Opinión

El civismo sigue convocando a la ciudadanía


Una vez más, miles de ciudadanas y ciudadanos conscientes se manifestaron atendiendo la convocatoria del Movimiento por Nicaragua. Esta vez, la marcha cívica tuvo lugar en la ciudad de Matagalpa y acudieron a ella, como un torrente humano enarbolando la bandera azul y blanco de la patria, miles de conciudadanos provenientes de municipios de toda la región norte del país, más centenares que llegaron de Managua, Granada, Masaya, León y Chinandega.
Esta hermosa expresión cívica de la sociedad civil, que por quinta vez sale sin temor alguno a las calles, en un formidable acto de afirmación ciudadana, tenía como lema “Por la dignidad nacional, contra el pacto, la corrupción y la pobreza”.
¿Por qué una marcha contra el pacto despierta el espíritu cívico y moviliza a tantos sectores de la sociedad, sin que ninguna bandera partidaria los convoque? Es evidente que el acuerdo FSLN-PLC, sus dañinas consecuencias para nuestra institucionalidad democrática y su apañamiento a la corrupción, mantiene un fuerte impacto en la conciencia ciudadana, que repudia todo lo que se asocia a ese engendro político. De ahí que el rechazo de todo lo que el pacto Ortega-Alemán significa, sea un factor capaz de aglutinar y movilizar a grandes sectores de la ciudadanía, que frente al pacto ha decidido enarbolar la bandera nacional, en señal de compromiso únicamente con lo que sea en beneficio del país y del pueblo nicaragüense.
Oponerse al pacto Alemán-Ortega no es oponerse al diálogo como instrumento civilizado de negociación política. Oponerse al pacto libero-sandinista no es, tampoco, rechazar los convenios o acuerdos políticos como medios privilegiados para fortalecer la gobernabilidad democrática. La oposición al contubernio Alemán-Ortega se debe a que, de manera alguna, éste se inspiró en el propósito de fortalecer una auténtica gobernabilidad democrática en Nicaragua, sino que, por el contrario, propició una gobernabilidad “controlada” por dos partidos políticos que se autoproclaman representantes de la voluntad de todos los nicaragüenses. Los caudillos de los partidos pactistas, mediante el pacto, instalaron en Nicaragua un “bipartidismo prebendario, que reserva todas las ventajas del poder a los pactantes. Abundan, entonces, razones para que los ciudadanos y ciudadanas conscientes de este país, que no estamos dispuestos a dejarnos arrebatar las conquistas democráticas de la reforma constitucional de 1995, nos opongamos con todas las energías cívicas posibles al pacto Alemán-Ortega.
Las marchas convocadas y organizadas por el Movimiento por Nicaragua y otros organismos de la sociedad civil, que rechazan el pacto y sus consecuencias, representan una experiencia hasta cierto punto inédita en nuestra historia de las últimas décadas, donde los partidos políticos FSLN y PLC mantuvieron celosamente su protagonismo en las calles. Las marchas terminaron con ese monopolio y surgió la propia sociedad civil organizada disputándoles, con gran éxito, tal hegemonía.
Este fenómeno merecería un análisis más a fondo. Mientras tanto, cabe señalar que se está perfilando un nuevo concepto de ciudadanía, moderno y dinámico, indispensable para la existencia de una verdadera democracia participativa, dispuesta a tomarse las calles para expresar sus protestas y denuncias. Pero capaz también de hacer planteamientos alternativos que contribuyan a forjar un nuevo proyecto de nación.
Fue así significativo ver, en la exitosa marcha de Matagalpa, estandartes con propuestas concretas, tomadas de la Agenda Básica de Nación que propuso el Movimiento por Nicaragua y que suscribieron varios de los actuales candidatos presidenciales. Se podía así leer, en esos estandartes, entre otros planteamientos, los siguientes: “Cedulación ya y eficiente”; “Rechazo a las reformas constitucionales a través de un Referendo”; “Reducción del número de diputados y magistrados”; “Reducción de los megasalarios en el Estado”; “Despartidarización de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral”; “Ley de Elecciones Primarias en los Partidos”; “Voto a los nicaragüenses residentes en el exterior”; “No reelección presidencial absoluta”; “Mayor control al uso de los recursos del Estado”; “Cedulación a todos los ciudadanos nicaragüenses en el exterior”; “Generación de empleo y lucha contra la pobreza”.
La participación ciudadana organizada suele ser un indicador del nivel de consolidación y fortaleza democrática de una sociedad, a tal punto que en las naciones donde se dan altos índices de abstención en las elecciones y, en general, en la vida pública, puede afirmarse que en ellas la democracia es débil o anémica.
Managua, agosto de 2006.