Opinión

Fidel y Cuba


La reciente intervención quirúrgica de Fidel ha ocupado la atención del mundo. Todos los medios de comunicación están pendientes de su evolución. Han publicado imágenes de las celebraciones de su enfermedad en Miami y de las muestras de pesar en La Habana. Se aprecia claramente que muchos lo aman y otros lo odian, que muchos lo alaban y otros lo vilipendian, que muchos reconocen los éxitos en materia social de Cuba y otros que consideran insuficiente las libertades, que muchos reconocen su terquedad, firmeza y consecuencia revolucionaria y otros consideran que está desfasado de estos tiempos, del mundo unipolar y dominio del neoliberalismo. Algunos lo ubican como un dictador, y otros como alguien que le ha dado voz, poder y beneficios a su pueblo. Su lucha sin cuartel por la independencia y soberanía de los pueblos, contra las políticas imperiales, contra la globalización y el neoliberalismo, contra el capitalismo, contra el empobrecimiento creciente de las grandes mayorías, contra la injerencia en los asuntos internos de los Estados, contra los males de la humanidad, lo convierte para muchos en el abanderado del bien, y para otros del mal. En fin, Fidel y la Cuba socialista han ocupado la primera plana en los medios internacionales, incluso por encima de las tragedias que enfrentan los pueblos de Palestina, el Líbano e Irak.
Obviamente, Fidel, baluarte insigne del ideario martiano, hombre de preclaras ideas, de acción, de lucha, de victorias, es uno de los personajes más importantes de este siglo. Junto con el Papa Juan Pablo II condenó todos los efectos nocivos del capitalismo salvaje. Junto a todos los dirigentes progresistas de este siglo participó y encabezó de forma beligerante y activa la lucha contra el colonialismo y el apartheid, principalmente en África. Su voz de denuncia sistemática se ha escuchado en todos los foros internacionales contra las guerras de intervención, los graves efectos de las políticas económicas de los países desarrollados, los daños al medio ambiente y todo lo que amenaza a la humanidad. Es de los gigantes latinoamericanos junto a Sandino, Martí y Bolívar.
Fidel encabezó la lucha libertadora del pueblo cubano contra la feroz dictadura batistiana y ha sido artífice, guía y conductor principal de un modelo de desarrollo basado en los más nobles valores humanos, que han dado el fruto de un pueblo instruido, de profesionales aptos para asumir grandes retos, que saben de su rumbo, y que no admiten engaños ni injerencias. Este modelo revolucionario ha conducido a Cuba en una potencia médica de sólido prestigio, con beneficios impresionantes en la salud de su población, y que alcanzan niveles en este rubro a los que no llega una buena parte del mundo desarrollado. Ha multiplicado arte de calidad, preservando su identidad nacional y tradiciones culturales, ha preparado atletas laureados mundialmente, formado hombres de ciencias, hombres admirados y reconocidos por el mundo entero, sencillos, perseverantes y trabajadores, cuyos descubrimientos son puestos al servicio de la humanidad. Este modelo, contrario y desafiante de la voluntad de los Estados Unidos, se ha construido durante más de 40 años a escasas 90 millas, con imperfecciones, necesarias de superar, lo cierto es que se ha preservado a pesar del derrumbe del campo socialista, del férreo bloqueo económico del que ha padecido, de agresiones armadas, y agudas crisis económica. Muchos criticarán a Fidel, pero nadie podrá negar su trascendencia histórica, el apego a sus principios, su terquedad por construir un mundo mejor y su actuar coherente con su pensar.
La delegación temporal de la jefatura del partido, Estado y Fuerzas Armadas en su hermano Raúl y otras responsabilidades a otros altos dirigentes cubanos ha sido considerada normal por la relación histórica de lucha y de trabajo de los mismos para los que desean la continuidad del socialismo, y rechazada para otros que desean la muerte de Fidel, porque consideran que con este acontecimiento será más fácil lograr la claudicación de la revolución cubana y su viraje hacia el capitalismo. De forma categórica se puede afirmar que el cambio de dirigentes cubanos ante un eventual deceso de Fidel no pondrá fin al bloqueo norteamericano, ni a la política hostil y sistemática de Estados Unidos hacia Cuba. Tampoco los opositores de la revolución isleña nunca aceptarán cambios de políticas que contribuyan al fortalecimiento del actual modelo social. Para este sector únicamente aplaudirían y aceptarían a dirigentes traidores o vacilantes y la adopción de políticas de sometimiento y claudicación. Sólo de esta forma considerarían que Cuba llenaría los requisitos para ingresar al gremio de los países democráticos.
Sé que hay quienes no toleran tantas verdades, y aunque proclaman una cultura de democracia, libertad de pensamiento, de mercado, libre empresa, no saben de ella, aunque sí de claudicaciones, sometimiento y traición; expertos en el arte de cerrar ojos y oídos ante verdades irrefutables. Muchos se autoproclaman humanitarios y paradigma de la defensa de los derechos humanos, y a la vez justifican guerras intervencionistas que causan la muerte de miles de niños, mujeres y ancianos inocentes. Hay algunos a quienes les duele que aún siendo Cuba un país pobre no haya analfabetos, ni niños durmiendo en las calles, ni personas que mueran por falta de asistencia médica, que los recursos que genera su economía sean utilizados para beneficio de su pueblo y no para ensanchar las arcas de gobernantes corruptos y grupos afines.
Esos, que ven las manchas en el sol y no su luz, nunca aceptarán la adopción de medidas necesarias para la defensa del pueblo. Les duele que Cuba siga su camino adoptando medidas que superen imperfecciones de su modelo, y creen que si Fidel faltare se extinguirá el proyecto revolucionario cubano, y es que desconocen la fuerza de las ideas y la inmortalidad de las obras forjadas con convicción, de un pueblo y dirigentes que ante tantas adversidades les importa menos la meta y más el rumbo, porque han decidido marchar con libertad y dignidad, construyendo su propio destino en beneficio de su pueblo.
Desde la tierra de Sandino deseo salud para Fidel y nuevas victorias para Cuba.