Opinión

Entre el pasado, las mentiras y las esperanzas


El desencanto de miles de campesinos con los nuevos candidatos es un fenómeno creciente que puede expresarse a la hora de fijar las preferencias electorales.
Muchos de estos campesinos se han visto forzados a malvender sus tierras y retornar a su antiguo papel de peones de la nueva elite de hacendados y parte de los viejos que volvieron del transitorio exilio, con más ansias de explotación.
Muchos de estos antiguos explotadores han venido a “cobrarse” lo que la revolución les había hecho, entre otras cosas, confiscarles parte de sus tierras.
La historia indica que esos capitales crecieron al amparo del somocismo, asegurados por la Guardia Nacional, que cubría sus tropelías, y muchos magistrados que legalizaron la corrupción existente en aquellos dorados años.
Otros campesinos que fueron beneficiados por la reforma agraria tuvieron mejor suerte, y a pesar que fueron robados en miles de dólares, como fue el caso de Jiproccop en Jinotega, y el Interbank, los que corrieron mejor suerte fundaron la Sociedad de pequeños productores y exportadores de café (Soppexca), integrada, naturalmente, por ex miembros de la Resistencia y miembros de cooperativas sandinistas, y al frente de ellos una mujer experta en mercadeo y cooperativismo; ahora son unos de los más consolidados a nivel de Centroamérica. Los campesinos de esta suerte hoy tienen compromisos de venta de café con los mercados de Europa y Estados Unidos.
Candidatos y ofertas
Ésta es la realidad que hoy encuentran los aspirantes a la Presidencia. Se hallan con indios vivos. Hace cinco años escuchamos decir a José Rizo que la carretera entre El Guayacán y Jinotega iría a toda costa, y fue pura mentira.
Ofreció que por ser buen jinotegano iba a tener una oficina de la Vicepresidencia para atender a los campesinos, y que esta ciudad sería la segunda capital. Después la trasladó a Sébaco, y tampoco abrió, y al final se fue para Managua y no volvimos a saber de él.
Cada vez que hay campañas electoreras viene a su pueblo a ver quiénes son los nuevos incautos de la fiesta.
Un segundo candidato, Eduardo Montealegre, viene con un cortejo de hombres y mujeres bonitas, y en sus palabras siempre niega ser partícipe del gran negocio de los Cenis, a través de los cuales se robaron miles de pesos y de dólares por medio de compras fraudulentas al Estado y se devaluaron edificios para comprarlos a precio de guate mojado.
Mientras se favorecen entre gamonales, la pobretería siempre jodida y el que más se parecía a lo que estamos pensando y con quién podíamos salir adelante, se murió, Herty Lewites.
Daniel Ortega, aunque habla suave, se porta duro y vive en un solo pleito con los yanquis; pidió perdón, el problema es que de arrepentidos está lleno el reino de los cielos.
El “célebre” doctor Arnoldo solía decir: “Firmar me harás, pero cumplir jamás”, y así hemos visto tantos casos. El mismo doctor Alemán robó, este hecho se le comprobó y está libre; los de Agave Azul, uno preso nada más; los Centeno Roque, uno preso y dónde está esa plata.
Se hacen entierros, y si se logra descubrir, sobran los gatos que quieran tapar el mortuorio.
¿Qué nos queda?
Entonces, ¿en qué quedamos?, ¿qué somos? Sigo creyendo, entonces, sin ánimo de ser pesimista, que el único partido que nos queda es el machete; hay que votar por la mujer que es la presidenta y los chigüines, que son los diputados, que ayudan en el trabajo diario.
El panorama no es halagador. Quienes queremos votar por un cambio, tenemos que hilar fino, no podemos dar el voto a lo que represente más de lo mismo. Los liberales ya estuvieron casi 20 años y no hicieron nada.
Veremos si se hace algo con las otras opciones.
Los nicaragüenses queremos que las cosas barateen, que reparen las carreteras y los caminos troncales por los menos, que haya un banco que ayude a los pobres, y que baje el precio de la gasolina, porque habiendo gasolina barata hay movimiento, y si hay movimiento hay plata, y si hay plata y pegue, todos estamos bien.
No habrá razones para que haya ladrones; habiendo trabajo nadie debe robar. Esa es la única solución, fuentes de trabajo, asistencia técnica a los productores, salud y educación gratuitos.
(*) Artista jinotegano, goyomiel@yahoo.com