Opinión

Letreros típicos, rótulos y textos incoherentes de leyes


Son tan típicos como el gallopinto, el nacatamal o el vigorón. Me refiero a esos letreros reflejo de los pequeños movimientos comerciales de barrios y cuarterías. Este peculiar fenómeno lleva intrínseco el deseo del nicaragüense humilde de luchar desde cualquier flanco de la vida en procura de una mejor subsistencia, con todo y sus tradicionales faltas de ortografías. Eso es lo de menos.
Los letreros, lejos de diluirse en esta época de la informática y explosión tecnológica de las comunicaciones, se mantienen firmes. La bonanza no llega todavía a este sector, aunque suden trabajando con la camisa arremangada. Entre estos letreros son muy comunes los siguientes: “Se bende yelo” (Se vende hielo); “Se foran botones” (Se forran botones); “ai tortilla” (Hay tortilla); “Se vende frijoles cosidos” (Se vende frijoles cocidos), o “Se coce” (Se cose). También me gusta uno que se repite en algunas pequeñas tiendas: “Vikinis a 30” (Bikinis a 30). En este caso, es mejor utilizar la palabra braga por bikini.
Pero vamos a los rótulos. Ésos que son elaborados por supuestos especialistas en la materia, aunque muchos de esos trabajos nos resulten vergonzosos. De éstos tenemos uno de vieja data en donde se comprueba la terquedad de estos “especialistas” por no rectificar su redacción: “Repuestos Automotrices”. No hay concordancia entre las dos palabras, porque la primera es masculina y la segunda es femenina. Esto se corrige usando la palabra refacciones en sustitución de repuestos. ¡Pero hay un rótulo peor! Me refiero al de un negocio ubicado de la entrada de Jardines de Veracruz hacia el este. En ese rótulo no pegaron ni una; veamos: “Repuestos Automotriz”. ¡Doble error! La primera palabra está en plural y en masculino, la segunda es singular y femenina. ¿Qué tal si anunciamos esos productos como repuestos para automóviles o para carros?
En ocasiones estos errores trascienden el terruño para convertirse en vergüenza regional. Nos referimos al rótulo que anuncia una Feria Agropecuaria del “Itsmo” Centroamericano, ubicado a la entrada del antiguo matadero Ifagan. En este caso la palabra correcta es istmo, que se refiere a una franja de tierra flanqueada por masas de agua.
De estos rótulos me falta uno, quizás el más desastroso por estar impregnado de cierta dosis de humor negro. Se trata de una manta publicitaria colocada hace tiempo sobre la carretera hacia Masaya, a la altura del edifico de los Pellas. Esta prenda anunciaba una fiesta cuya atracción principal era un concurso de “ballenato”. Como el ballenato es la cría de una ballena, mamífero marino de gran longitud y gordura, por un momento pensé que se refería a una competencia de baile entre gordinflones. Claro, el rótulo se refería a la música vallenata (música del valle), oriunda de Colombia.
Por último ¡la vergüenza legislativa! Me refiero particularmente a dos leyes en cuyos textos encontramos tremendas incoherencias. La primera se refiere a la Ley de Autonomía la Costa Atlántica, en la cual se divide a esa zona en dos regiones autónomas: Norte y Sur. En la época en que se aprobó dicha ley no hubo diputado ni miembro de la comisión de estilo capaz de reparar que Nicaragua limita en el este con el ¡Mar Caribe!, no con el Océano Atlántico. Eso está después de las islas mayores.
La segunda es la ley 40 o Ley de Municipios, específicamente en donde se hace referencia a los gobiernos locales. En el texto de la ley se les designa como “concejos municipales”. En este punto se pasó por alto que la palabra concejo (con “c” en medio) lleva intrínseco el concepto municipal. Esto significa que a la palabra concejo debemos agregarle únicamente el nombre del municipio. Por ejemplo: Concejo de Ciudad Sandino, Concejo de Managua, etc. Sobre este asunto los académicos consideran correcto usar la palabra municipal si consejo se escribe con “s” en medio, es decir, referirse a cualquier gobierno local como consejo municipal.
Propuestas. Uno: las alcaldías deben normar la redacción de los rótulos comerciales, no sólo su ubicación. Dos: los diputados deben corregir los errores inflingidos y, de paso, pedir apoyo a nuestra Academia de la Lengua para no caer de nuevo en las mismas incoherencias. Tres: sobre los letreros... ¡olvídense de ellos! Se volverán impecables cuando al pueblo nicaragüense se le brinde una educación de calidad, ¡como merece!, y no el remedo de obra de caridad de estos últimos años.
* El autor es periodista y comentarista radial
e-mail: pulsoinformaya@yahoo.es
Ciudad Sandino, 17 de agosto de 2006.