Opinión

El acoso laboral en las instituciones públicas


Antes de entrar en la materia, es importante definir este concepto: “El acoso laboral o mobbing es una forma de tortura que contamina el derecho de las personas a trabajar y pervierte las ventajas terapéuticas de la acción laboral, constituyendo un factor de enfermedad que genera fobia al trabajo y grandes pérdidas económicas y de competitividad”.
Es una acción considerada delito en muchos países europeos y en Estados Unidos, además de estar tipificada en las legislaciones laborales de muchos países. Lamentablemente en Nicaragua el Código Laboral no lo contempla y los sindicalistas no tienen la idea de este fenómeno que daña a sus propios afiliados, evidentemente por el desconocimiento sobre el tema o la falta de visión de las principales actividades gremiales.
El objetivo fundamental de este artículo es iniciar un debate en el país, a todos los niveles y con todos los actores involucrados en el tema, con el objetivo fundamental de que al final de ese debate se proponga una reforma de la legislación laboral en la que su principal argumento sea tipificar y castigar a aquellos jefes, directivos o demás trabajadores que practiquen este delito. Sí es importante destacar que este tipo de acoso es diferente al típico acoso sexual en las relaciones laborales; sobre este tema ya son varios organismos los que trabajan, por ello considero fundamental abordar este temática menos evidente que la anterior y que se manifiesta de forma más común en las instituciones públicas, en universidades, ministerios del Estado, diferentes poderes del Estado, entes autónomos, etc.

De acuerdo con nuestra fuente, la organización “Psicocónsul”, El acoso o mobbing se refiere más específicamente a la acción de una o varias personas de una empresa, sociedad o institución dirigida contra un compañero de trabajo con objeto de conseguir que abandone su puesto, socavar su autoestima o elevar la de los acosadores. Podemos resumirlo como el maltrato psicológico en el trabajo, reiterado y con un objetivo determinado.
Pueden existir muchos motivos para ejercer el acoso, éstos van desde aspectos personales como la envidia, aspectos políticos evidenciados contra aquellos que no comulgan una ideología determinada, no apoyan el partido político del jefe; de todas formas son elementos negativos en las relaciones laborales que afectan de manera directa al individuo que es objeto de este acoso. Existe una variedad de acosos laborales, sin embargo, en nuestro país uno de los que más se manifiestan son los llamados acosos de “dirección” y el llamado “Bossing”. El primero tiene entre otras características que se puede manifestar como acoso de gestión u organizativo que puede tener varios objetivos y entre el principal está:
“ Eliminar a un trabajador que “no entra en el molde”, quien tiene genio, quien tiene una excesiva brillantez en sus tareas, es representante del personal sin estar al manojo del patrono, o aquel (aquella) cuyo lugar se quiere para dar a un amigo o a otra persona vinculada afectivamente con el jefe”.
El llamado “Bossing” lo define el psicólogo alemán Heinz Leymann y señala “que es el acoso de un jefe o sus representantes para deshacerse de un empleado no deseado. Como podemos observar, es raro que este tipo de manifestaciones no se presenten de manera evidente en las instituciones públicas, esto se aumenta principalmente en épocas de campaña electoral, cuando a muchos jefes les afecta la paranoia crónica, los trastornos obsesivo-compulsivo en contra de un grupo de trabajadores que a su juicio irracional están preparando una coartada en contra de su autoridad.
A como dije al inicio de este escrito, este tipo de conductas son penalizadas en muchos países, ejemplo de ello tenemos España, en donde si nos acercamos a la jurisprudencia nos encontramos con muchas sentencias de los tribunales a todos los niveles, donde se han emitido sentencias en contra de empleadores que han acosado laboralmente a sus trabajadores. Insisto que en Nicaragua debe tipificarse este tipo de actos que dañan directamente al trabajador.
El ambiente laboral es fundamental para lograr la eficiencia; a nadie le gusta pensar en un ring de boxeo en cuanto llegue a su trabajo. A excepción de los propios boxeadores los ambientes laborales no son para las peleas ni las intrigas, este tipo de situaciones causan depresiones y estrés. Muchas veces este tipo de acoso ocurre desde un jerárquico superior o de otro trabajador que tiene excelentes relaciones con el propio jefe y por ello sabe que puede causar daño a este trabajador que ya lo tiene en la mira.
Lo más impresionante es que es un tema que no lo ha abordado de manera seria ninguna organización sindical; siempre he dicho que defienden otro tipo de intereses y en muchas ocasiones son los propios dirigentes sindicales los que se convierten en acosadores de sus propios compañeros.
No podemos tampoco dejar de señalar que un grupo vulnerable es el de los profesionales jóvenes y brillantes. Desgraciadamente cuando uno llega de estudiar del extranjero y trae un título de una universidad de prestigio, esto se convierte en una maldición; los primeros que saltan son todos aquellos mediocres que no tuvieron ni el valor ni la inteligencia para salir fuera del país dejando todo atrás para prepararse. En muchos de los casos este tipo de personas son los llamados “jefes”, y por este tipo de envidias comienzan a hacerles la vida imposible a aquellos recién llegados, los aíslan y no les dan tareas. En las universidades por ejemplo no les asignan cargas académicas o docencias directas, les da terror dejar en evidencia que son ellos los peores profesores y se aprovechan de sus puestos para acosar a la nueva generación.
Finalmente, el mismo psicólogo alemán Leymann señala algunas situaciones claramente identificables para determinar el mobbing: Estas situaciones suelen intercalarse unas con otras durante un período de tiempo, algunas de ellas son:
a) Asignarle objetivos o proyectos con plazos que se saben inalcanzables o imposibles de conseguir, y tareas que son manifiestamente inacabables en ese tiempo.
b) Quitarle áreas de responsabilidad clave, ofreciéndole a cambio tareas rutinarias o sin ningún interés, e incluso no darle ninguna actividad.
c)Retener información crucial para su trabajo o manipularla para inducirle a error en su desempeño laboral, y acusarle después de negligencia o faltas profesionales.
d) Extender por la empresa rumores maliciosos o calumniosos que menoscaban su reputación, su imagen o su profesionalidad.
Al menos, la cuestión está planteada, queda ahora en manos de los funcionarios del Ministerio de Trabajo y las organizaciones gremiales tomar esta bandera y hacer algo bueno por los trabajadores que dicen defender, esperamos noticias suyas señores.

León, agosto de 2006