Opinión

¡Que viva Santo Domingo!


“Qué clase de capitalismo más salvaje el que nos describió Watson la semana pasada, y nadie se acordó de felicitarlo”, dijo Sherlock, por lo que los demás, de acuerdo con la observación, corearon: Elemental nuestro querido Watson, y éste, orgulloso a más no poder, movió el r­abo, se rascó una oreja, pero después, haciéndose el Henry Ruiz, asumió un aire de modestia. Esto lo aprovechó Carlos Flores para decir, con carácter confidencial, que a propósito del capitalismo salvaje de un partido que todos conocemos porque son innumerables sus muertes y daños, unos abogados amigos suyos le habían contado que la recaudación para la campaña incluye sorpresivos juicios a antiguos militantes o simpatizantes que, por una u otra razón, han querido tomar distancia. Entonces aparecen los juicios millonarios, cuyo monto disminuye proporcionalmente a la contribución voluntaria del reafiliado, hijo pródigo al fin y al cabo.
Sherlock: “También hay juicios que te los venden con seguro y sin seguro. Sin seguro es que tan solo podés ganarlo, y con seguro es que el otro ya no podrá apelar. Todo eso se arregla de antemano, de manera que lo que se hace en juzgados y cortes, es una pantomima y confirma que doctorarse en derecho no sirve para nada, ya que resulta mejor doctorarse en corrupción. Así están las cosas, y estas acciones las cometen quienes predican contra el capitalismo salvaje. Por eso es que Watson, la semana pasada, nos decía que aquí lo que impera es la falsificación de todo. Lo hemos dicho hasta la saciedad; hay quienes piensan que el fin justifica los medios. El prójimo que no acepta este estado de corrupción, no es prójimo. Quien denuncia esta situación, es un traidor imperialista. Para aspirar al cielo, necesitamos la bendición del Cardenal Obando, o de lo contrario nos espera el infierno, sobre todo si perdemos las elecciones. Por otra parte, según el evangelio que escribió Daniel el recién pasado 19 de julio, hay dos maneras de llegar ante Dios: A caballo o volando como supermán”.
El de Masatepe: “La otra vez que estábamos hablando de colaboraciones y noticias en este periódico, se me olvidó decirles que algunas veces sus redactores pecan de ingenuos, como cuando el miércoles 12 de julio, en un interesante reportaje de Haydée Brenes, se refiere al drama de los discapacitados para poder hacer uso de nuestro transporte colectivo, y describe dramáticamente la triste realidad de lo que sufren al ser ignorados por quienes tienen la obligación de servirles. Suplican, la más de las veces inútilmente, para que el bus se detenga, los ayuden a subir, los acomoden, y en su oportunidad les faciliten bajar. ¡Misión imposible en un país de caníbales del volante”!
Watson: “Eso es lo que se llama pedirle peras al olmo o hierbabuena al chichicaste. Y de seguro lo más ingenuo a que te referís vos, es cuando llaman a Rafael Quinto, representante de la Ureatraco ésa, para permitirle decir que la actitud de esos insensibles conductores es reprobable. Esa respuesta se parece a la afirmación de Daniel Ortega, cuando pretende advertir que su Consejo Supremo Electoral le puede hacer un fraude como el que le hicieron en México a López Obrador. Como quien dice, el que las usa se las imagina. Pero volviendo a los discapacitados, quienes ilegalmente de hecho no son considerados parte de la colectividad que tiene derecho al transporte público, cabe decir que no tiene nada de extraño que los dueños del transporte se lo nieguen, pues hasta ahora no ha sido su espíritu el de servir a los discapacitados, sino de volver discapacitados a los sanos”.
“Elemental, nuestro querido Watson”, dijeron todos, y antes de que alguien más tomara la palabra, Caresol recordó: “Hoy nos tenemos que ir temprano porque ya viene la subida de Santo Domingo, y esto se vuelve un relajo”. Esta sana advertencia encantó a Sherlock y Watson, que ya no estaban muy a gusto durante aquella caminata, ya que los amedrentaban las detonaciones de cohetes y tiquitraques, que poco a poco se volvían incesantes. Caresol prosiguió, diciendo que, a manera de despedida, quería leernos este poema de Joaquín Pasos: Para que las vacas no estén flacas/ para que el zacate no crezca mayate/ para que sea entero el tiempo del aguacero, / te bailamos la vaca y el ternero chingo / Santo Domingo/ Porque con vos todo es chiche como el brinco del trapiche / porque nuestro amor en flor en tu Sierra se encierra / porque tenés las vidas de nosotros a tu cuello prendidas, / te bailamos la vaca y el ternero chingo / Santo Domingo / Portate bien / con el zacate, con el ganado, con todo lo criado / Amén.
Y Carlos Flores, eufórico, improvisó: Y nosotros que tanto andamos / mejor ya nos vamos siguiendo los pasos / del gran Joaquín Pasos.

Jueves 10 de agosto del 2006.