Opinión

La política del amor en un país desamorado


Desde hace algunos años, el FSLN ha venido promoviendo una estrategia de “reconciliación” basada en el “poder del amor” y, para apoyarla, ha articulado un discurso falaz que encubre las tensiones y contradicciones de intereses materiales y visiones sociales que forman parte de nuestra realidad nacional.
Un partido de izquierda no puede, en nombre del “amor”, pretender representar los intereses materiales de todos los nicaragüenses. Un partido democrático de izquierda debe ser capaz de reconocer los derechos de todos -–incluyendo los de los sectores de derecha y las clases adineradas del país--, sin renunciar a su obligación de representar con honestidad y claridad a los más pobres. En otras palabras, un partido de izquierda no puede renunciar a su obligación de articular un proyecto y una propuesta hegemónica que privilegie los intereses de los sectores desposeídos de la sociedad.
El concepto de hegemonía hace referencia a la existencia de un marco de valores que ha logrado institucionalizarse; es decir, que ha llegado a ser “internalizado” y aceptado por los miembros de una sociedad. Un proyecto hegemónico de izquierda debe ser, entonces, un intento por crear un marco de valores sociales que induzca al Estado y a la sociedad a priorizar la solución del problema de la pobreza y de la pobreza extrema que sufren hoy millones de nicaragüenses. Ese proyecto hegemónico debe ofrecer una alternativa al sistema neoliberal que ha privilegiado los intereses de las elites económicas nicaragüenses desde 1990.
La visión neoliberal de la política
El neoliberalismo es una ideología que sirve para justificar y legitimar un modelo de sociedad organizado de acuerdo a la racionalidad del mercado. Ni la justicia social ni el sentido cristiano de la solidaridad juegan un papel importante en ese modelo.
El neoliberalismo ha logrado imponer una visión no conflictiva de la política que encubre las brutales tensiones y contradicciones sociales que existen en países como el nuestro. Esa engañosa visión solamente reconoce como legítimos aquellos problemas y tensiones sociales que pueden resolverse con la tecnología democrática electoral, o mediante proyectos de ingeniería social aplicados al Estado y a la organización política de la sociedad. Los programas de apoyo a la “gobernabilidad” y a la “sociedad civil” que impulsan los organismos financieros internacionales son ejemplos de ese tipo de ingeniería social.
La estrategia de la reconciliación basada en el amor que promueve el FSLN es una de las más ridículas y extravagantes versiones de la visión no conflictiva de la política que promueve el neoliberalismo en América Latina. La estrategia del Frente se apoya en tres tipos de discurso: el sociológico-sentimental de Orlando Núñez; el esotérico-oficial de Rosario Murillo; y el cómico-pendular de Jaime Morales Carazo.
La sociología de la reconciliación
En su artículo “La reconciliación de los excluidos del sistema” (31/07/06), Núñez argumenta que la lucha contra el neoliberalismo debe ser el eje de la “reconciliación” de los afectados por ese sistema. Después de todo, nos dice Núñez: “¿Qué diferencia existe entre un campesino sandinista y un campesino liberal a la hora de luchar por la legalidad de sus tierras...?”
Núñez reconoce que “la reconciliación no excluye, ni elimina las contradicciones sociales existentes en una sociedad de clases como la de Nicaragua”. Sin embargo, no hace un esfuerzo por identificar las bases de lo que podría ser un nuevo balance de poder que conjugue los intereses y las aspiraciones que comparten los sectores afectados por el neoliberalismo. Su propuesta de reconciliación tiene un sentido moralista, y se reduce a superar las diferencias emocionales que supuestamente dividen a los afectados por el modelo capitalista actual: “...la reconciliación tiene espacios fértiles y espacios ahogados de antemano por el resentimiento, el odio y la agresividad”.
El subjetivismo de Núñez se entremezcla confusamente con su visión materialista y economicista de la sociedad. Núñez, en otras palabras, practica la “sociología del amor”, sin abandonar un marxismo que todo lo reduce a lo económico. Así pues, el marxismo de Núñez no reconoce que dentro de los sectores sociales afectados por el neoliberalismo, existen diferencias políticas e ideológicas -–no simplemente “resentimientos” y “odios”-- que son tan reales como las diferencias económicas que los separan de los capitalistas. Existen, por ejemplo, campesinos antineoliberales que no compran el discurso antineoliberal del FSLN porque rechazan el verticalismo y la corrupción de ese partido.
Entre el romanticismo que empuja a Núñez a hablar de odios y amores y su economicismo, existe el mundo conflictivo y contradictorio de la política que solamente una sociología no subjetivista, no sentimental, y no reduccionista puede ayudarnos a elucidar.

