Opinión

Carta urgente al futuro ministro de salud


Sr/a. Minsitro/a.
Sus manos.

“Grandes sonrisas. Sólo grandes sonrisas. Nos apretó fuerte la mano mientras nos despedía. Váyanse tranquilos y eso es todo. Ya sabes todo política, todo mentira”- dice un amigo con Sida de la forma en que lo recibió uno de los candidatos a presidente.
Con el temor de que esta carta tal vez no llegue a tiempo, por demasiado temprano, le escribo con toda rapidez para un asunto de extrema urgencia que usted tendrá en sus manos al comenzar su gestión en el Ministerio de Salud. Mañana, al día siguiente de que esta carta fuese escrita y enviada comenzará la Conferencia Internacional de Sida en Toronto. En ella se expondrán estudios bastante contundentes sobre la eficacia comprobada del tratamiento antirretroviral cuando éste se toma de manera cumplida y apropiada, es decir, sin que interfieran en el cumplimiento del paciente dificultades de acceso porque no se puede pagar el precio, retrasos, rupturas de stock, terapias incompletas, todo lo cual hace que, además de que el tratamiento pierda totalmente su eficacia, genere resistencias en el paciente que lo obligan a pasar de un régimen a otro de tratamientos rápidamente, exponiéndolo a la indefensión.
El Sida, como cualquier otra enfermedad crónica, usted lo sabe, no tiene que ser mortal necesariamente, y en caso de que el paciente desarrolle la enfermedad, el tratamiento antirretroviral permite hoy mantener una vida en perfectas condiciones y con una relativa normalidad. Sin embargo, la pandemia ha revertido el desarrollo humano en los últimos años como el factor más claro de retraso en todos los indicadores del mundo. Esto lo reconocía Peter Piot, Director de Onusida, recientemente en la revista The Lancet. Esto sucede por muchas causas y mientras hay empresas farmacéuticas, como Abbot, que han producido una nueva versión de un antirretroviral que no necesita refrigeración y ha tardado más de tres años en permitir que se exporte fuera de Estados Unidos y sólo a un número limitado de países. Esto es una acción que permite un crimen. Tener tratamiento y no quererlo dar, tan sencillo como eso. Tan sencillo no, hay en medio cuestiones de dinero.
Con un trabajo fuerte en prevención, una mejora en la formación de todos los profesionales que traten a personas con el virus, y una búsqueda y diagnóstico activos, no sólo en la capital sino en todas las regiones del país, Nicaragua puede garantizar la cobertura universal del tratamiento a sus pacientes y un mayor control y cuidado, para que no se extienda esta pandemia en nuestro país. Pero en Nicaragua parece que ha habido un afán de poner un muro sobre otro para que nada del proceso que le mencionaba pueda verse realizado. Algunos quizá piensen que es injusto, pero los talleres de formación sobre la enfermedad del Sida apenas parecen haber tenido eco en el modo en que todavía la enfermedad se percibe y peor aún se trata. Hace poco, diversas organizaciones y pacientes de Sida a modo individual han hecho un gran esfuerzo por acercar su problemática a los futuros ocupantes de la Asamblea Nacional y de la Casa Presidencial. Quise saber por alguno de ellos la atención que les prestaron y la verdad es que sorprende el grado de sensibilidad aparente mostrado entre los candidatos. Ellos piensan que, salvo el interés y la atención mostrada por un par de ellos, el resto de los candidatos tenían una actitud preocupante de desinterés. Esto, cuando menos, es un dato preocupante. Usted, Sr/a Ministro/a habrá corrido con uno de estas listas probablemente. Nada de ello le incomode. Al fin y al cabo, no recuerdo muchos ministros de Salud que hayan tenido un buen final político. Terminan perdiéndose de ese panorama. Creo que es el cargo con menos proyección de poder, y, por eso mismo, sin nada personal que pueda perder, usted tiene el privilegio de ostentar uno de los cargos que mejor servicio puede hacer por Nicaragua. Ánimo pues.
