Opinión

Carta para un amorcito desde una tierra olvidada


Querido amorcito.

Te escribo de la frontera, no la frontera norte ni sur, sino de la frontera que bordea los límites finales de los principios, la dignidad y el orgullo mancillado. Me está flaqueando el amor al arte. Aún sigo enamorada de esta tierra que guarda celosa mi ombligo que talvez un día utilice la ciencia para estudiar mi origen y composición genética y saber de dónde viene tanto coraje.
Vieras qué dura esta crisis. No sabés cuánto quisiera esperar segura en una fila sabiendo que aunque llegue última siempre tendré provisión, en ves de la espera incierta de un salario de miseria que no alcanza para nada. Me aflige la angustia de llegar a fin de mes y que las cuentas en las facturas sean más altas que el neto de mi salario. Y esto que aquí somos dos aportando en nuestro hogar, ¿te imaginás la angustia de una madre soltera que trabaja en zonas francas? ¿Ya supiste que estamos a punto de cambiar gobierno? ¿Sabés qué? He decidido que esta vez votare con mucha rabia. Te juro por estos 16 años de angustia, de hambre, de corrupción, de necesidades insatisfechas, de promesas incumplidas, de cada vez más de lo mismo, que voy a marcar tan fuerte mi boleta que cuando llegue a la sala de cómputos se reproduzca en miles y que gane la ilusión y que brille la esperanza.
No sabés cuánto te extraño, mi amorcito hijo del mundo. Me duele mucho tu ausencia; sin embargo, celebro tu decisión de partir lejos de nosotros en busca de un mundo nuevo. Tengo la certeza absoluta que regresarás cargado de esperanza, con promesas hechas realidades. Vieras que duro este invierno florido sin tu calor a mi costado, aunque siga aquí tu olor que es el motor de mi lucha, que es lo que hace que cada victoria sea en nombre de los dos y de nuestros hijos que son nosotros mañana.
Ya estoy harta. Sabés amor, lo peor de todo ha sido verte partir a tierras lejanas en busca de la riqueza que sobra en nuestro país y está en manos de los mismos mentirosos de siempre, que nos ven cara de idiotas cuando andan vendiendo ilusiones.
Te escribo hoy, porque estás cumpliendo 16 años de estar lejos de nosotros y cada año que has pasado fuera me pesa en las entrañas, sabés, me revuelve la sangre y casi me pone a punto de vomitar de asco y de vergüenza, todavía me resuenan tus palabras de despedida: “nos vemos en cuatro años, tal vez nos cambia la cosa….” Ese día mi cuerpo se contagió para siempre de tus palabras y me prometí a mi misma trabajar sin parar, para hacer posible tu regreso. Y hoy estamos aquí a punto de hacer realidad. Te juro que pronto estaremos juntos.
Vos sabés muy bien que cumplo mis juramentos. Me cobijan tus banderas libertarias. Siguen vivas tus ideas, revoloteando en mi vientre, recordando tu rostro y tu energía en nuestros hijos, continuación perpetua de nuestras batallas, vencedores del futuro.
Mi querido amorcito, vieras qué poco cambia la cosa, vieras que lento avanza el proceso, vieras cómo se pierden los reales en manos de poca gente. ¿Sabés hasta dónde ha llegado la barbarie en estos 16 años de tu ausencia? Hasta de las desgracias han sacado provecho estos cabrones. Seguí allí amor, seguí juntando la fuerza, seguí guardando el orgullo. Seguí arrullando el amor.
Nuestros hijos han crecido, si vieras cuánto; este año les toca votar. Te lo dije y te lo sigo prometiendo; esta mano jamás tiembla. Estas manos son bien fuertes. Te juro que ahora sí cambia la cosa. Ya crecieron tus cachorros. Ya sembramos la semilla. Mi voto vale por miles y el de mis hijos millones.
Te amo para siempre.

Tu amorcito

liberta@ibw.com.ni