Opinión

Bitácora


Los poetas brujos

Nosotros los auténticos americanos desde nuestra cultura mestiza a veces nos interrogamos sobre varios tópicos que se configuraron en tiempos de la Colonia, aun en temas que parecieran pueriles, cursis, como la brujería, pero que no lo es, ya que tuvo enorme repercusión en todas las facetas en la vida de los pueblos vencidos. Este hecho (manipulación de la palabra brujería) todavía incide en las luchas políticas en Nicaragua.
En la historia de la humanidad siempre hubo invasiones para someter a otros pueblos por parte de países fuertes o del imperio de turno. La lógica del conquistador es acabar hasta con la religión y la cultura de los pueblos para someterlos totalmente. A veces nos preguntamos hasta dónde llega la línea divisoria de lo que es verdaderamente brujería y cuál es lo realmente oculto en la medicina, la poesía.
En el inicio de la Colonia los conquistadores acusaban que todos los ritos religiosos de los aborígenes no eran más que mera brujería y que estaban prohibidas todas esas manifestaciones. También prohibieron las curas con plantas, en lo que eran maestros nuestros antepasados, y le llamaron hechiceros a los médicos de aquí. Llegó hasta tal punto la cacería que una serie de palabras y poemas que pronunciaban lo que llamaron indios la colocaron en la lista de palabras brujas.
Todo para que ahora desde todas partes del mundo vengan a comprarnos, y hasta robarnos, ídolos esculpidos y vasijas que usaban nuestros aborígenes, así como sabios de Europa analizan la poesía precolombina. Y las raíces, tallos, cortezas y hojas desde centurias han sido llevados a grandes laboratorios de Europa para obtener medicamentos vitales para la humanidad. Hay que reconocer que científicos han pasado parte de su vida en nuestras montañas y selvas buscando respuestas médicas. Pero también otros han venido a robarle la fórmula de cómo anestesiar el cuerpo humano que ha sido necesaria para las intervenciones quirúrgicas.
Me he llenado de disposición para tocar el punto de la brujería en la política en Nicaragua sobre el señalamiento que le hacen a la poeta Rosario Murillo, esposa del ex presidente de Nicaragua Daniel Ortega Saavedra. El colmo se registró después de la celebración de este último 19 de julio. Los guatemaltecos invitados al acto trajeron como aporte al programa de celebración un fragmento de una obra basada en la leyenda clásica de los quichés y cakchiqueles, como es el robo del fuego.
Los opositores al sandinismo comenzaron a multiplicar lo dicho que la tarima estaba decorada con pura brujería, cuyo centro tenía las llamas del fuego que ardía en un recipiente a la vista de la muchedumbre. Los señalamientos se dan por ignorancia y demasiada maldad.
He dicho que me llené de disposición porque en nuestro medio inmediatamente pueden acusarme de defensor oficioso. Soy un diletante de leer y tratar de sumergirme en la magia de nuestro pasado americano; y doy seguimiento de quienes hablan y se expresan en manifestaciones artísticas que contengan el embrujo del arte precolombino.
Sobre el fuego de los quichés de Guatemala, el escritor Uruguayo Eduardo Galeano lo recrea magistralmente con su prosa poética. El fuego: “Las noches eran de hielo y los dioses se habían llevado el fuego. El frío cortaba la carne y las palabras de los hombres. Ellos suplicaban, tiritando, con voz rota; y los dioses se hacían los sordos”.
“Una vez les devolvieron el fuego. Los hombres danzaron de alegría y alzaron cantos de gratitud. Pero pronto los dioses enviaron lluvia y granizo y apagaron las hogueras”.
“Los dioses hablaron y exigieron: para merecer el fuego, los hombres debían abrirse el pecho con el puñal de obsidiana y entregar su corazón.
Los indios quichés ofrecieron la sangre de sus prisioneros y se salvaron de frío.
Los cakchiqueles no aceptaron el precio. Los cakchiqueles, primos de los quichés y también herederos de los mayas, se deslizaron con pies de pluma a través del humo y robaron el fuego y lo escondieron en las cuevas de sus montañas”.
Yo trato, como otros tantos, de dar seguimiento a los poetas y artistas muertos y vivos que parte de sus estudios lo dedican en buena parte a hurgar donde echaron encima un manto de brujería, hay que descubrir, hay que desbrujar sobre todo en el arte para encontrar en lo antiquísimo manifestaciones profundas y mágicas.
Desde joven la poeta Rosario ha buscado en lo embrujado del arte la armonía, los misterios debajo de la piel de las letras y las palabras para expresar algo más completo de nuestra identidad y los valores universales. La literatura o cualquier otro arte, sin misterios, sin magia, sin descubrimiento, no vibra.
Hay que buscar el eco de nuestros cantos. Cómo nos gustaría leer los 20 poemas de Netzahualcoyotl recogidos y archivados. Poeta que no busca las raíces de su pueblo, y lo universal, no tiene los pies firmes en la poesía. Esto lo sabía muy bien Rubén Darío. En América en vez de llamarle a los hurgadores de nuestro pasado brujos, sería mejor llamarles ¡poetas del desembrujo!