Opinión

“Alemán es un ladrón, pero es nuestro ladrón”


Edwin Sánchez

Después de que la diputada Rita Fletes pronunciara la frase refrita con tanta vehemencia: “Alemán es ladrón, pero es nuestro ladrón”, casi declarándolo su Robin Hood personal, el pueblo de Nicaragua debió imaginarse un sinnúmero de cosas.
Como parte de ese pueblo, yo pensé que algo había en la diputada Fletes para que defendiera con pasión al ex presidente. Declararlo “nuestro ladrón”, sin duda es algo así como otorgarle un título honorífico y casi con carácter vinculante: una Madrastra de la Patria, desde ese poder del Estado, eleva a prócer de los desposeídos --no hay otra manera de explicar tan dramática declaración-- a don Arnoldo, aunque el líder del PLC nunca haya pensado que tenía admiradores ocultos en tribus políticas ajenas. Luego, otro poder del Estado, digamos el de la justicia, al ver estas muestras de fascinación públicas, sin duda que también debió sentirse arduamente conmovido para los efectos posteriores de interpretación de la ley.
La frase de la diputada abrió una nueva categoría entre los ladrones, dentro de las clasificaciones ya conocidas: el ladrón común y corriente, sin abolengo, ése que nadie quiere por sus metas tan de cuarterías; y el finísimo ladrón de cuello y corbata, digamos esos ingenieros en quiebras bancarias, y este novedoso rango: “Nuestro ladrón”.
Por lo general, el ser “ladrón” es un tipo de actividad fuera de la ley muy individual, aunque también otros se pueden coludir. Pero cuando alguien llega a decir “nuestro ladrón”, estamos ante un emotivo sentimiento de solidaridad colectiva.
Si recurrimos a la historia, vemos que el creador de la frase, o a quien se le atribuye, fue Franklin Delano Roosevelt. Éste se refirió a Anastasio Somoza García de una manera poco diplomática: “Somoza es un h.p., pero es nuestro h.p.”. Sin duda, Washington no estaba tan convencido del primer Tacho, pero le era muy necesario para resguardar sus intereses en Centroamérica.
Si aplicamos este esquema, podríamos ver que don Arnoldo no convence mucho a la diputada Fletes: es decir, lo califica de ladrón, y luego --no está muy claro-- resuelve que no es un simple ladrón o cualquier delincuente, sino alguien a quien debe reconocérsele algún mérito, dudoso o no ya sería un punto de vista muy subjetivo. En el caso de Roosevelt, estaba en lo cierto de que en el mundo sobraban, como en todas las épocas, y sobre todo ahora, los “h.p.”, pero había uno muy especial.
La situación de la diputada Fletes, sin embargo, resulta un poco más complicada que la del famoso presidente norteamericano. Ella pudo haber optado por una elección más personal: por ejemplo, declarar con ese mismo ardor con que lo hizo ante la prensa, que “Alemán es un ladrón, pero es MI ladrón”. Roosevelt pretendía “Un nuevo trato para el pueblo estadounidense”, atrajo a las minorías negras y otros estamentos de la sociedad norteamericana, por eso él lo englobaba todo en el “nosotros”, y de ahí, pues aquella frase para Somoza. Ahora, es obvio advertir grandes diferencias entre decir éste es “Nuestro h.p.” que declarar éste es “Nuestro ladrón”.
La resuelta aseveración de la diputada nicaragüense hubiera tenido otra dimensión, y quizás más comprensible, de haber sido menos colectiva, y así no habría implicado juicios de orden político ni ideológicos. El caso es que ella escogió el “nosotros”, “lo nuestro”, es decir, lo perteneciente a: un grupo, a una comunidad política, al vecindario de las curules, a lo que ella representa desde la sociedad, en fin.
Pero eso no quedó explicado y mejor, en vez de reclamarle al diputado Tomás Borge, “por haberla mencionado”, hubiere aclarado a quiénes incluía con ese pronombre y además, por qué lo hacía. ¿Qué tiene un ladrón que no pueda tener el otro? ¿Por qué los otros ladrones de ropa tendida, comidas, vacas, chanchos, no son dignos de inspirar frases tan célebres, sobre todo cuando se pertenece a una organización del pueblo?
Dicho sea de paso, en el texto de la entrevista al comandante Borge, no hay ningún entrecomillado donde se le atribuya al diputado haber citado a algún legislador en particular, mucho menos a Fletes. Seguramente no la citó Borge, porque él ha sido un eterno creador de frases célebres al estilo de “Los muertos que nunca mueren”, “mi venganza personal”, “El amanecer dejó de ser una tentación”, y otras más.
A pesar de tantas bellas expresiones, la diputada en mención prefirió escoger a la de un jefe de Estado “enemigo de la humanidad”. Es obvio que Tomás Borge jamás la iba a mencionar. Entonces, ¿cómo se le ocurre a la legisladora que el comandante la iba a recordar con su frase importada Made in USA, cuando en nuestro solar hay suficiente?
La diputada debe explicarnos este punto sobre el contrabando de frases. Si ella ocupó las palabras de Roosevelt, un “presidente del imperialismo yanqui”, y no uno de manufactura nacional, al menos debió haberla tomado de un líder revolucionario internacionalista, digamos el Che Guevara o Fidel. ¿Es que también la diputada Fletes entró en una etapa de enfriamiento ideológico y nacionalista que se permite estas libertades?
Yo salgo en defensa de ella: hasta donde hemos conocido, San Ernesto de La Higuera combatió a corruptos y ladrones, por tanto, era imposible que él creara una sublime frase como la que tanto ha admirado la camarada Fletes. Tampoco pudo haberla encontrado en los largos discursos del Comandante en Jefe, mucho menos ahora cuando emprendió una audaz cruzada moral y de lucha contra la corrupción que estaba carcomiendo desde adentro a la revolución.
De todos modos, sea como fuere, la diputada Fletes siempre será recordada por esa célebre frase de “Alemán es un ladrón, pero es nuestro ladrón”, con la cual demuestra que el pueblo de Nicaragua ha invertido bien los 42 mil dólares anuales que le ha pagado a ella durante cinco años.
Por eso, yo también me emociono e invento esta otra frase célebre: “Rita Fletes es diputada, pero es nuestra diputada”.

Comentarios de nuestros lectores
Para concluir, aquí algunos lectores que enviaron sus correos para la edición electrónica del sábado 5, de END, sobre las precisiones de Borge a Fletes:
Luis
La Rita es una vaga más del FSLN. Gracias a Dios ya no va como diputada.
Ojalá que los diputados que lleva el FSLN trabajen más que los anteriores!!!
Viva el verdadero sandinismo partidario FSLN!!!
Carlos Barillas
Hasta en los Estados causó mucha risa los comentarios de Rita Fletes. Dejó ver que hay nicaragüenses tontos que confunden el nacionalismo con el servilismo.
Róger Sanchez
Creo que Arnoldo Alemán debería haberle dicho a Rita Fletes, ante su expresión: No me defiendas, comadre.