Opinión

Mimar la educación inicial es la mejor inversión para el futuro


IDEUCA
Uno de los puntos críticos de nuestra educación es la situación por la que atraviesa la educación preescolar y la ausencia de una auténtica política de educación infantil. Quizás las prisas y urgencias de otros nudos críticos nos han hecho perder la perspectiva de la importancia trascendental que tiene para el desarrollo humano del país la educación temprana. Pensar la educación infantil va más allá de la educación preescolar, así, mientras la primera atiende la niñez desde sus primeros brotes de vida hasta los primeros años, la segunda únicamente se refiere a uno a tres años previos a la educación primaria. Aquellos países que han pensado su desarrollo desde una perspectiva integral y sostenible han mimado su educación inicial, en tanto en el desarrollo básico que alcanzan niños y niñas en sus primeros años descansa la clave del éxito educativo y de la construcción de los cimientos de su fisiología y contextura psicosocial y afectiva. En este primer artículo presentamos algunas regularidades investigativas que han demostrado la importancia de esta educación, mientras que en el siguiente artículo comentaremos algunas razones explicativas y los beneficios sociales, económicos y políticos que presenta. En los últimos 25 años ha variado mucho la visión de la educación preescolar, al considerarla como el proceso de aprendizaje que va desde el nacimiento hasta el ingreso a la escuela, pudiendo darse en ambientes formales o no formales. Así encontramos en América Latina una variedad de formatos: programas preescolares convencionales formales públicos, programas no formales públicos o privados, programas de atención infantil y desarrollo integral que incorpora varios componentes adicionales, y programas de capacitación de padres o adultos para mejorar sus habilidades como “primeros maestros” de sus hijos.
Investigaciones realizadas en los últimos años han demostrado que los programas educativos para este nivel acarrean múltiples beneficios individuales, sociales y económicos a lo largo de su vida. La fisiología, la nutrición, la salud, la sociología, la psicología y la educación indican que los primeros años son esenciales para la formación de la inteligencia, la personalidad y el comportamiento social. Durante los primeros años de la vida se da el mayor desarrollo de las células cerebrales, lo que es afectado por el estado de salud y nutrición y el tipo de interacción que tengan el niño y la niña con sus padres y el entorno. Si el cerebro se desarrolla bien, aumenta el potencial de aprendizaje y disminuye la posibilidad de fracaso en la escuela y la vida. Estos descubrimientos también demuestran que los niños que reciben atención de cariño constante y tienen buena nutrición contraen menos enfermedades y aprenden mejor que los que no tienen esta atención. El estrés de los niños y niñas, ocasionado por el abandono psicológico y social, afecta su sistema inmunológico y la falta de interacción física en los primeros meses de vida, tiene un efecto negativo sobre la hormona del crecimiento. Otras investigaciones realizadas permiten extraer algunas regularidades que pueden dar luces para enriquecer los planes de gobierno de los partidos políticos relativos a la educación. Una parte de estas investigaciones se ha preocupado de evaluar el impacto de la asistencia de niños y niñas al preescolar. Las investigaciones de Clark incluyen estudios sobre varios aspectos de la educación infantil y sobre sus diversas modalidades, cubriendo el grupo de 2 a 5 años, cuando se inicia la escolaridad obligatoria en Gran Bretaña. En 1974, en los Estados Unidos, Bronfenbrenner realizó un conjunto de investigaciones sobre niños atendidos en grupo e intervenciones en el ambiente doméstico. Sus conclusiones enfatizaban la importancia del compromiso familiar en los programas de intervención para garantizar la permanencia de los efectos positivos constatados. A comienzos de la década del 80, el Consortium of Longitudinal Studies publicó un volumen con 14 estudios de seguimiento de la trayectoria escolar de niños egresados de programas preescolares en la década del 60. Esos niños, mayoritariamente negros y pobres, tenían en el momento del estudio entre 8 y 16 años de edad y habían participado de diferentes tipos de programas compensatorios. Vale la pena citar el resumen de sus conclusiones transcrito por Clark: “Los niños de bajo nivel socioeconómico, en su mayoría negros, que participaron de ese abanico de programas y currículos diversos, contaban con mayor probabilidad de obtener éxito en la escuela que sus pares de características similares que no vivieron esas experiencias. Ellos también presentaban un autoconcepto más positivo, expectativas más realistas sobre sus posibilidades profesionales y se manifestaban más orgullosos sobre sus éxitos que los demás”.
La investigación más completa comentada por Clark es el estudio nacional realizado en Gran Bretaña, acompañando a 13 mil niños nacidos en el país en una semana dada de abril de 1970, evaluándolos a los 5 y 10 años de edad. A los 5 años de edad, los niños que habían asistido a escuelas maternales presentaban mejor desempeño en lenguaje que los demás; a los 10 años, sus resultados en comunicación eran mejores y los niños que habían asistido a otro tipo de preescolar obtenían mejores resultados en matemáticas. Un importante resultado encontrado por Osborn y Milbank se refiere a los mayores logros obtenidos por el 30% de los niños más pobres, en comparación con el 30% de nivel socioeconómico más alto. Todos los niños se beneficiaron con la experiencia preescolar, pero los más pobres se beneficiaron proporcionalmente más. Otros autores encontraron una fuerte asociación entre los resultados presentados por los niños en el último año considerado y su desempeño a los cuatro años de edad. Los resultados de los niños en la escuela primaria fueron más influenciados por factores intraescolares que por factores ligados a su ambiente familiar. Investigaciones realizadas en Argentina y Chile enfatizan que las mayores diferencias se encontraron entre los niños de bajo nivel socioeconómico de la zona urbana, para quienes la asistencia al preescolar parece tener mayor diferencia. Según sus autores, “la calidad de la escuela primaria no permite mantener los beneficios de la educación preescolar”.
Sobre la base de estas comprobaciones de la investigación, muchos autores recomiendan un mayor énfasis cognitivo en la programación del preescolar y de las escuelas primarias, una comunicación más intensa y franca con las familias y mayor atención a los problemas de sociabilidad de los niños en la escuela. Muchos autores resaltan la necesidad de una mayor integración entre los objetivos y métodos del preescolar y los primeros grados de la educación básica. El papel que puede desempeñar una buena comunicación con los padres de los niños resalta en todos los estudios conocidos. Los primeros años de la vida del niño ponen los cimientos para un crecimiento saludable y armonioso del niño y la niña. Las investigaciones demuestran que los déficit intelectuales o físicos se convierten en acumulativos. El niño con déficit, en los que se haya incurrido debido a las privaciones pasadas, tendrá menos posibilidades de evolucionar hasta alcanzar niveles adecuados, aún en el caso de proporcionarle dichos estímulos. ¿No será que gran parte del problema que padece nuestra educación primaria tendríamos que encontrarlo en la carencia de educación preescolar o en su mala calidad?