Opinión

Votar por primera vez


Mi hijo Xavier pronto cumplirá dieciséis años y ha gestionado su cédula de identidad. Está firmemente decidido a votar por primera vez en su vida en las próximas elecciones presidenciales, con todo el entusiasmo del mundo, y sin ocultar su preferencia por el FSLN. A priori, una opción de izquierda coincide con el compromiso familiar de tres generaciones anteriores y me recuerda extrañamente a mi abuelo que poco antes de fallecer había dicho: “La primera vez que voté fue por el Partido Comunista Francés, y la última también lo será”...Todo eso a pesar de haber moderado bastante sus opiniones después de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, aún valorando el voto juvenil de mi hijo como el de todos los nicaragüenses, es necesario expresar ciertas reservas sobre el nivel de preparación política de esta nueva camada de votantes.
Históricamente, los adolescentes y jóvenes de América Latina han participado en las luchas populares y con mucha frecuencia han pagado con sangre su involucramiento social. Durante las dictaduras de los años setenta, la mayoría de las víctimas de la represión fueron menores de veinticinco años, que incluso nunca habían tenido la oportunidad de participar en un proceso electoral.
En La Plata, Argentina, es recordado con tristeza el episodio llamado “La noche de los lápices”, acontecido a raíz del golpe de estado fascista de 1976 cuando siete adolescentes fueron secuestrados, torturados y desaparecidos por las fuerzas de seguridad. Aquellos activistas de la secundaria se dedicaban a luchar por el indispensable boleto estudiantil para el transporte de los estudiantes pobres y a impartir clases en villas miserias. Su preparación ideológica era sólida, y sus conocimientos generales y políticos de alto nivel. A su corta edad ya habían leído a Marx y a los clásicos de la literatura, y también disecado la situación internacional.
En realidad, los movimientos de secundaria han jugado un papel de vanguardia en la lucha popular, y a ese sujeto es preciso recordar la iniciativa del MES en Nicaragua antes y después de la Revolución Sandinista. Recientemente, en Chile, Michelle Bachelet ha tomado con suma precaución las protestas públicas de los colegiales chilenos en reclamo por una mejoría del sistema educativo y un subsidio de transporte, eterna reivindicación estudiantil en todo el continente.
El sistema electoral nicaragüense contempla el derecho al voto a los dieciséis años cuando en muchos países es a los dieciocho años, es decir, al cumplir la mayoría de edad. Evidentemente existe un consenso entre la izquierda y la derecha local para promover el voto de los adolescentes en un país en el que la población crece sin cesar y donde los menores de veinte años forman el núcleo fuerte. Es bien sabido que los habitantes que se encuentran en la madurez no cambian de opción política y en consecuencia se trata de influir en los que todavía no han desarrollado un pensamiento ideológico preciso. En ese contexto, podríamos decir que mi hijo pertenece a una generación más preocupada por los juegos electrónicos e internet que por la situación política, y por tanto, desconoce las implicaciones del Tratado de Libre Comercio, la globalización, la crisis energética, el equilibrio militar regional, la contaminación ambiental y la importancia de las reservas acuáticas. Si bien, sería una ardua tarea motivarlo para comprender los problemas de Irak, el Líbano, Venezuela o Colombia, pues a los adultos también nos causan ciertas confusiones, es una obligación educativa del sistema electoral informar sobre lo que está socialmente en juego a los que van a votar por primera vez.
Por supuesto, en una ciudad tan tradicional como León, los hijos votan según la opinión de sus padres, razón por la cual en la Ciudad Metropolitana los resultados electorales son invariables. Mi hijo Xavier, como todo buen leonés, ha decidido su voto. Para imprimir el sello de calidad en su boleta electoral basta con impartir seminarios en los colegios en coordinación con el Consejo Supremo Electoral y organizaciones civiles que traten temas de trascendencia nacional y que sean capaces, entre otras cosas, de explicar qué es nacionalización y privatización, un ejemplo esencial para definir las nociones de izquierda y de derecha. De esa manera, su primer voto no será solamente un voto de corazón, sino también un voto razonado.