Opinión

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) desde la naturaleza humana y sus derechos


IDEUCA
Los ODM constituyen derechos humanos básicos, pero fundamentales en cuanto conforman una plataforma original y necesaria de los derechos humanos en amplitud y profundidad.
Los derechos humanos son en última instancia la realización plena del ser humano, en tanto su fuente original y su finalidad es la naturaleza humana en su dimensión de persona individual y social.
La naturaleza humana está dotada de propiedades que definen su carácter específico y único en el universo de los seres vivos. Es un organismo vivo, físico, con inteligencia, libertad, conciencia, capacidad de reproducción, de creación, de convivencia, de acción, de amor, etc.; realidad de potencialidades que necesitan ser activadas mediante procesos que las convierten en factores socializadores y de acción en contextos y circunstancias particulares.
Este conjunto de propiedades físicas, psicológicas, espirituales, ontológicas de la naturaleza humana son, por esencia, propiedades y facultades de socialización-acción con el imperativo de su realización, y la garantía de dicha realización adquiere realidad y valor cuando se realiza.
Esto significa que el ser humano en razón de su ser, es decir, sin que se le conceda dádiva o privilegio alguno del exterior, posee una serie de derechos y responsabilidades que le acompañan intrínsecamente. Ese conjunto de imperativos propios de la naturaleza humana social son los derechos humanos, que partiendo de su núcleo óntico original se despliegan en círculos concéntricos en correspondencia al amplio espacio del desenvolvimiento continuo que vive el ser humano en comunicación con sus pares, y en la dinámica del constante cambio y perfeccionamiento de la sociedad de la que son parte viva y activa.
De esta manera, esos derechos y responsabilidades inherentes al ser humano toman fuerza y se expresan como derechos civiles, económicos, políticos, culturales, de desarrollo, de los pueblos, de tercera generación...
La naturaleza humana se hace realidad en todos y cada uno de los seres humanos, todos somos ontológicamente iguales, somos idénticos en cuanto a seres humanos y diferentes en cuanto a personas individuales, somos a la vez universales y particulares.
De ahí que los derechos humanos sean universales, sus raíces están en la propia naturaleza humana, son por tanto inseparables, inalienables de ella. La amplitud y riqueza de la naturaleza humana los hace interdependientes y complementarios, conformando una verdadera unidad óntica y ética.
La propia naturaleza expresa el conjunto de sus necesidades y potencialidades en forma de una espiral y escala de desarrollo y de prioridades desde lo suyo primario como la vida, el alimento, el afecto hasta lo suyo en progresivo perfeccionamiento, como la educación, la equidad de género.
En este marco ontológico y social, firme, coherente y dinámico de la naturaleza humana tienen su origen, su razón de ser y su alcance los derechos humanos.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), con sus respectivas metas, constituyen imperativos básicos que dan origen y salida a derechos humanos fundamentales, es decir, a la naturaleza humana hecha ya persona, gente, comunidad, sociedad, pueblo, país, nación, humanidad, en síntesis, ciudadanía universal.
Es profundamente significativo que la Asamblea General de las Naciones Unidas en la alborada del nuevo siglo XXI, el año 2000, siglo que parece dominar con el pensamiento, la ciencia, la economía, la comunicación y la tecnología, todas las rutas del desarrollo, haya concentrado su atención, su poder, su legitimidad y su mandato en realidades básicas inherentes al ser humano como los grandes Objetivos del Desarrollo del Milenio. La Asamblea General ha comprendido de manera particular y urgente al mundo humano desde un horizonte de desarrollo, pero también desde la plataforma indispensable de los derechos humanos cuya negación lacera al ser humano e impiden su desarrollo.
Los ODM se centran en reducir la pobreza, el hambre, la mortalidad infantil y materna, universalizar la educación primaria, la equidad de género, proteger el medio ambiente y garantizar el desarrollo de todos. Alimento, salud, educación, género, medio ambiente y desarrollo. La ruta está trazada, pero el terreno está todavía virgen, ocioso y en cierto modo impenetrable en amplios grupos de la población.
Se trata de objetivos humanos básicos, indispensables para que el ser humano se realice y desarrolle como tal. Negarlos en la práctica, es negar la viabilidad del ser humano, el derecho a ser plenamente humano.
Por eso el Sistema de las Naciones Unidas a través de sus organismos y agencias ha asumido los ODM como el principio y fin de su quehacer universal humanitario y de desarrollo, acompañando y compartiendo con todos los países y gobiernos este extraordinario imperativo emanado de la naturaleza humana en forma de sus derechos y responsabilidades, y programado como tarea clave del siglo XXI por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
El Sistema de las Naciones Unidas está moviendo todos los resortes para que los ODM sean asumidos en Nicaragua en su verdadero carácter político, es decir, como el compromiso y quehacer de toda la polis, de toda la sociedad, encabezada por quienes administran el poder en sus diferentes versiones y niveles, poder cuyo origen y destinatario son las personas, la gente, los ciudadanos, en quienes radican los derechos humanos, fundamento de los Objetivos del Desarrollo del Milenio.
Se trata en definitiva de formular y ejecutar un programa de gobierno y de país cuyos nervios vivos sean los Objetivos de Desarrollo del Milenio, activando la estructura orgánica de los derechos humanos.