Opinión

6 años después...


Karla Castillo

Óscar Danilo Alonso Maradiaga, probablemente, permanecerá seis años en prisión y saldrá un mes antes de cumplir 24 años de edad. Para entonces, su hija casi habrá cumplido siete años, y su ex mujer, su víctima, tendrá seis años de sepultada y su tumba quizás sólo será recordada por sus padres.
Como editora de la sección Sucesos de este diario me tocó analizar la posibilidad de publicar el nombre y la fotografía de Óscar Danilo, un joven originario de una comarca de Chichigalpa, Chinandega, quien violó, mutiló parcialmente un pecho y asesinó atrozmente a la jovencita de 16 años, Teresa Anabel Calero Quezada, quien durante un tiempo fue su compañera de vida y era la madre de su hija, que actualmente tiene diez meses de nacida.
Esto porque el individuo, según el Código de la Niñez y la Adolescencia, puede ser objeto de noticia sólo hasta el próximo 18 de septiembre, cuando cumple los 18 años.
¿Estrategia?
Desconozco si haber cometido el crimen a pocos días de convertirse legalmente en “adulto” fue una estrategia de Alonso Maradiaga, para no enfrentar la justicia “de verdad”, a sabiendas que la ley que rige a los menores de edad lo beneficia con una pena máxima de seis años de prisión, sólo aplicable para casos atroces, como el que cometió, o por tráfico de drogas.
Si así fuera, Dios nos guarde a todos de este sujeto, a la salida de la cárcel, dentro de un breve sexenio.
El dilema no duró mucho en mí ni en la conversación con mis colegas, sobre la publicación de la identidad y la fotografía del asesino confeso.
En primer lugar, y sin querer ser jueces, llegamos a la conclusión de que Óscar Danilo no se igualó a una criatura inocente al momento de abusar y dar muerte a su ex mujer, una chavala que, siendo protegida por el Código de la Niñez y la Adolescencia, encontró la muerte de forma horrible y a manos de su ex “amado”.
Que si es un muchacho de poco nivel académico, quizás analfabeta, o que si tiene miles de problemas por haber crecido entre los cañaverales de Chichigalpa, donde trabajó como jornalero, eso debe ser analizado en su momento, pero el hecho es que sabía perfectamente qué hacía al momento de cometer el horrendo crimen, porque nadie ha mencionado que sufra de una perturbación mental, pues él mismo dijo que actuó premeditadamente y con ánimos de venganza, porque Teresa Anabel se negaba a regresar con él.
Y si fuera asunto de pobreza, pensamos mi equipo y yo, entonces el 80 por ciento de los nicas serían automáticamente asesinos, delincuentes y criminales.
De modo que no me tembló la mano para publicar el nombre, la fotografía y la historia de Óscar Danilo, tal cual es, un adulto un mes menor de la edad mínima, según la ley vigente en Nicaragua, que fue capaz de cometer semejante atrocidad y que no tuvo pesar alguno de dejar huérfana de madre a su hijita, ni en privar de la vida a la niña-mujer que le brindó su amor durante un tiempo.
Pero la triste verdad es que Alonso Maradiaga estará de nuevo entre las personas honestas de la sociedad, en breves seis años, con todos los bríos de la juventud y quizás hasta encuentre quien se case con él de nuevo y forme una familia, aún con el antecedente que arrastra.
Sólo elevo plegarias para que dentro de ese período tan corto este joven haya reflexionado y cambiado, ya que si hubiese actuado sólo un mes y unos días después, seguramente fuese merecedor de una pena de 30 años de presidio, la pena máxima en nuestro país.