Opinión

Juglar, el corazón prendado


Siempre es buena la hora para hablar de nuestros insignes artistas, en este caso del cantautor Hernaldo (de la estirpe musical Zúniga). El día de hoy estoy realizando una tarea que tenía pendiente. Por largos años he querido entrevistar y sacarle un poco más a este eterno solitario, considerado ermitaño desde cuando iniciaba su carrera. Deseaba con ello desentrañar su misterio, confirmar o no mis conceptos sobre su extraña personalidad y extraordinarias canciones. Ya que aún no se ha presentado la ocasión, ahora leyendo una entrevista concedida por él a la revista Vea, cuatro años después de su debut, me complace coincidir con el periodista en varios conceptos sobre Hernaldo, y por tanto aprovecho para verter mis opiniones.
El mismo agradable impacto que causó en Chile durante su primera aparición en el Festival de Viña del Mar de la Quinta Vergara tuvo resonancias en mí. El excelente redactor de la revista Vea lo califica como un hippie, por la vestimenta que usó en esa ocasión -- “lleno de collares de mostacillas (cuentas o chaquiras) y sostenido por unas chalas (sandalias) de pescador”-- yo le agregaría que también por el estilo a lo Joe Cocker que dio a sus movimientos mientras interpretaba la canción con que concursaba: Ventanillas. Y porque también gustaba cantar canciones de Cat Stevens (Father and son) y American Pie ( Bye, Siglo XX te vas) en una forma admirable.
Era “un jovencito con apariencia desmayada, de rasgos finos y mirada ingenua.../...era ciertamente un personaje cautivante y misterioso”, agrega el redactor.
En la entrevista, al principio rehusó comentar sobre su apariencia hippie, “soy un hombre, no el adolescente de antes”, contestó, mientras calzaba similares sandalias a las que lo sostuvieron en Viña. A mi parecer, ésta es una de las constantes de nuestro máximo compositor contemporáneo: negar sus etapas pasadas, desear situarse en un constante y progresivo presente. Diciendo en uno de sus conciertos en Managua que considera prehistóricas canciones de primeras cosechas, negándose a interpretarlas aunque se lo soliciten, con excepción de las más populares y comerciales, que son criaturas del español Manuel Alejando: Procuro olvidarte e Insospechadamente bella.
Narra Hernaldo que sus inicios en la vida artística ocurrieron por las casualidades de la vida, un terremoto que lo obliga a buscar visa en Costa Rica, donde se presentaban Los Galos, de Chile; el productor de ellos le escuchó y le dijo: “¿Por qué no grabas un disco?”, y entonces grabó uno en inglés.
El entrevistador insiste en preguntarle que si era un hippie o simplemente era una pose. Hernaldo al fin contesta que en aquellos tiempos tenía una actitud de seudo hippie, actitud de rebeldía al modelo social, a los esquemas que se daban en la sociedad.
Luego, en su afán por darse a conocer continentalmente y comercializarse, pasó a ser pupilo del legendario Manuel Alejandro, con un disco exitoso que fue copiado en México por Emmanuel, a mi entender con el afán de desplazarlo del muy nacionalista mercado mexicano.
Era el ermitaño del cerro El Arrayán.
Al preguntarle si le gusta la soledad, se autocalifica de solitario, “la mejor forma de hacer mi trabajo, y que me encanta, es estar solo”, A pesar de esto afirma no gustarle la soledad. Esa soledad en la cual han salido a luz sus mejores canciones, sus poemas hechos melodías.
En su país natal, Hernaldo, con ligeras excepciones, sigue siendo el que popularizó a Procuro olvidarte, el que interpreta Mentira. Con mucha suerte es posible escucharlo en las radioemisoras cantando Creciendo, que sí es de su autoría y que ha sido versionada por otros cantautores nicaragüenses, hecho que puede considerarse en nuestro celoso medio artístico, indudablemente, como un homenaje. Ni siquiera acude a nuestros oídos su contundente respuesta--denuncia a los corruptos mandatarios.
Hernaldo tiene alma de poeta, es un trovador, hace poesía en el formato musical, la mejor manera para hacerla llegar a un mayor número de personas. En sus conciertos, poemas escogidos y leídos por él, preceden cada canción, delatando su pasión por el sagrado arte.
Es, junto a Luis Enrique, el Príncipe de la Salsa, y los hermanos Cardenal, Katia y Salvador, uno de los cantautores contemporáneos que más se ha destacado en la industria discográfica internacional. En el contexto centroamericano, comparable en cierta forma sólo a Álvaro Torres, de El Salvador, y a Ricardo Arjona, de Guatemala.
Casi 20 años después mantiene esa apariencia huraña, delicada, vulnerable, moviéndose como lo haría el duende que habla al revés, que aparece en una de sus canciones. En cambio su voz es poderosa y especial, al oírla siempre me recuerda una voz que suena en los radios de onda corta; que rasga el éter como si fuese a cambiar de frecuencia; que se acerca y se aleja imperceptiblemente. Esta cualidad, junto a otras, da un color y una profundidad especial a su voz.
Él se ha atrevido -- haciendo caso omiso al machismo -- a cantarle a muchas cosas que otros desdeñaron, a la menstruación, a la corrupción, a los balbuceos y tiernas caricias de un hijo bebé, a la muchacha llena de frescura de su país. Su cancionero es un cofre de delicias.
Y es que, detrás y no muy lejano de sus letras, en sus canciones encontramos a la Nicaragua de poetas, a toda América y su legión de bardos. Encontramos el soterrado idioma náhuatl, con sus yuxtaposiciones e imágenes literarias.
Podría transcribir aquí sus versos más tristes y más alegres, concebidos para el pentagrama en la tierra austral, en la Europa o en México. Son versos que al escucharlos me sirven para apaciguar mi ánimo y estar en contacto con su magia, deleite.
Sin embargo, voy adjuntar un poema que le dediqué hace mucho tiempo, en él rememoro aquella primera actuación del Festival de Viña del Mar. Va más o menos así:

“Se detuvo tu adolescencia
en el centro de la pantalla
y entonaste cual héroe tu canción.

Juglar,
el corazón prendado de cuentas y cintillos,
el cabello en bucles
rozando ventanillas.

A tan temprana edad,
¿qué ves?
En ventanas que sólo a ti se abren
¿qué ves?
Al destilar tu alma
a todos develaste
que hay brotes que se abren
con cantos y sonrisas,
con espasmo y con dolor”.

Periodista y mercadotecnista
hupaltam@yahoo.es