Opinión

Vendedor de ilusiones


Cada vez que se aproximan elecciones surgen al por mayor los vendedores de ilusiones. Pero en esta ocasión me referiré específicamente a uno de ellos: al candidato de cabello blanco nacido en Jinotega.
Cuando algún miembro de una familia logra llegar a ocupar un cierto nivel o capacidad, la cual puede ser, económica, política o social, los demás miembros de ese núcleo familiar esperan al menos poder compartir, disfrutar y, por qué no, también beneficiarse del logro de ese miembro de la familia. Y ésa fue la ilusión de quizás la mayoría de los jinoteganos cuando el señor José Rizo, en medio de las clásicas intrigas políticas, se logró proyectar hasta alcanzar la Vicepresidencia de la República.
Los jinoteganos nos sentimos complacidos de que un coterráneo nuestro hubiese logrado tal distinción, de manera ilusa creímos ciegamente que quizás uno de los problemas más graves que nos ha agobiado desde siempre podría recibir una especial atención, y al fin tendríamos la respuesta que como ciudadanos de uno de los más ricos departamentos estamos convencidos de que nos merecemos. Lo menos que esperábamos era una simple gestión del entonces vicepresidente José Rizo Castellón para lograr de una vez por todas que nuestro departamento se hiciera merecedor de una carretera con las condiciones al menos básicas para transitar por nuestros exóticos paisajes.
Resultaría interesante revisar los resultados electorales en Jinotega, que se ha caracterizado por ser un departamento donde el partido del hoy candidato rojo inmaculado siempre ha obtenido importantes victorias, y con ello se confirmaría que los jinoteganos ilusamente creímos que debíamos votar por un coterráneo para lograr ayudar a nuestro departamento a desarrollarse. Sin embargo, el hoy candidato presidencial el único aporte que hizo a Jinotega mientras fue vicepresidente fue acuñarle la despectiva y triste frase de “corredor del olvido”. Y le dio tanto valor a esa frase que hasta olvidó cancelar los impuestos de los bienes que posee en Jinotega, según su propia confesión, y no fue sino hasta que se lo recordaron en primera plana de este mismo diario que se dignó en cancelar (de manera parcial, oscura y dudosa) los impuestos que le debía a Jinotega.
Pero como todo tiene su precio y las cosas se pagan, la desilusión de los jinoteganos tiene un precio, y muy caro. Y estamos en época de cobrar facturas, para lo cual ya nos aprestamos. La simpatía en Jinotega por el señor Rizo no existe, al contrario, si se midiera el grado de animadversión y antipatía hacia un candidato, seguramente este mal hijo de Jinotega ganaría abrumadoramente.
Ahora resulta que ante la desesperación de los jinoteganos por el desastroso estado de la ya casi inexistente carretera Matagalpa-Jinotega, y ante la tardanza e indolencia de los funcionarios gubernamentales de transporte e infraestructura con la construcción de la carretera Jinotega-El Guayacán, surge y emerge como el ave fénix nuevamente el vendedor de ilusiones de los jinoteganos, y públicamente promete construir las carreteras justamente reclamadas por nosotros. Pero es tarde y, además, contraprudencente para el candidato pelecista, quien insiste en vendernos ilusiones.
Señor Rizo Castellón, ya los jinoteganos estamos cansados de esperar que políticos sin escrúpulos, ni principios, nos ofrezcan confites en el infierno. Con la sinceridad que a usted le ha caracterizado para con nosotros, me atrevo, en nombre de los jinoteganos, a agradecerle por su promesa, pero le decimos que no necesitamos promesas, y menos aún electorales; Jinotega necesita de acciones de sus verdaderos hijos, y lamentablemente usted ha demostrado no estar entre ellos. La suerte está echada.
Abogado y notario