Opinión

Recuperemos la esperanza


El descrédito de la clase política tradicional es de tal magnitud que cualquier ciudadano o ciudadana, organización política o social y partido político de nuevo tipo que incursione en el quehacer político electoral debe cargar, de entrada, con el perjuicio de la duda de los electores. Aquel descrédito se convierte, al paso de los años y de las frustraciones acumuladas, en reflejo condicionado que hace ver a los nuevos políticos y organizaciones con escepticismo y hasta desconfianza.
Como la demagogia electorera de estos políticos tradicionales, con tal de ganarse el favor de los votantes, es prolija en promesas de toda índole, que luego son transformadas en una constante frustración, por causa de la falta de voluntad e interés y la imposibilidad objetiva de poder cumplirlas, los electores tienden a ver en los nuevos candidatos y partidos más de lo mismo.
Los partidos tradicionales y sus candidatos, como no pueden negar la realidad de atraso y de-samparo que ellos mismos contribuyeron a crear, y sabiendo que la mayoría de la población está urgida de respuestas que la alivien poco a poco de esa onerosa carga, ofrecen a los votantes el cielo y la tierra, conscientes de que no podrán alcanzar ni lo uno ni lo otro.
Una vez escuché a uno de estos políticos de viejo cuño decir que si sólo se ofreciera lo que estarían en posibilidad de cumplir, sabiendo que son innumerables los problemas que aquejan a la población, la gente no votaría por ellos, porque a la gente le gusta soñar, le gusta pensar en grande; a la gente, amigo, me dijo, le gusta que la engañen. ¿Qué tal?
Tal vez por eso, cuando aparecen nuevos partidos o movimientos, con candidatos frescos, atípicos, no quemados en las brasas de la política tradicional criolla y con discursos y programas que reflejan la verdadera problemática nacional, y las propuestas para comenzar a cambiarla para bien de la población, los viejos políticos, acostumbrados a ser ellos los únicos protagonistas de sus sainetes demagógicos electoreros, se irritan y asustan ante este atrevimiento de los que consideran imberbes politiquitos que osan desafiar sus liderazgos y designios casi celestiales (¿cómo que casi? estará diciendo alguno de ellos).
La primera reacción ante tal aparición, por lo general, es de muy baja calidad, sobre todo si los nuevos candidatos representan un real peligro para sus intereses continuistas. El esfuerzo por descalificar y desacreditar a los nuevos candidatos, por el solo hecho de no ser de su ralea, y por ser firmes opositores a sus corruptelas, trata de hacer creer a los electores que aquellos no llenan los requisitos necesarios para aspirar a dirigir los destinos de la nación; es decir, que no son políticos de fiar, porque no se acercan al estereotipo del líder o candidato que ellos se han empeñado en vender como el justo, correcto y apropiado para los intereses de la población y del país. ¡¡¡Válgame Dios, si precisamente es este tipo de políticos tradicionales el que ha venido espoleando las espaldas de las mayorías y del cual la población está cansada!!!
Por suerte para los y las nicaragüenses, apareció, con claras credenciales de honestidad, honradez, transparencia en el manejo de los recursos del pueblo y con una firme determinación de acabar con la corrupción propiciada por un sistema económico, político y social injusto, y por las políticas clientelistas y prebendarias de la clase política tradicional, un hombre llamado Herty Lewites.
Herty fue el fenómeno alrededor del cual se comenzó a nuclear un sinnúmero de partículas del espectro político, gremial y social nacional, que estaban en la búsqueda de un catalizador de esta naturaleza para poder desarrollar una nueva expresión política organizada, en su forma y en su fondo, capaz de recuperar la esperanza en la libertad, en la verdadera independencia y en la posibilidad de construcción de un verdadero régimen democrático, como nunca antes lo haya tenido Nicaragua.
Por esa determinación y su innegable poder de seducción política es que Herty, al frente del Movimiento de Renovación Sandinista --organización que aglutina a un buen número de organizaciones partidarias, gremiales y sociales, lo mismo que a personalidades del mundo intelectual, empresarial, sindical y gentes sin partido-- logró crecer tan aceleradamente en la aceptación de sus planteamientos por parte de cientos de miles de mujeres y hombres de todas las edades y condición social, de esta nuestra querida patria.
Pero Herty sabía, consciente de la debilidad física de su corazón, que se estaba jugando la vida en esta noble empresa; el fatal desenlace lo hizo más grande en términos éticos y morales ante sus compañeros y compañeras de lucha, y ante las y los nicaragüenses que están convencidos de que su legado ha quedado en buenas manos; es decir, en buenas conciencias.
Edmundo “Mundo” Jarquín y Carlos Mejía Godoy son los leales depositarios de ese legado y de la confianza de todos los que estamos en este empeño por ponerle un freno a la corrupción, como primer y necesario paso para comenzar a recuperar la esperanza para Nicaragua; junto a ellos están los candidatos a diputados, comprometidos todos públicamente, cuando Herty estaba aún con vida, a reducir a la mitad el salario del Presidente y Vicepresidente de la República, de los ministros y altos funcionarios del gobierno y de los diputados del MRS. Pero eso sólo es el comienzo de una cantidad de medidas, a ser transformadas en proyectos de ley una vez alcanzado el gobierno, que la bancada de la Alianza MRS impulsará en la búsqueda de sentar las bases del saneamiento de la administración pública y del ejercicio institucional de la vida de la nación.
A la anterior medida habrá que sumar otras, tales como la de impulsar la aprobación de la no reelección presidencial de manera absoluta, dada la experiencia histórica, que nos dice que aquella sólo ha servido para alimentar apetitos dictatoriales. Proyectos de ley para reducir el número de diputados de la Asamblea Nacional, magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Consejo Supremo Electoral y Contraloría General de la República. Acabar con las mega pensiones del ex Presidente y ex Vicepresidente de la República y con las diputaciones ante la Asamblea Nacional y el Parlacen (regaladas al primero por el pacto caudillesco), por constituir ambas vergüenzas nacionales y un sangramiento permanente de las escasas finanzas del pueblo; reformar el reglamento interno de la Asamblea Nacional para que al diputado que no llegue a trabajar se le deduzca la parte correspondiente de su salario, como se hace en cualquier empresa; acabar con la entrega que se hace a cada diputado de cuatrocientos veinte mil córdobas anuales supuestamente para obras sociales y de los cuales casi ninguno rinde cuentas, reducir en forma significativa la cantidad de combustible asignado a cada uno de ellos etc, etc.
Todo lo anterior es apenas una pequeña muestra de cuál es la voluntad que nos anima en el MRS, con Herty, Mundo y Carlos a la cabeza, para convertir el trabajo creador del pueblo en verdadero desarrollo, con instituciones despartidizadas, sólido estado de derecho, justicia social, equidad en la distribución de la riqueza producida e igualdad de oportunidades para nacer y crecer sanos y con educación. De ustedes y nosotros depende. Recuerden que somos un país tropical en el cual la fruta preferida es la naranja; por su rico aroma y sabor, y porque ayuda a fortalecer el sistema inmunológico, ante los virus y bacterias que pululan en el medio ambiente.