Opinión

La autonomía escolar y la corrupción en las escuelas


IDEUCA
Como se explicara en artículo anterior, la cantidad de dinero que el gobierno de la República entrega mensualmente a los centros educativos públicos a manera de transferencia, al ser calculado según el número de estudiantes y no de las necesidades de cada centro según su realidad concreta y determinada, no es suficiente para satisfacer las mismas, lo que les obliga a cobrar por sus servicios y realizar un conjunto de actividades y gestiones orientadas a conseguir dinero con el propósito de darles solución. Siendo lo anterior un doble atropello, tanto en contra del Derecho a la Educación en Nicaragua y de los publicitados programas gubernamentales para reducir la pobreza de más del 80% de la población nicaragüense, como en contra de la propia función pedagógica y axiológica de los centros educativos escolares, al ser asimiladas y subsumidas a las más elementales maneras y modos del mercado, la introducción del dinero y el afán de lucro y ganancia a los aposentos de los recintos escolares trajeron consigo a su hermana gemela, indetenible, avasallante e incontrolable: la corrupción.
1. Las estadísticas a cambio de dinero
En el proceso mensual de transferir dinero del Ministerio de Educación a las escuelas, durante muchos años ha permitido a un sector de maestros(as) directores(as) y consejos directivos escolares, aumentar o reducir dolosamente los datos de matrícula o abandono escolar de los estudiantes, que se informan mensualmente a la oficina correspondiente a cambio de obtener mayores ingresos. Entre mayor cantidad de estudiantes son informados, más dinero mensual se recibe. Así para una escuela rural o urbana, para dos, para diez, para cien, para muchas escuelas del país. Un país, quizás el único del mundo, en el que es imposible saber con certeza cuántos alumnos están matriculados en el sistema escolar y cuántos abandonan (desertan) la escuela mensualmente.
Recientemente el ministro de Educación, Miguel Ángel García, destapó las mentiras del fraude en que encubrieron al modelo de autonomía escolar sus colegas en los años 90, afirmando que “de 1997 a 1998, la matrícula aumentó en 50 mil alumnos, que es el tope máximo que podemos tener por año, pero de repente, en 1999 aumentó a más de 90 mil. ¿Cómo?, se preguntó el ministro, “es imposible que aumente en más de 90 mil muchachos”. “No me da miedo decir la verdad, presentar la realidad, porque si no sabemos la realidad, nunca vamos a corregir las cosas que están malas”. La verdad a que se refiere el ministro, la explica así: “Entramos en el año 2005 y me encuentro con una cifra determinada de matrícula. Cambio la modalidad de las transferencias (con base en el número de estudiantes de los centros educativos), ejercitamos un mayor control sobre las escuelas y se nos baja la matrícula” (EL NUEVO DIARIO, martes 4 de julio 2006)
Esto obviamente contradice y desnuda una de las falacias más publicitadas a nivel internacional de la Autonomía Escolar, como es el uso de las estadísticas para propagandizar una supuesta alta permanencia y bajo abandono escolar producto de las bondades del régimen autonómico.
2. Maestros fantasmas–escuelas fantasmas
En abril de 2005, después de la huelga magisterial de febrero de ese año, cuando el Ministerio de Educación, obligado por la Confederación General de Trabajadores de la Educación de Nicaragua Cgten-Anaden, se dispuso a la tarea de contar cuántos maestros estaban nombrados en el sistema escolar, se encontró con sorpresas. Algunas de ellas fueron: en un buen número de escuelas era común y natural la existencia de “maestros fantasmas”, es decir, nombres de personas con cargos de maestros en las planillas de pago, que firmaban mensualmente el recibido, pero que no existían, eran nombres inventados, y el monto entregado, en algunos casos pasaba a engrosar los presupuestos escolares con la anuencia y permisividad de los consejos directivos, y en otros, pasaba a ser parte del presupuesto familiar de los beneficiarios. Hubo casos en que se encontraron que no sólo había maestros fantasmas, sino que también habían “escuelas fantasmas”, es decir, escuelas que no existían, existía la comarca de Estelí en que supuestamente funcionaba la escuela, pero allí nunca había habido escuela.
En el proceso investigativo MECD-Anden también se encontraron muchos otros casos en los que las principales víctimas eran los maestros. Se les contrataba por un período determinado, ellos trabajaban según contrato, pero a la hora del pago se les pagaba menos. Como contracara de este proceso, en el medio escolar es común escuchar de maestros que reprueban estudiantes para darles clases extraordinarias y cobrar por ese servicio, lo que fácilmente induce a pensar que el éxito, los conocimientos y los aprendizajes se pueden comprar con dinero y no a base de esfuerzo y sacrificio personal.
3. De tal sociedad, tal escuela
Si se toma en cuenta que toda esta intrincada madeja de “cuotas voluntarias”, “pulperías escolares”, kermesses, rifas, paseos, estadísticas infladas y maestros, estudiantes y hasta escuelas fantasmas, se da en el seno de la institución que la sociedad ha legitimado para educar y formar a las futuras generaciones de hombres y mujeres en valores sociales, morales y éticos, es obvio concluir que nuestra niñez y juventud se está formando en ambientes de aprendizaje poco propicios para la conformación de una ciudadanía y un país fundado en el trabajo honrado, el juego limpio, las cuentas claras, el dinero bien habido y la transparencia que permitan pensar el futuro con optimismo.
Nicaragua, en la actual etapa de su historia, es escenario de múltiples modos y maneras de prácticas corruptas, tanto a nivel de la administración pública como de las empresas y la banca privada. Los datos son apabullantes: un ex presidente de la República privado de libertad; dinero del Estado financiando partidos políticos en épocas de elecciones, carreteras privadas, joyas para las esposas, tarjetas de crédito y hasta becas de los hijos de altos funcionarios públicos; bancos que quiebran y gobiernos que usan los impuestos cobrados a los ciudadanos para pagar deudas privadas. Éste es el presente, pero el futuro amenaza ser peor si se recuerda que la escuela neoliberal de la autonomía escolar, en cuyas entrañas se sientan las bases del futuro del país, es parte del presente nacional antes descrito, por lo que es posible suponer que existe una íntima relación de doble vía entre sociedad corrupta y escuela corrupta, y que la segunda funciona como mecanismo de reproducción de la primera de cara al futuro de nuestro desventurado
país.