Opinión

El sonar de los Beatles


Mientras disfrutaba una vieja pista de Los Beatles, escuché ciertos acordes raros que llamaron poderosamente mi atención. Repetí la obra musical varias veces, hasta concluir de qué instrumento se trataba. También el número despertó fuertes zozobras por entender más el gran suceso del grupo inglés y el porqué de su sonar tan único, tan especial.
Por cierto, existen miles de escritos que ofrecen análisis sobre sus arreglos, calidades vocales, coros, carisma, habilidades interpretativas, mensajes filosóficos, creatividad, modas en vestir y looks, hasta concebir maneras que cambiaron los conceptos musicales hasta entonces definidos. Más han dejado a un lado la perspicacia de usar elementos musicales inusuales en el rock, que perpetraron el sonar Beatles y el mito actual.
Es cierto, Dámaso Pérez Prado había seguido similar camino unos 15 años antes, pero Los Beatles fueron más allá al combinar esos sonares no comunes al género con voces, guitarras eléctricas y drum, junto a ideas muy particulares. Y es por ello este escrito, que sólo pretende sentar algunas inquietudes entre especialistas y fanáticos que pululan por el mundo.
Debo por igual confesar que nunca tuve oportunidad de verlos en vivo, mas sí por películas y documentales sobre las grabaciones discográficas hechas por los chicos de Liverpool en los estudios de EMI, en Abbey Road, donde se pueden observar las trampas musicales objeto de este ensayo.
En efecto, la primera aventura se dio con el disco del debut en 1962. En él, Ringo Starr agita las maracas cubanas en PS I love you, y el mismo melenudo retumba la pandereta gitana en la otra cara del sencillo que enseña el célebre título de Love me do. Y para rematar el año, John Lennon grabó magistralmente la armónica en Please please me e hizo historia.
Aparece el piano tocado por George Martin en la versión de Long tall Sally, 1964. George Harrison se vacila la guitarra acústica en otras piezas célebres y Ringo Starr percute tímpani, tumbadora africana en su versión caribeña y bongó en otras tantas composiciones rockeras, pero sobresale, a mi juicio, con la clave cubana en And I love her, 1965.
Fluyen aires de flauta al escuchar You’ve got to hide your love away y un repicar insistente del cencerro o campana en I need you, ambos temas del álbum Help, 1965. También en ese año debuta la cítara en la música pop, cuando Harrison pulsa el instrumento indio en Norwegian wood, incluido en el LP titulado Rubber soul, que además tiene a Paul McCartney interpretando el piano y a George Martin el armonio, en The world; igualmente a Ringo Starr dándole al órgano Hammond con el número, I am looking trhough you.
Y continuaron produciendo excelencia y variaciones instrumentales en el LP de 1966 titulado Revólver, técnicamente el mejor. El disco ofrece un grupo de cuerdas ensamblado por violines, violas y chelos en Eleanor Rigby, instrumentos antes usados en la emblemática balada de 1965 Yesterday; así como la novedosa tabla, elemento indio de percusión, en Love you to.
Entre otros artefactos empleados en sus grabaciones y tocados por músicos contratados o ellos mismos están: corno francés o trompa, corno inglés, oboe, clavicordio, saxofones, trompetas, clarinetes, trombones, tuba, bombo, tambora tom tom, campanillas, contrabajo, arpa, banjo, vibráfono, varios instrumentos originarios de la India, yunque de acero y martillo del mismo metal, timbre de un reloj despertador, murmullos, silbidos, voces vivas, aplausos, cientos de efectos especiales y el melotrón, un aparato eléctrico de teclado que contiene cinta pregrabada de sonidos que son liberados al pulsar las teclas, y que ahora simplificado firmas japonesas lo fabrican hasta de juguetes para niños.
Un proyecto musical atrevido y realizado es larga duración de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y el tema A day in the life, interpretado por una orquesta de 40 músicos dirigida por Paul McCartney, 1967. Por igual, en otras producciones se escuchan diferentes ensambles orquestales. Pero la grandeza para la música del futuro estaba por venir al aparecer Robert Moog y su invento, el sintetizador, a través del experto en música electrónica Bernie Krause, cuando George Harrison visitó California en noviembre de 1968.
Una vez más Los Beatles escribieron historia el 5 de agosto de 1969. Ese día martes, Harrison pulsó los primeros acordes extraños del sintetizador en la grabación de Because, seguida de otros ruidos raros y melódicos, aplicados por McCartney en la pieza Maxwell’s silver hammer, precisamente la tonada rockera cuyos acordes insólitos incitaron mi merodeo y por ende el presente texto.
Estas pistas más I want you, tratada por igual con el entonces inmenso aparato de Moog, e incluidas en el LP de crédito a los estudios de grabación Abbey Road, son las tres primeras impresiones, entre otras pocas, que se ocuparon de mostrar al mundo el hoy imprescindible sintetizador. Abbey Road resulta ser el último LP grabado juntos. Let it be, de 1970, es un sumario de viejas grabaciones archivadas del grupo que escribió la nueva historia de la música popular sajona y por qué no, del mundo.
Los Beatles tienen sello irrepetible y el sonar característico creció junto a las innovaciones instrumentales, inventos y artimañas, por ellos aplicadas.
El arte genuino no tiene fronteras. Es exclusivo de genios.

Caracas, Agosto 2006.