Opinión

Algunas Reflexiones sobre el Banco de Fomento


Abordar el tema sobre el Banco de Fomento exige un máximo esfuerzo para que el mismo sea realizado con la seriedad y rigor técnico que requiere, además del enfoque político en la mejor tradición aristotélica, como el arte de servir a la nación. Por lo tanto, debe trascender el marco limitado de una campaña electoral.
En primer lugar, deseamos señalar que, más importante que su forma --Banco de Desarrollo, Instituto de Fomento, Banca de Inversión--, es fundamental su existencia real en términos de eficiencia y crecimiento, y su surgimiento obedece a la necesidad de apoyar programas nacionales orientados a mejorar la capitalización de sectores productivos mayoritarios y propiamente nacionales, tomando en cuenta que la sola estabilidad monetaria no ha traído el desarrollo económico social.
También es vital su participación en la movilización del ahorro, para que ayude a la formación del mercado financiero rural nicaragüense, e igualmente apoye el fortalecimiento del proceso de acumulación interna de capital, ya que Nicaragua requiere, urgentemente, incrementar de manera sustancial su tasa de inversión en el sector agropecuario, así como para la pequeña y mediana empresa urbana y rural.
Es conveniente aclarar que no se está planteando reproducir una hiperestructura, se trata de ordenar y racionalizar, aprovechar recursos ya existentes para la capitalización inicial sana y efectiva del Banco, capacidad e institucionalidad pública, interactuar con otras instituciones privadas, especialmente cooperativas de ahorro y crédito, microfinancieras (Caruna y FDL, por ejemplo), estableciendo alianzas, para lograr mayor y amplia cobertura hacia aquellos sectores y actividades rurales.
Para que el Banco cumpla con el objetivo de apoyar la economía campesina su política crediticia deberá adecuarse a las condiciones desventajosas de este importante sector, cuyas actividades son significativas, tanto para la seguridad alimentaria como para la exportación, el Banco debe contribuir a su inserción en la economía nacional con el carácter estratégico que representa, superando el marginamiento a que ha sido sometida. La apertura de este espacio no debe perder la perspectiva de que el gran reto sigue siendo articular la política de desarrollo rural con la política macroeconómica.
Se debe estar consciente, no obstante, de que el crédito es solamente un componente de la política de desarrollo, y a fin de que sea un verdadero instrumento para la modernización deberá estar acompañado de forma consustancial del necesario proceso de transformación tecnológica, elemento fundamental que permitirá al sector rural poder obtener mayor competitividad a través de incrementos en los rendimientos y disminución en los costos de producción.
No puede dejar de mencionar, si se pretende que el apoyo del Banco a los programas de desarrollo sea efectivo, la importancia de neutralizar el sistema clientelar o clientelismo político como elemento decisorio para la concesión del crédito. Por tanto, se deben manejar de forma transparente los recursos, y estos, tanto externos como internos, no son ilimitados, son de difícil obtención.
Como una posible forma de superar ese vicio planteamos la siguiente idea que debe ser discutida más ampliamente: incorporar a instituciones privadas que han estado comprometidas e interesadas con el desarrollo rural y de la pequeña empresa, así como las organizaciones gremiales en la Junta Directiva, con participación accionaria, lo que generaría otra fuente de capitalización, dando lugar a un banco mixto de fomento; esto significaría que los directores (estatales y privados) deberán ser responsables solidarios de la administración y manejo de los importantes fondos que serían puestos a la orden del Banco para el desarrollo económico y social de nuestro país.
Es necesario señalar con claridad para que no se entienda la creación del Banco como la panacea de todos nuestros problemas, que su mejor y mayor eficiencia hacia el desarrollo será posible en la medida que se vayan implementando por el Estado otras políticas de carácter nacional que signifiquen más y mejores carreteras, caminos de penetración permanentes para que los productores estén conectados al mercado, educación, servicios médicos y hospitalarios, impulsar inversiones para la generación alternativa de fuentes energética, etc.
Como conclusión podemos afirmar que siendo el desarrollo un proceso estratégico de interés nacional, al que debe incorporársele el criterio de sostenibilidad, no puede ser entregado a sectores que han estado condicionados por estímulos de poderes extranacionales, y en este sentido el surgimiento del Banco de Fomento será la mejor manifestación en nuestro país de una nueva conciencia pública y privada, alrededor de la imperiosa necesidad de superar el atraso secular y raíces del subdesarrollo en Nicaragua.
Economista