Opinión

Los nudos gordianos en el desarrollo del turismo


El turismo es la actividad económica que más rápido está creciendo y más ingresos está generando en (y no para) la economía de Nicaragua. Hago esta aclaración porque hoy por hoy no sabemos hacia dónde va toda la riqueza que la actividad turística genera. Buena parte va hacia Europa y Estados Unidos.
De acuerdo con estimaciones oficiales, los ingresos por el turismo rondaron los 183 millones de dólares en el año 2005, colocándose por encima de los rubros tradicionales de la economía local. Pero esta cifra sólo indica que Nicaragua factura una importante cantidad de riqueza gracias al turismo, que sigue creciendo y supera a todos los rubros tradicionales de la economía, excepto las remesas familiares desde el exterior.
La connivencia entre los intereses públicos y los intereses privados
Para satisfacer la maximización de beneficios a toda costa, un excelente instrumento de los grupos económicos más fuertes y especialmente de las empresas transnacionales ha sido siempre la connivencia insana entre los intereses públicos y los intereses privados. Ello explica la creación de entidades que se presentan ante la opinión pública como públicas y privadas a la vez; se hacen representar por ex funcionarios de las propias entidades públicas con las que deben negociar; se colocan agentes del sector privado en posiciones claves del sector público y se contratan ex funcionarios de alto rango para negociar contratos con el Estado, promover leyes, normativas y políticas.
Desgraciadamente, el desarrollo de la actividad turística de Nicaragua se ha venido caracterizando por esta connivencia insana nutrida por lecciones baratas de incredible business opportunities, que con dinámica de pensamiento único lo engulle todo y alinea las voluntades que temen sufrir su aplastamiento. Las críticas nacen y mueren donde nadie pueda escucharlas o se articulan en voz muy baja.
El resultado de esta connivencia insana es una interesada confusión y un evidente desequilibrio entre los intereses públicos y los privados que, entre otros logros, ha permitido la formulación y quizá aprobación de la Ley de Bonos de Inversión Turística (BIT), sin que casi nadie, salvo honrosas excepciones, se indigne por el despropósito pretendido con esta iniciativa, quimera del desarrollo sostenible.
La danza de los cientos millones para justificar la Ley BIT
Muestra de esta connivencia ha sido el uso y abuso de las cifras de los montos de inversión pendientes para justificar la urgentísima necesidad de aprobar la Ley BIT, promocionada como “decisión audaz para seguir creciendo”. Veamos:
A principios de año, Canatur oficializó que estaban en proceso de ejecución y/o perspectivas de inversión 30 proyectos turísticos de cuya inversión quedaban por ejecutar 277 millones de dólares. (Impacto Fiscal del Turismo, Enero-2006, pág. 21).
En julio del año 2005, la presidenta de Canatur declaró que, de no aprobarse la Ley BIT, 800 millones estaban en peligro de perderse (END, 18/07/2005), pero unos meses después, en diciembre, dijo que sólo eran 300 millones (LP, 12/12/2005).
A mediados de este año la ministra de Turismo, a quien le confiamos la gestión de los intereses públicos, confirmó la cifra de los 300 millones para justificar la necesidad de una política de “incentivos agresivos” dedicados a promocionar la inversión (Associated Press, 17/05/2006). Pocos días después dijo que habían 360 millones a la espera los BIT, pero que era un número conservador porque “consultores independientes hablan de hasta 600 millones de dólares” (Bolsa de Noticias, 20 de junio de 2006).
Hace pocos días la ministra declaró para convencer al país que, “según nuestros estimados, unos 400 millones de dólares en inversión vendrían a Nicaragua utilizando este sistema de estímulo a la inversión (los BIT).” (Revista 7 Días, edición 498, 2006).
Y para no quedarse atrás en la danza de millones, el presidente del Cosep afirmó que “en el sector turismo “están trabados” 540 millones de dólares en nuevas inversiones, porque la Asamblea Nacional no aprueba la Ley de Bonos de Inversión Turística” (Revista “La Semana” # 226, Grupo E&N.com).
Es decir, de los 277 millones de dólares que quedaban pendientes por ejecutar (antes de que se aprobase la Ley BIT), se han manejado cifras de 800 millones de dólares que podrían “perderse”. ¿Es ésta es la forma de promover una ley, manipulando los datos? Si no es correcto que lo haga el sector privado, ¡mucho menos un cargo público!
Menos mal que el presidente del BCN no entró en el juego de las manipulaciones y aclaró que este año la “inversión extranjera directa total” en las cuentas de Nicaragua será de 290 millones de dólares (LP, 27/07/2006).
La cadena de valor y la distribución de la riqueza en el turismo
