Opinión

Formación docente innovadora para una educación de calidad


IDEUCA
Los países exitosos en sus reformas educativas han orientado sus mejores y certeros esfuerzos a transformar la formación docente. Cada vez más, los cambios mundiales envuelven al país ubicando a la escuela en posición muy difícil, lo que evidencia que la formación del profesorado ya no es pertinente ni suficiente. Ya no basta con que éste aplique esquemas y conocimientos aprendidos en su formación; el desafío es grande, por cuanto se requiere, no un mero cambio del contenido de la formación, sino la transformación profunda de su enfoque. Los centros de formación docente del nivel primario y secundario –-Escuelas Normales y Facultades de Educación-– han de formar profesionales preparados y comprometidos con su trabajo, flexibles para dar respuestas a nuevas necesidades, innovadores y con capacidades y recursos para transformar la realidad inmediata. De hecho, la brecha que separa la formación que ofrecen las Escuelas Normales y las Facultades de Educación respecto a esas demandas, es profunda. Si embargo, todo esfuerzo por mejorar la formación no será exitoso de no ir acompañado de políticas que motiven a la profesión docente con mejores niveles de reconocimiento salarial, social e institucional. La campaña electoral se presenta como una gran oportunidad para ubicar el tema en lugar preferencial, en tanto cualquier programa educativo no tendrá concreción alguna si no dispone de docentes con formación alineada a las demandas del país. A continuación formulamos algunos de los ejes del enfoque de la formación, en torno a los cuales deberían girar todos los elementos que contribuyen al desarrollo de capacidades docentes.
1. Ambientes flexibles y cultura innovadora:
La nueva formación no reside en elementos nuevos o de moda que se incorporan de forma aislada a la formación docente, como ha sucedido en el país. Por el contrario, se trata de crear una cultura de innovación en actitudes, necesidades y expectativas ampliamente compartidas por toda la comunidad de formación (dirigentes, formadores, estudiantes), que se concreta en actitudes positivas en la búsqueda permanente de procesos de cambio comprometidos con la mejora constante de los procesos de formación y de sus resultados. Constituye una forma de ser y actuar de los centros de formación comprometidos, como instituciones inteligentes que cuestionan sistemáticamente sus prácticas e idean nuevas formas de pensar y hacer la formación docente. Procuran, siempre, alternativas ante los constantes desafíos, empeñados en superar las rutinas cotidianas. Para ello adoptan estrategias compartidas, como un todo, para alcanzar metas comunes en propuestas de formación capaces de responder a las necesidades de la escuela actual y la futura.
2. Con raíces profundas en los contextos
Las propuestas de formación docente surgen en la medida que la comunidad formadora estrecha profundos lazos con el contexto en tres dimensiones: en el entorno social y geográfico en que se ubica y al que responde, en la institución a la que se debe y a los antecedentes históricos que la han definido. Esto se concreta en la fuerte relación que debe existir entre los centros de formación docente, su propuesta pedagógica innovadora y la institución en la que se ubican, ya sea universidad (Facultades de Educación) o el Ministerio de Educación (Escuelas Normales). Difícilmente podrán surgir, con éxito, esfuerzos innovadores en la formación en un ambiente aislado y encapsulado respecto a la institución en la que se producen. Estos modelos de formación innovadores se ubican en entornos sociales concretos a cuyas demandas responden; ello exige que, a contextos diferentes entre sí, se deban asociar modelos innovadores específicos y no transferidos o “copiados al carbón” de contextos muy diferentes. La historia del país y de la formación docente ha demostrado que, en la medida que un modelo de formación docente marche al margen de las demandas sociales y geográficas, está llamado al fracaso. Por su lado, la historia de los centros de formación merece ser tomada muy en cuenta a la hora de definir cambios innovadores en la formación docente; en tanto estas propuesta respondan al carácter evolutivo que tiene la historia del centro formador, será posible el éxito de sus propuestas pedagógicas, de lo contrario, serán meros enclaves geográficos.
3. Propuestas pedagógicas y organizativas congruentes
Es claro que la propuesta pedagógica de formación ha de estar en el centro de atención, pero también lo es que la organización del centro ha de servir a estos propósitos, por lo que debe transformarse. ¡Cuántos centros de formación transforman sus contenidos curriculares, pero continúan con la misma estructura y organización anterior! Lo pedagógico sin cambios organizativos no es viable, y los cambios organizativos sin cambios pedagógicos no conducen a nada.
4. Filosofía y modelos teóricos claramente definidos
Una característica nada sana de muchos procesos de reforma educativa, evaluación docente, transformaciones curriculares y formación docente, es que no vienen acompañadas de un marco filosófico y teórico sólido y consistente que dirija las decisiones y estrategias de los cambios. Cualquier propuesta de cambio tiene, en el fondo, una filosofía explícita o implícita sobre el docente, el currículum, los contenidos de formación, la educación y la sociedad. La diferencia está en que, mientras en las reformas más sanas se explicita y concerta, en los procesos más contaminados por falta de transparencia, se oculta, quizás ante el temor de ser rechazado por los educadores y la sociedad misma, ante su inconsistencia frente a la visión amplia, flexible y contextualizada que demanda la educación. En tal sentido, tomando en cuenta que el país necesita una nueva propuesta de formación docente, es necesario abrir un debate público y especializado para responder a tres preguntas centrales: ¿Qué tipo de docente requiere el país?, ¿para qué modelo de sistema educativo? y ¿para qué modelo de desarrollo social? Las estrategias a aplicar no tendrán eficacia alguna de no tener claro este horizonte filosófico-teórico. Aquellas son un medio para lograr el fin; adoptar medios sin direccionalidad es transitar caminos erráticos.
5. Con capacidad endógena que surja de abajo hacia arriba:
Toda reforma de la formación docente impuesta o trasladada desde afuera está llamada al fracaso. Las experiencias vividas en Latinoamérica y el país nos confirman que para que la reforma de la formación docente sea exitosa, ha de partir de la iniciativa, el impulso y coordinación de esfuerzos desde el interior del centro de formación. Es posible y frecuente que sea necesario que las iniciativas iniciales provengan del exterior del centro, de la sociedad misma, pero tales cambios serán efectivos en la medida que la comunidad formadora asuma y lidere dicha transformación. Mientras los cambios en la formación docente provengan de decisiones de reforma educativa de los gobiernos como imposiciones desde arriba y no como decisiones desde abajo, el éxito será una simple quimera.