Opinión

Aborto: evitar guerra


El tema del aborto provocado desencadena pasiones encendidas. En otros países ha habido quienes, considerando criminales a las mujeres que abortan y a los médicos y enfermeras que se los practican, han procedido a matar a las mujeres y al personal de salud. Ahora que en nuestro país ha vuelto a surgir la discusión sobre lo que debe decir la ley al respecto, debemos evitar discursos y actuaciones frutos del apasionamiento.
Conviene que las posiciones encontradas sean planteadas en términos de una competencia por demostrar con datos e información objetiva de qué manera se salvan más vidas: con una ley que prohíbe el aborto, o con una ley que lo permite bajo determinadas circunstancias, principalmente cuando la vida de la mujer se pone en peligro si continúa con el embarazo. Cada quien debe hacer un esfuerzo por pensar que las personas que se nos oponen sobre este tema actúan de buena fe, aunque consideremos que están equivocadas. Así, si un médico acordó con su paciente o con sus familiares que era necesario interrumpir un embarazo, se debe de pensar, mientras no se demuestre lo contrario, que su intención primaria era salvar la vida de la mujer, y no la de causar la muerte del embrión o del feto, aunque como efecto secundario esto ocurra. Viceversa, hay que pensar que los que propugnan por prohibir de manera absoluta el aborto están interesados en preservar la vida de los “no nacidos”, en lugar de pensar que lo que quieren es que se mueran las mujeres de este país.
De acuerdo con lo anterior, con todo respeto sugiero a Monseñor Sándigo, Obispo de Chontales, que reflexione sobre el lenguaje que ha usado para referirse a este tema. En primer lugar, debe tomar en cuenta que, con muy pocas excepciones, los médicos nicaragüenses que estamos más relacionados con este problema, como somos los especialistas en salud pública y los ginecólogos, estamos a favor de que el aborto por motivos de salud siga siendo permitido por la ley. Hay pronunciamientos claros en este sentido por parte de la Sociedad Nicaragüense de Ginecología y Obstetricia, del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UNAN-Managua, y de los departamentos de Salud Pública y de Ginecología y Obstetricia de la UNAN-León. También debe tomar en cuenta que la mayoría de los médicos somos católicos, buena parte viviendo los sacramentos. De alguna manera, nosotros también salimos lastimados con sus palabras. Por otro lado, hay que recordar que estamos en un país donde la violencia se encuentra a flor de piel, y que palabras violentas pueden convertirse en preludio de actos de violencia. Creo que nuestros obispos y curas tienen que cultivar la paz. Al fin y al cabo, Jesús no agarró a pedradas a la mujer pecadora.
Por lo antes expuesto, me permito hacer un llamado a mantener la prudencia y el respeto mutuo en el lenguaje y en las acciones.
Por último, hago saber que me parece que falta comunicación entre representantes de las iglesias y de los médicos que enfrentamos el problema del aborto, a fin de entender mejor las posiciones contradictorias. Seguramente se encontrarían puntos de coincidencia. Yo dirigí al obispo de León una carta presentándole esta propuesta, pero no obtuve respuesta.

Departamento de Salud Pública, Facultad de Ciencias Médicas, UNAN-León.