
Los “desafíos” y las “tormentas” de la “vida cotidiana” que menciona Murillo en los párrafos anteriores hacen referencia a las dificultades que vivió la familia Ortega-Murillo cuando tuvo que enfrentar las acusaciones de abuso sexual hechas por Zoilamérica Narváez en contra de su padrastro Daniel Ortega. Fue dentro de esa crisis familiar que Murillo anunció su retorno a la fe católica en una declaración que expresa una visión providencialista de la historia; es decir, una visión de la historia social y personal como procesos gobernados por Dios hasta en sus mínimos detalles: “Luego de nueve años de vida desactivada de la fe, el Señor con sus formas misteriosas me ha movido a la acción. Me ha impulsado a actuar, y lo hago con la convicción de que todo viene de su divina mano, y por tanto nada puede ser negativo”.
Empobrecimiento cognitivo
La incoherencia y la fragmentación semántica son otras de las manifestaciones del discurso esquizofrénico. En ese tipo de discurso, señala Solotorevsky, “es imposible ubicar los antecedentes” de las ideas que se expresan. Nótese en el siguiente párrafo --continuación de los dos anteriores-- el non-sequitur que realiza Murillo para empezar a hablar del aborto. El término “non sequitur” literalmente significa “no sigue” o “no se conecta”. Dice Murillo: “Por eso (el “por eso” no cabe en esta narración porque el tema del aborto no se conecta lógicamente con lo antes dicho) también defendemos, y coincidimos plenamente con la Iglesia y las iglesia, que el aborto es algo que afecta, fundamentalmente a las mujeres, porque ¡jamás nos reponemos del dolor y el trauma que nos deja un aborto! Cuando las personas tienen o han tenido que recurrir a eso, jamás se reponen. Y, ese dolor, nosotros no lo deseamos para nadie”. Y remata diciendo: “Además, es un atentado contra la fe; contra la vida. Por eso, decimos que nos unimos al clamor de la Iglesia, recogemos el clamor de las mayorías nicaragüenses que están contra el aborto. Hemos sido enfáticos en eso, todo el tiempo.”
Nótese el uso repetido de expresiones categóricas que cierran cualquier posible discusión sobre el tema del aborto: “coincidimos plenamente con la Iglesia…”. Las mujeres que han practicado el aborto “jamás se reponen”. La rigidez discursiva de Murillo confirma lo que Bernardita Llanos Mardones señala cuando dice que el discurso esquizofrénico “revela una pasión desprovista de todos sus límites para afirmarse”. El discurso esquizofrénico, agrega, “es irrefutable y, por lo tanto, no acepta ni concibe la duda.”
Nótese también que en el párrafo anterior, Murillo construye una realidad ficticia cuando afirma que “ellos”, es decir, el FSLN ha sido “enfático todo el tiempo” en su posición contra el aborto. Lo dice como si lo creyera, o como si pensara que se dirige a una audiencia que no la conoce o que no conoce la trayectoria del FSLN.
En realidad, el anuncio de la posición del FSLN en relación con el aborto, incluido el terapéutico, es un anuncio tan sorprendente, que ha sido calificado por muchas personas como una muestra de “oportunismo”. Yo pienso que se trata de algo mucho más peligroso que el oportunismo; se trata de un discurso esquizoide: la expositora cree en la realidad que su imaginación construye. Es importante recordar que la caricatura de la persona que dice ser Napoleón, representa un caso típico de esquizofrenia.
En nuestro caso, además, Rosario Murillo se eleva sobre todo un partido e impone con delirante pasión, una línea de conducta y un pensamiento totalitario sobre sus miembros: “El Frente, la Unidad Nicaragua Triunfa dice: ¡No al aborto, sí a la vida! Nuestros candidatos, nuestros líderes, nuestros alcaldes, nuestros diputados... nuestra bancada… Somos enfáticos: ¡No al aborto, sí a la vida! Sí a las creencias religiosas; sí a la fe; sí a la búsqueda de Dios, que es lo que nos fortalece todos los días para reemprender el camino. Sí, también a la fe, a la religión, a la visión que han tenido los guías pastorales y espirituales de nuestro pueblo, como Su Eminencia, el Cardenal…”.
El anuncio de una calamidad
El discurso esquizofrénico de Rosario Murillo es una campanada de alerta que todos debemos analizar con seriedad. Ese discurso expresa una visión política fanatizada y patológicamente aprisionada por una cosmovisión esotérica-religiosa que es más fuerte y más peligrosa que cualquier ideología secular.
Existen, además, evidencias de que Murillo interpretaría su llegada al poder como una segunda oportunidad para crear una “nueva sociedad” y un “hombre/mujer nuevos” ajustados a su alucinante visión del mundo y de la historia. “La Revolución que sigue”, dice Rosario Murillo en la introducción de su libro Plena Primavera, publicado en 2004, “es la más absoluta claridad... nos hará sentirnos plenos y posibles, y con ello, dispuestos, ahora sí, al formidable despliegue de todo lo que realmente somos, sin que nos asuste, o nos envanezca, nada...”.
La demencial certeza de Murillo es escalofriante. Y su amenaza contra los que no compartan su visión del mundo, es aterradora y esquizofrénicamente contradictoria con su discurso del amor: “Una Revolución no es de fragmentos; no es de medias tintas del alma... O se es, o no se es... O se actúa, o no se actúa... Sólo lo mediocre, lo mediano, lo que no es, se hace pedazos...”.
Todos seríamos culpables de la tragedia que para Nicaragua significaría la llegada el poder de un partido-secta como el FSLN. Pero especialmente culpables serían los miembros del FSLN que por pragmatismo, miedo o resignación, aceptan hoy las alucinaciones de sus dirigentes. Especialmente culpable sería la Iglesia Católica, si, por comodidad, evita denunciar la participación de Miguel Obando y Bravo en la legitimación del enfermizo discurso del FSLN.
Especialmente culpables serían los candidatos de los partidos políticos que compiten con el FSLN, si por un miope “cálculo político”, decidieran continuar evitando discutir el tema del aborto y la relación entre política y religión en Nicaragua. Incluyo en esos partidos a la Alianza-MRS, porque después de que Edmundo Jarquín expresara su apoyo al aborto terapéutico, Luis Carrión anunció: “Para nosotros (el aborto) es un tema cerrado y ya dimos vuelta a la página”. Pues ábranlo de nuevo y asuman su responsabilidad en la defensa de los derechos de las mujeres frente al fanatismo.