La visión esotérica-oficial
El discurso de Rosario Murillo no reconoce la existencia de tensiones y contradicciones sociales que no puedan ser superadas por “el poder del amor”. Así, pues, la reconciliación que ella y el FSLN proponen, “es una propuesta que debe practicarse sin excluir a nadie”. Derecha, izquierda, somocismo, neoliberalismo, socialcristianismo... todo tiene cabida dentro de la estrategia de alianzas del FSLN.
Eso explica que el FSLN no haya aclarado cómo es que se armonizan hoy los intereses materiales y las visiones sociales de Morales Carazo y Daniel Ortega en la fórmula electoral de ese partido. Morales Carazo representó antes el neosomocismo que Ortega combatió. Hoy están unidos. ¿Quién de los dos cambió? ¿Qué cambió?
Vale la pena recordar el viejo adagio que dice que “hay que vivir de acuerdo a cómo uno piensa para no terminar pensando de acuerdo a cómo uno vive”. Ciertamente que personas como Ortega, Murillo y Morales Carazo, que han habitado hasta la misma casa, pueden hoy compartir su manera de ver la política y la vida.
Murillo no habla de contradicciones de clase, o de conflicto e injusticia social en su discurso. Para ella, todo se reduce a resentimientos y odios que pueden superarse con “la reconciliación” y “el amor”. Escuchemos a Murillo proclamar esta doctrina: “Si estamos juntos... como nicaragüenses, como hermanas y hermanos, como discípulos y como maestros... si estamos juntos para afirmar la vida no hay fantasmas que puedan asustarnos ni provocaciones o manipulaciones que continúen asaltando nuestro porvenir”.
Y agrega: “Y si tenemos conciencia de Evolución y Amor, somos Arca de Alianza, Perdón y Reconciliación, Encuentro y Compromiso, grito en Jericó, movimiento, profecía, trompeta, unidos para derribar los muros de la arrogancia, el egoísmo, la indiferencia, la separación y la vulgaridad, esas terribles murallas que al caer nos dejarán abierto el paso, al cambio, a la Vida en la Tierra Prometida”.
Si nos juntamos, no estaremos separados. Si nos perdonamos seremos trompetas. Si las murallas se derrumban se caen las murallas. A estos sin sentidos y perogrulladas se reduce la propuesta que ofrece hoy el FSLN para articular un consenso social en Nicaragua.
La dimensión humorística de la reconciliación
Las ciencias sociales de Orlando Núñez no son suficientes para teorizar lo que Murillo intenta explicar cuando se eleva y profetiza. El FSLN, entonces, tiene que recurrir al humor cuando necesita rellenar los vacíos de su sociología.
Ya conocemos la visión pendular de Morales Carazo (de la derecha, a la izquierda, pasando por el centro; vueltita a la derecha, de nuevo a la izquierda... un minutito en el centro). Yo comenté la visión del candidato a Vice-Caudillo y provoqué la ira del entretenido Carlos Midence (END, 27/07/2006). En su ocurrente artículo del 2 de agosto pasado (END) me regaña porque según él, yo no supe “posicionarme” dentro de las oscilaciones de Morales Carazo, ni comprender la complejidad de su pensamiento: “No comprende Pérez Baltodano que Morales Carazo está ubicándose en los espacios intersticiales que le permite la no inflexibilidad de su ideología”. Argumenta Midence, entonces, que Morales Carazo no se mueve simplemente de la izquierda a la derecha pasando por el centro, sino que va y viene a través de los espacios que separan esas tres posiciones.
Midence también ha defendido la política de reconciliación del FSLN. Haciendo uso de su incomparable-por-incomprensible lenguaje, dice: “La reconciliación que se plantea con el acercamiento a sujetos que antes lo adversaban es un acto de simultaneidad en tiempos polarizados...” Y remata señalando que el “amor por el bien común” que profesan Morales Carazo y Ortega es la fuerza que impulsa la reconciliación de estos dos señores (END 14/06/2006).
Amores que matan
Para ser auténtica, la política debe reconocer el conflicto social. Y para ser efectiva, la democracia debe organizar ese conflicto y evitar “la guerra de todos contra todos”.
La estrategia de reconciliación del FSLN no facilita la articulación de un verdadero consenso social en Nicaragua. No resuelve, sino simplemente disimula, las tensiones y contradicciones sociales que existen en nuestro país. ¿Hasta cuándo? Hasta que el peso de la realidad se imponga sobre las falacias discursivas de ese partido y reviente la rabia de los desgraciados.
El jueves 17: ¿Disimula el discurso de la Alianza-MRS las contradicciones sociales que sufre nuestro país?