Opinión

El ALBA y la cooperación Norte-Sur


En el Sur tenemos la obligación de devolverle su verdadero sentido a los significantes elaborados por los ideólogos del Norte. Por esta razón, cabe aclarar que lo que en el Norte se bautizó como cooperación para el desarrollo del Sur no es otra cosa que una mínima compensación por los procesos de desacumulación del Sur, impuestos por el vigente orden económico, en beneficio del Norte.
Estos procesos permiten un traslado masivo de riquezas del Sur hacia el Norte, a través de diferentes vías: los pagos de intereses de la que se ha convertido en impagable deuda del Sur con el Norte, que nunca deja de crecer (2,530 billones de dólares, en 2003). El traslado de ganancias y regalías producidas por las inversiones directas del Norte en el Sur. Las transferencias netas de capitales acumulados en el Sur, en gran parte ilegalmente y que se blanquean en el Norte (narcotráfico o robo de bienes públicos por bandas de políticos – gánsters, como Alemán en Nicaragua, Salinas de Gortari en México o Menem en Argentina). La oligopolización, acceso desigual y restringido del mercado mundial que se profundiza con los TLC Norte-Sur, que en América Latina adquiere su máxima expresión con los TLC que impulsa USA. Y el costo de las inversiones en recursos humanos altamente calificados que se forman en el Sur y se trasladan al Norte.
Centenares de miles de millones de dólares fluyen anualmente del Sur para enriquecer al Norte. Como una mínima compensación a esta sangría fabulosa, los países del capitalismo desarrollado han institucionalizado lo que sus ideólogos han denominado “cooperación para el desarrollo”. Los montos destinados a esta eufemística “cooperación” no superan un promedio del 0.4 % de sus Productos Internos Brutos (PIB), a pesar de que desde 1970 la ONU viene recomendando que asignen el 0.7 % de sus PIB. En 2003, sólo cinco de los 22 principales países “donantes” había alcanzado la meta del 0.7 % de sus PIB, y ninguno de estos cinco forma parte del G7 que conforma el club de los más ricos.
Muchos, no sólo aquellos que confunden la realidad con el orden que beneficia a los dominadores, dirán: en las condiciones que viven los países del tercero y cuarto mundo no se puede subestimar la importancia de las limosnas para mitigar las carencias de los necesitados de la tierra. Y esta visión tiene una cuota de lucidez. El gran problema está en que cada vez más estas limosnas se otorgan condicionadas al mantenimiento y reproducción del orden económico que incrementa la desacumulación del Sur en beneficio del Norte.
Tomemos un ejemplo
En los 90, los millones de dólares que recibió de la AID la Alcaldía de Managua, durante la gestión de Arnoldo Alemán. Esta ayuda tenía como premisa, y era un componente de ella, la estrategia de implantación neoliberal que promovió Estados Unidos, con nefastas consecuencias para el desarrollo nacional. Dicha estrategia cubría un espectro de objetivos entre los cuales estaban la privatización del sector productivo y de los servicios estratégicos del Estado; el desmantelamiento de la capacidad endógena para orientar el desarrollo; la apertura indiscriminada y la desarticulación del mercado interior; la contrarreforma agraria y la hegemonía del capital financiero, un capital parasitario que paraliza el desarrollo; la depredación de nuestros recursos naturales y nuestra fuerza de trabajo. (Un buen análisis del diseño de la AID para el logro de la implantación neoliberal se puede encontrar en el libro de Ángel Sandomando, El Retorno de la AID, Críes, 1992). Además de pieza en el diseño de la implantación neoliberal, estos millones sirvieron para que Alemán comenzara a robar en grande y propulsara su carrera política. Mientras Alemán robaba a manos llenas la AID cerraba los ojos.
Hasta comienzos de los 90, la cooperación europea y canadiense guardó una relativa distancia con respecto al patrón de política económica que impulsan el FMI y el Banco Mundial. Sin embargo, hoy cada vez más, especialmente después de la derechización de los gobiernos nórdicos, establece como premisa condicionante para la aprobación de sus proyectos y programas la aceptación de las políticas que promueven dichos organismos. En este contexto de condicionamiento a la aceptación del modelo neoliberal, que de manera generalizada hoy impone la cooperación del Norte, cabe deslindar y relevar la lucha de una cantidad de ONG de los países desarrollados. Recogiendo recursos de las sociedades civiles o pellizcando de los recursos que asignan los Estados, estas ONG logran impulsar proyectos alternativos al modelo y levantar banderas de resistencia.
El ALBA
El calumniado acuerdo Venezuela – Amunic se enmarca en la dinámica de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), una propuesta lúcida de resistencia y construcción de alternativas frente a la dominación Norte – Sur en América Latina y, sobre todo, frente a su instrumento más avanzado que son los TLC bilaterales que impulsa USA, después del fracaso del ALCA. Busca la integración regional latinoamericana a partir de unos intereses, unos principios, una ética y unas reglas del juego radicalmente opuestos. La integración concebida para desarrollar y no para destruir nuestros mercados internos; para potenciar y desplegar complementariedades y no competir entre sí con los mismos productos; para considerar los distintos niveles de desarrollo de nuestros países y regiones; para garantizar nuestra seguridad alimentaria; para proteger nuestro medio ambiente e impedir el saqueo de nuestros recursos naturales; para impulsar una inserción protegida y selectiva con el mercado global, relevando las relaciones de comercio Sur – Sur y Sur – comunidades del Norte.
El ALBA es algo más que una idea – proyecto; es un proyecto que avanza exitosamente. Algunos ejemplos de su marcha adelante son el intercambio entre Venezuela y Cuba, al que se ha añadido Bolivia y que incluye petróleo, derivados de petróleo, bienes agrícolas, servicios médicos, educativos y deportivos. El intercambio entre Venezuela, Brasil, Argentina y Uruguay abarca petróleo y derivados, bienes industriales, bienes agrícolas y recursos humanos altamente calificados. La construcción de una refinería y el abastecimiento de petróleo para los países del Caribe. El proyecto de oleoducto del Sur en el que participan Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay y Bolivia. El funcionamiento de Telesur, con la participación de Venezuela, Brasil y Argentina. El proyecto “Operación Milagro” (Venezuela, Cuba y diversos países latinoamericanos). El proyecto “Yo sí puedo” (Venezuela, Cuba y diversos países latinoamericanos). El acuerdo Venezuela – Amunic. El Tratado de Comercio entre los Pueblos, firmado por Bolivia, Venezuela y Cuba. El suministro de parte de Pdvsa de gas doméstico a precio reducido a comunidades locales de Estados Unidos.
Precisamente, porque el ALBA es un proyecto que camina es que ha desatado la ira de los dominadores (principalmente de Washington y Bruselas), que han puesto en marcha todos sus dispositivos para desacreditar y satanizar a su principal impulsor, que es el presidente venezolano Hugo Chávez. De la adopción de estos dispositivos emana el coro estridente en contra de un supuesto intervencionismo venezolano en Nicaragua. Es un coro de ángeles del imperio gritando intervencionismo para ocultar el verdadero intervencionismo.