Opinión

Ningún candidato se ha referido a la reforma estructural del sistema político


Un tema tabú en el ambiente. En ninguna oportunidad se ha escuchado a los políticos comentar en la precampaña sobre la urgencia de cambiar radicalmente la legislación al respecto. Pareciera que a todos les gusta el viejo sistema, herencia sandinista, porque una vez que se gana el poder se puede ser autoritario, menos gobernar. El actual gobernante es un ejemplo fresco, nunca se ocupó de reformar el sistema que le llevó al poder.
El Consejo Supremo Electoral está bajo control de dos partidos políticos mayoritarios, y por principio no funciona objetiva o imparcialmente. Es una estructura que nunca será confiable; sus miembros carecen de criterio propio, funcionan bajo órdenes que reciben de afuera.
Bajo el actual sistema, en Nicaragua no puede existir un proceso electoral que transcurra con normalidad, que en cinco años al inicio de cada período electoral la transparencia inspire confianza, tranquilidad a los electores y a los partidos participantes.
Siempre el mismo tango, a última hora se afirma que no todo está listo, por reclamos de la oposición o de algunas instituciones nacionales, es el caso de las cédulas para las elecciones 2006. El CSE no puede demostrar con hechos publicados que el trabajo está cumplido, siempre responde verbalmente en algún medio; y quienes dicen que existen irregularidades tampoco pueden demostrarlo en forma cierta.
Ya se ha comentado que esto de la cedulación es un trabajo muy sencillo, pero que en más de dos décadas siempre el mismo barullo al llegar a cada proceso electoral. El asunto no es de correr a última hora, sino que a través del tiempo todo sea fluido, mantenerse al día.
Ese panorama desde ya crea incertidumbre y se comienza a especular, a crear desconfianza, que habrá fraude en los resultados de las elecciones de noviembre 2006, debilitando así a un futuro gobierno.
Es incomprensible que los nicaragüenses no entiendan, ya se ha escrito varias veces que en nuestro caso muy puntual el meollo de nuestra tragedia como país es político y si éste no se resuelve con la estructuración de un modelo civilizado y legítimamente democrático, Nicaragua continuará de bote en bote, y nunca encontrará el camino para su transformación.
En ese panorama, el ombligo de toda la suciedad que se tiene y del cambio está en la Asamblea Nacional, en los diputados, por forma de postulación y elección.
Los diputados eligen políticamente a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia para que administren justicia políticamente; éstos a su vez a los magistrados de Apelaciones, así como a los jueces, es decir, concha arriba, concha abajo, tortuga en medio. A los diputados, que eligen a los magistrados de la CSJ, si la justicia no funciona no les interesa, se olvidan de la responsabilidad de tales nombramientos. La Corte es libre, soberana e independiente para que prevalezca la injusticia, no se eligen por voto popular directo, sino indirecto.
Los diputados eligen políticamente a los magistrados del Consejo Supremo Electoral, quienes manejan su estructura administrativa, cargo para vacacionar, y a los diputados que los eligen no interesan los problemas de cedulación ni la incertidumbre de posibles fraudes y otras irregularidades. El CSE igual que la CSJ es libre, soberano e independiente para que los procesos electorales den lugar a fraudes y otras irregularidades; no le interesa prestigio.
No existe un mecanismo que garantice justicia, proceso electoral y otros, todos funcionan al garete, una autonomía de hecho, sin supervisión, y cuando las personas carecen de capacidad para cargos específicos y honorabilidad, impiden a Nicaragua salir del atolladero en que se encuentra; la raíz muy particular es el sistema político del cual se deriva todo el desmadre con la elección de diputados, en general, irresponsables.
El proceso electoral de los diputados es el más delicado, porque es la llave política del gobierno central, Corte Suprema de Justicia, Consejo Electoral y otros. El supuesto de que las elecciones libres y las reformas económicas serían suficientes para la evolución democrática ha sido errado. Son supuestos que se basaron en el análisis del proceso y no del sistema.
Para las elecciones 2006, habrá que esperar la calidad de lo que resulte. Para ejecutar reformas estructurales de base al actual sistema político, es condición sine qua non cómo se integrará la próxima Asamblea Nacional.
Seguramente no resultará una Asamblea para el cambio, que implique una mayoría suficiente de diputados con criterio independiente y con voluntad para construir una patria nueva, despojarla de tantos vicios históricos. Continuará el control de partidos mayoritarios que han venido dominando los períodos pasados por lo que del próximo gobierno es posible que nada podrá esperarse. No es pesimismo, realidades son realidades.
Del Partido Liberal es difícil visualizar una situación, porque mientras una parte trata de unirlo, otra trata de dividirlo y los resultados serán impredecibles. Quien presenta un panorama más definido es el FSLN, porque al grupo disidente no se le ve fuerza.
No deberían las campañas personalizarse ni andar a la caza de brujas, porque se degeneran, desorientan a la ciudadanía y los problemas que se están viviendo se apartan; todo se centra en vagos programas, llamados así, pero son pura fantasía. A una realidad existente política, económica y social no se puede enfrentar con palabras, sino en el tiempo y con recursos y acciones a la vista.
Es costumbre en Nicaragua hacer de las campañas electorales chacota, vulgarear a candidatos, y para eliminar esas actitudes hay que comenzar por la autoridad electoral, que gane prestigio y respeto de la ciudadanía, con un trabajo transparente y eficiente. El actual CSE carece de prestigio y confianza, siempre cuestionado severamente.
Los jóvenes y las personas que sólo participan en política cuando se dan los procesos electorales entran a un mundo desconocido, las soluciones a problemas acumulados por años son más complejas, no se trata fórmulas, modelos o computación. Esta actitud no es una forma de contribuir para acabar con un sistema político arcaico. Este grupo de personas que se consideran mesiánicos en política lo único que muestran es inexperiencia que aprovechan oportunistas, creando una falsa idea de competencia.
La política es un proceso, repetiré hasta el cansancio. Limpiarla de la suciedad requiere de un esfuerzo permanente, una lucha sin cuartel, una guerra contra las oligarquías. No se hará ni en reuniones empresariales o sociales hablando contra los políticos, ni con acciones de cuando en vez. En nuestro caso, se insiste, es un problema humano, de personas, y en especial del pueblo.
Participar sólo cuando es tiempo de elecciones podría ser un criterio errado, porque la inexperiencia de los noveles los lleva a prometer soluciones inmediatas a vicios insolubles, y antes bien, esa actitud prolonga o fortalece la vida del viejo sistema.
Continuar enfrascado en que la solución es económica y sólo económica es un error garrafal, porque lo hechos muestran que en más de una década la economía no marcha bien. A pesar del gran apoyo externo, la realidad política y social es un desastre.
En un país atrasado como Nicaragua no se trata de definir qué es primero, si lo económico, lo político o lo social; o que lo económico arrastra lo político o social o una posición de equilibrio, no es verdad. En el caso muy puntual nuestro, el mal de toda la historia del país, de la independencia a la fecha, ha sido lo político, y esto ha llevado al país al atraso y a una profunda desigualdad social.