Opinión

Comentando algunos aspectos relevantes


Ph.D. / IDEUCA

Es frecuente entre los analistas de la educación la tendencia a resaltar deficiencias y limitaciones guiadas muchas veces por el deseo de compartir una mejor educación en toda su dimensión. Este deseo nos lleva casi instintivamente a detener nuestra mirada en lo mucho que le falta a la educación sin tener el equilibrio para valorar pasos importantes que le acompañan en su recorrido hacia un cambio positivo y así entrar en el terreno de la calidad.
En este contexto me correspondió hace días analizar “la evaluación de impacto del programa de educación básica de jóvenes y adultos en Nicaragua”, del Ministerio de Educación, evaluación elaborada por expertos nacionales e internacionales.
Debo confesar que me fue grata la tarea encomendada, puesto que al seguir la trayectoria de la evaluación interna a través de su contenido me encontré con ciertas vetas sugeridas por el conjunto de elementos que conforman la denominada evaluación del impacto. No se trata de algo extraordinario, pero sí de algo significativo en pro de afirmar que en nuestra educación se están dando también cosas buenas y cambios que apuntan a mejorarla.
Durante bastante tiempo la educación en los extremos del sistema educativo, la infantil y la de adultos no han recibido una atención prioritaria. Actualmente se ha revertido este inveterado descuido en nuestro país.
En la educación de adultos hay señales que lo certifican, cuya pequeña muestra nos proporciona la evaluación en referencia.
* En ella se comprueba una adecuada ubicación del concepto de aprendizaje, el que superando el acostumbrado rendimiento académico se completa en el impacto que ejerce en la vida, familia y contexto de los educandos. Los niveles de satisfacción y expectativas de los educandos y sus familias, dato importantísimo para dar cuenta de la calidad de la educación para determinados grupos de población, no se han traducido debidamente hasta la fecha en un indicador de los sistemas educativos. Encuentro en la evaluación esta importante dimensión del aprendizaje. En ella se evidencian rendimientos importantes debidamente comprobados relacionados con las matemáticas, el español y lo socionatural, en los tres niveles del programa, pero confirma a la vez que no son posibles cambios substantivos en los aprendizajes que no conlleven cambios cualitativos en las personas y sus circunstancias personales y sociales.
* Lo anterior apunta hacia cambios en la organización y estructura de los procesos educativos. Reteniendo su carácter escolar, niveles, disciplinas, evaluaciones intermedias y finales, el rendimiento académico, etc., el EBA avanza de lo escolar a la educación, de ésta al aprendizaje, este a lo largo de toda la vida, del aprendizaje a la comunidad y de ésta a la comunidad del aprendizaje. Se hace difícil aceptar una educción de la persona adulta sin conexiones con la creación de una progresiva comunidad de aprendizaje en la que se comparten experiencias sociales e influencias en el contexto comunitario.
El EBA está conjugando la progresiva calidad pedagógica del rendimiento académico en razón de generar capacidades y oportunidades para grupos estratégicos de la población: jóvenes y adultos en el sector rural y urbano para su vida y desarrollo con la particularidad de convertirse en vasos comunicantes de relaciones sociales, organizaciones de producción y de convivencia ciudadana.
* Un aspecto interesante en la evaluación es la conexión entre procesos, resultados y sus respectivos factores asociados. La acción de estos últimos respecto al rendimiento escolar, afecta directamente al propio programa en forma de condiciones geográficas, físicas, organizativas, niveles, etc., a los círculos de estudio en forma de su composición en cuanto al número y características de los educandos, el clima humano y pedagógico, los materiales educativos, la didáctica, el horario, etc.; al facilitador(a), su preparación, experiencia, dedicación, su relación en número e interacción con los educandos. Este conjunto de factores se asocia al rendimiento del aprendizaje de los educandos.
La acción de los factores asociados al programa, a los círculos de estudio y a los facilitadores va más allá de su influencia, en los procesos y resultados del aprendizaje, puesto que aportan, además, información muy importante para la investigación social y para la investigación pedagógica, es decir, para la investigación socioeducativa.
A guisa de ejemplos, la evaluación constata “leve mejoría en el área rural respecto a la urbana”; “mejor rendimiento entre estudiantes de 16-24 años (nivel I); mejor rendimiento en el área rural, incluida la matemática (III nivel); mejor rendimiento en el quartil de estudiantes más pobres; mejor las mujeres en matemáticas y socionatural... etc.
Por otra parte, los resultados reflejan que “los facilitadores nuevos (menos de un año de experiencia) y con edades que oscilan entre los 20-24 años, son los mejores”; “los facilitadores con más de tres años de experiencia o que son normalistas no consiguen buenos resultados ni en matemática ni en español”; “los facilitadores (as) de 30-34 años que habitan en la comunidad y que trabajan menos horas en el mercado laboral tienen mejor rendimiento”; “los que son maestros normalistas tienen menor rendimiento en matemáticas (III nivel)”.
Estos pocos datos constituyen ya un pequeño tablero de señales y pistas que ameritan una investigación profunda para desentrañar desde la perspectiva del ámbito socioeducativo en la naturaleza y fuerza de los factores asociados que influyen en los procesos y resultados de educación de adultos.
* En este interesante entramado pedagógico resalta con claridad el facilitador(a) como el personaje clave del EBA en acción. La evaluación dice: “Las características del facilitador parecen ser los más importantes”.
* La lógica pedagógica se impone por la naturaleza y acción humano-pedagógica del facilitador al convertirse, además de maestro, en la traducción exacta de la mediación activa y estimulante de un proceso educativo con variables muy propias provenientes del contexto, programa del educando, del horizonte de su vida y por ende de su motivación. Esta experiencia nos confirma que en Nicaragua se está formando un nuevo tipo de educador en la dinámica de un concepto innovador de aprendizaje que apunta a la comunidad de aprendizaje. El hallazgo y confirmación de este nuevo personaje puede ser de impacto en las nuevas formas de pensar y hacer educación que estamos generando en Nicaragua. Es urgente aprovechar estos momentos claves de la innovación educativa en nuestro país a fin de ir borrando la ruta histórica de innovaciones e involuciones que ha caracterizado a nuestra educación.
En una próxima entrega me referiré a “los aprendizajes encarnados en personas y ciudadanos” según la evaluación de impacto del programa de educación básica de jóvenes y adultos en Nicaragua.