Opinión

Quememos Managua para saciar la sed


Una impactante foto del maestro Miguel Álvarez en la primera plana de la edición de El Nuevo Diario del miércoles 16 de agosto bajo el antetítulo Apagando fuegos ...y calmando la sed muestra a una mujer del barrio Campo Bruce intentando meter un balde naranja con el fin de recoger agua para paliar su sed histórica y familiar. Acicateada por la desesperante sed ésta decide aprovechar el potente chorro que mana de la manguera de un bombero llamado para apagar una llanta ardiendo en la calle. En el rostro de esa mujer hay cansancio, sed, desesperación. Una niña con uniforme escolar mira el fuego y el agua. Los policías contemplan serios la escena, incapaces de reprimir esa suprema necesidad humana de calmar la sed, y en otros planos niños sedientos protestando con sus uniformes escolares reciben lecciones de la escuela de la calle sobre cómo luchar para defender la vida y sus derechos.
Las protestas callejeras escenificadas por pobladores esta semana e iniciadas el martes 15 de agosto en Nicaragua están indicando no el fin de una cultura de la resignación que nunca ha existido en nuestro país, sino la llegada al límite de la tolerancia física del cuerpo humano sometido a la sed, al hambre y a la oscuridad. Digo que no existe en nuestro país cultura de la resignación, ni el tan cacareado providencialismo de San Andrés P.B., por los menos para los subalternos (pobres y clase media pauperizada), porque a éstos el capitalismo salvaje los ha mantenido como el cerdo, viendo hacia el suelo, buscando en la tierra la sobra, el desperdicio, el mendrugo, la sobrevivencia. La gente, al igual que con Somoza, acumuló fuerzas para rebelarse, pero ahora las están llevando al límite, a un peligroso límite.
El hambre es mala consejera y la sed es aún peor. Y en la oscuridad los sonidos del estómago vacío aumentan y la sed te hace alucinar. Se requiere de mucha práctica, algunas veces llamadas desnutrición y muerte, para poder dormir con el estómago vacío por mucha oscuridad que haya recetada por este gobierno. Porque es responsabilidad absoluta del gobierno. Todo lo que ocurre en nuestro país, constitucionalmente es responsabilidad absoluta del gobierno y de los poderes del Estado. Con Unión Fenosa no ha hecho contrato el pueblo de Nicaragua, sino el gobierno. Nosotros hemos contratado un gobierno mediante el ejercicio democrático del voto. Luego el gobierno debe responder ante nosotros. Enacal aún es del Estado y la maneja el gobierno. Basta ya. ¿O éste es un gobierno de los dueños de Unión Fenosa y de los que quieren comprar Enacal? ¿No valió para nada nuestro voto? ¿Valdrá la pena votar en noviembre si sobrevivimos a la sed y la oscurana?
No hay que permitir que nadie se escude en el cuentecito neoliberal de crear un Estado facilitador, un Estado servidor de los intereses foráneos y del gran capital financiero criollo. El ingeniero Enrique Bolaños Gayer no percibe el pequeño salario de un pequeño gerente de una pequeña empresa facilitadora. Él ha pasado diez años devengando un MEGASALARIO que únicamente se les paga a los presidentes de algunas potencias económicas en el mundo. Bueno, que este señor responda y tome decisiones, para eso le MEGA-pagamos mejor que nadie le pagaría. ¿O este señor cree que lo contratarían con un salario igual o mayor para presidente de Timbuctú, después de haberse coronado como el peor presidente de Nicaragua?
Nuestra débil sociedad nicaragüense ha llegado al límite. La Red Nacional de Defensa del Consumidor, como genuina expresión de la sociedad civil organizada, va a tener graves problemas para encauzar cívicamente las protestas. Con toda seguridad va a ser desbordada, si no organiza rápida y efectivamente las brigadas de reconexión. En Nicaragua empezamos a vivir un virtual estado de desobediencia civil legítimo. Los abusos de los poderosos han tocado el cuerpo físico de los y las nicaragüenses con redobles funerarios. Frente a esta cultura de la muerte hija del capitalismo salvaje solamente cabe la defensa de la vida con la vida.
El poder político en el gobierno y en la oposición van a tener graves problemas para controlar y manipular el estallido social que está empezando. El frentismo no va a poder seguir blofeando con su supuesto control del movimiento social. Los jugos gástricos, los gases y fuegos quemando las entrañas son incontrolables. No hay tiempo para parlamentarismo, negociaciones, repactos, debates bizantinos ni coloquios medievales. Es la hora cero de la toma de decisiones. Hoy más que nunca es la hora de pensar en los y las nicaragüenses y no en ganancias monetarias o réditos políticos.
Los pobladores ya empezaron a purificarse a fuego y agua. El gran buitre de la violencia sobrevuela nuestras cabezas. ¿Será que la lección aprendida por ellos sea: quememos la ciudad para iluminarnos, y ebrios de luz saciar la sed?