No obstante que la factura del turismo sigue creciendo y supera los rubros tradicionales de la economía nacional, todavía hoy ninguna autoridad pública puede explicar --con rigor y precisión-- cómo se distribuye esa “riqueza nacional”. Y aunque se trabaja en una Cuenta Satélite para el Turismo, nadie explica qué parte queda en el país y qué parte se va al exterior en repatriación de capitales.
Tampoco se sabe cómo se comporta la cadena de valor dentro de las propias empresas dedicadas directamente a la actividad turística (hoteles, restaurantes, tours operadores, agencias de viajes, marinas, alquileres, guías, etc.), ni como impacta la actividad en las empresas que proveen bienes y servicios al sector (agrícolas, alimentos, bebidas, agua, electricidad, comunicaciones, construcción, textiles, servicios financieros, etc.).
Por otra parte, se manejan cifras de dudosa credibilidad para explicar cuánto aporta exactamente el sector turístico a las finanzas públicas de Nicaragua. No sabemos “oficialmente” a cuánto asciende el costo total real de todas las exoneraciones, regalías y beneficios tributarios que se otorgan al turismo cada año, aunque un estudio bastante serio concluyó que el Estado ha venido aportando por incentivos y beneficios tributarios hasta el 60 % de las inversiones realizadas, a cambio --básicamente-- de la generación de empleo y captación de nuevos flujos de turistas.
Así que lo único verdaderamente claro es que la factura del turismo crece y crece, que tiene muchas probabilidades de continuar con esta tendencia y que eso lo convierte en un sector donde se pueden cosechar importantes beneficios que pueden servir para otras regiones del mundo o para el desarrollo sostenible de Nicaragua.
El turismo como una oportunidad para el desarrollo sostenible
Ahora bien, la pregunta es: ¿tiene sentido “crecer” y “crecer” por simple acumulación de inversión? Es decir, sin importar de dónde sale realmente la inversión y adónde va la riqueza generada, como sucede con algunos destinos turísticos de Asia y el Caribe, cuyas poblaciones siguen viviendo en la más absoluta miseria a pesar del turismo. ¿No deberíamos acaso, intentar crecer buscando la rentabilidad social de la inversión y pensando en el desarrollo sostenible de Nicaragua?
Urgen políticas que permitan crecer con equidad, y el turismo es una oportunidad para lograrlo: construyendo infraestructura básica, generando educación y salud, protegiendo el medio ambiente, reduciendo la desigualdad entre personas y regiones, etc. Es obvio que si acertamos en las decisiones, el turismo puede significar un crecimiento que beneficie de manera menos desigual a la sociedad y que --a su vez-- la riqueza social del turismo genere más crecimiento y más equidad.
Por el contrario, si impera la concepción de atraer inversión extranjera con el incredible business opportunities haciendo “charanga” con el futuro del país, además que no servirá a los fines del desarrollo sostenible, vendrán, camuflados entre los auténticos emprendedores dotados de ideas, valores y ética empresarial, dizque “inversionistas” con los bolsillos llenos de trocitos de vidrio para hacer trueque con el oro prometido, gente de pocos escrúpulos, frustrados de sus propias sociedades, evasores de impuestos, decididos a rentabilizar su negocio de cualquier manera y por cualquier medio, aunque al mejor estilo snob repitan lecciones de “responsabilidad social corporativa”.
Mientras los nicaragüenses no nos pongamos de acuerdo en políticas que materialicen un equilibrio entre los fines públicos y el interés privado hacia un desarrollo sostenible del país, seguirán llegando dizque cientos de millones de dólares a Nicaragua, para que nada cambie: casi un millón de niños fuera del sistema escolar, una de cada dos personas viviendo por debajo del umbral de miseria, ocho de cada diez en situación de pobreza, altos índices de desnutrición, mortalidad y analfabetismo.
Por Aristóteles sabemos la importancia de encontrar el “justo medio” de las cosas, el equilibrio entre dos extremos. Y Nash demostró que una sociedad sólo maximiza su nivel de bienestar cuando cada uno de sus individuos actúa a favor de su propio bienestar, sin perder de vista el de los demás integrantes del grupo. Ideas que movieron los cimientos de la economía moderna y obligaron al mundo a releer las tesis de Smith para entender por qué no es posible alcanzar el máximo bienestar social cuando cada individuo, en forma egoísta, persigue únicamente, su propio bienestar individual.
No deberíamos olvidar estas lecciones si pensamos en una oportunidad para crecer con equidad. La actividad turística necesita un reequilibrio de los intereses en juego, y sólo será un buen aliado para el desarrollo sostenible de Nicaragua si encontramos un punto de equilibrio razonable.

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