Mire usted a la gente que duerme las noches en las bancas en las afueras de los hospitales. Vaya con ellos, pase al menos una noche esperando a ser atendido por quien no tiene medios, esperando irse con una solución, con un medicamento que en otra parte del mundo, no en Nicaragua, sería muy fácil de conseguir, esperando, siempre esperando. Usted, quiera o no, debe ser el ministro rebelde, más rebelde que ninguno. Luche por los presupuestos y por la financiación de la cooperación. Pero luche también para que las licitaciones se hagan como Nicaragua necesita, buscando medicamentos muy asequibles y de calidad, acogiéndose a todos los privilegios que le asisten los convenios internacionales por ser un país pobre, y no jugar con la vida de otros para fingir ser lo que no se es. Medicamentos más asequibles hay, pero si las leyes que se firman, los tratados de libre comercio como el Cafta, establecen compromisos de patentes más allá del bien humano, entonces luche usted para que esas leyes se cambien, porque usted tendrán en su mano el dolor de estos pacientes de enfermedades crónicas, como el Sida, que se mueren sin que un registro bien hecho muestre su verdadero rostro. Y su rostro más cruel está en los niños. En el mundo hay más de dos millones de pequeños infectados y en Nicaragua, de los 400 últimos casos detectados, más del 60% son niñas y adolescentes de entre 10 y 14 años, según algunas asociaciones. Aún se dice que en Nicaragua la prevalencia es menor del 1%. Nadie cree esta cifra, porque el sistema de registro es deficiente, mas se sigue utilizando para sacar el pecho de una administración que aún con el dinero del Fondo Mundial no llega a tener a tiempo los resultados de las cargas virales de los pacientes para saber qué tipo de tratamiento y cuidados necesitan; y aún los pacientes pueden llegar a morir sin que nadie los atienda. Algunos médicos, muy pocos, están entregados a la atención de estos pacientes pero faltan muchos más medios. El dinero del Fondo Mundial está bajo sospecha y todavía no existe ni el borrador de un plan para cuando el Fondo Mundial ya no garantice el dinero en Nicaragua. En los hospitales no siempre está el tratamiento completo y la gente viaja hacia ellos y se va de ellos con la mitad o algo más de la mitad de lo que debe tomarse, lo que, a la postre, es algo más que nada, y un poquito más de enfermedad. Viaje usted con ellos, en el viaje de vuelta.
En el caso de los niños es aún más preocupante. Actualmente es muy difícil averiguar si un niño es portador del virus, porque cuando está en el vientre de una mamá VIH positiva y aún después de nacer hasta que pasan varios meses, el niño lleva los anticuerpos de su madre. En este intercambio ineludible se puede esconder el virus, y si al final se decide tratar al niño resulta hasta cuatro veces más caro que tratar a un adulto. En los países más ricos ya casi ningún niño se infecta con el virus. Nuestros niños y los de tantos otros países con población mayor no son un mercado atractivo para que la industria farmacéutica se dedique a ellos, ni para que los gobiernos se decidan por ellos. Hay que estar con ellos, nacer con ellos, no sabiendo si es la vida o la muerte lo que nos corre por dentro. Lo siento, no podría entender otra manera de ser ministro de Salud en Nicaragua.
A usted no le pueden atar las manos, porque el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio tenga intereses prioritarios y empresariales, o porque el Ministerio de Hacienda esté atado al FMI, o porque al presidente de su gobierno no le interese en lo más mínimo la problemática del SIDA y de otras enfermedades que se apegan a la pobreza con especial dolor. Pero el dolor, usted tiene el dolor bajo su mano. El dolor es caliente, porque es la vida luchando con toda su furia contra la muerte. Hay muchos dolores, pero el de este pueblo que hace la fila en los hospitales y que se va muriendo a usted le toca de cerca responderle con todos los medios de curarlo, y para ello será necesario que usted no se limite a la condición de su cargo, sino que vea más allá, vaya más allá. Cada vez hay más huérfanos a causa del Sida. No tenemos una idea exacta de los niños que mueren en el interior del país a causa de este dolor, de esta muerte sin tapujos que se acerca al corazón de la vida. Es el dolor más grande. Un niño enfrentado a ese dolor. No ponga el retrato de su familia en su despacho, ponga el dolor, todo este dolor en frente de usted.
No le puedo desear otra cosa que los años que usted administre el Ministerio de Salud sean largos y buenos, pero que le acompañe el dolor. Que el dolor de la gente le acompañe, el mismo que nos acompaña un poco a todos. No podrá ser de otro modo Ministro o Ministra de Salud. Esperaremos su respuesta, los que aún podamos esperar.

franciscosancho@hotmail.com

La Conferencia Internacional de SIDA se celebra del 13 al 18 de Agosto en Toronto, Canadá, con el Lema “It´s time to deliver”, que se podría traducir como “Es tiempo de cumplir”, refiriéndose a la necesidad de hacer llegar los nuevos métodos de diagnóstico y los tratamientos a los países más pobres, a pesar de que no se pueda pagar por ellos.