Opinión

Ortopedias


Andrés Pérez Baltodano me remite a una mentalidad “ilumunista” y esquemática (muy siglo XVIII) en su enquistado afán enmendador. Es decir, sus actitudes profesorales lo han llevado a sucumbir ante el síndrome “menendezpelayesco”, pues es fácil leer que oscila de una figuración extrema, muy a lo Duchamp, a una abstracción exagerada a la Miró, sin descifrar o resolver parte alguna de sus variables epistemológicas. Es decir, es apenas un trozo muy pequeño de la “ortopedia del yo”, la que funciona a través de su mecanismo correctivo y hasta punitivo en muchas ocasiones.
Pérez Baltodano ha venido asumiendo el papel de inquisidor por medio de la aplicación de una metodología y hasta teorías desfasadas en la mayoría de sus críticas. Es más, en uno de sus últimos intentos publicado el 27 de julio en la página de opinión se vale de Coronel Urtecho para criticar la propuesta de Jaime Morales Carazo; precisamente Coronel, uno de los vanguardistas menos vanguardia y que usó la palabra justamente para apoyar la falange fascista-somocista en nuestro país. La serpiente que se muerde la cola.
En el mismo artículo, el corrector Pérez Baltodano arremete contra mi persona por medio de una estrategia que, según él, solivianta la propuesta del escrito. Así que Pérez Baltodano cae en la trampa de la impertinencia literal (Ricoeur), por no ir más allá de sus propios esquemas, no llegó a entender jamás ni siquiera lo rizomático del asunto y se quedó gravitando en los trozos tanto del discurso de Morales como en pedazos de mi artículo.
En este sentido puedo decir que hay algo de Bentham en los clichés reformatorios de este señor, pues el péndulo al que se refiere para ironizar la propuesta del candidato a vicepresidente de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, Jaime Morales Carazo, no es el de Foucault-Eco, sino uno que sólo está en sus conclusiones descoyuntadas y encerradas en el panóptico disciplinario. Tanto es esto que en su último párrafo el profesor Pérez Baltodano en su pretensión de guía o sujeto mesiánico cognitivo se atreve a llamar al pueblo “ignorante y estropajo”, eso sí, encubriéndose en la narrativa de Cantinflas, usó la máscara o la máquina que insulta, denigra al sujeto no letrado (pueblo), como dice uno de los intérpretes del Antiedipo.
En este sentido se equivoca el profesor Baltodano, pues a mi buzón electrónico llegaron múltiples mensajes en el que se afirma que el escrito está claro, coherente con la salvedad que algunos de los firmantes disentían de las ideas básicas del mismo. Habría que escribir entonces en perspectiva 1 para que el profesor Baltodano capte, entienda, asimile y lo que es peor aún apruebe y pontifique con su crítica en grado 0.
Es por ello que Pérez Baltodano no supo posicionarse en la propuesta de Jaime Morales Carazo en la cual simplemente trataba de explicar que su planteamiento quiebra la rigidez del dogma, pues Pérez Baltodano está encerrado en la jaula de hierro weberiana. Habría que descoyuntar la metáfora, pues si lo hace le resultará o una falacia o un sin sentido a lo que habría que oponerle la verdad o la coherencia más purista e inquisitorial.
No comprende Pérez Baltodano que Morales Carazo está ubicándose en los espacios intersticiales que le permite la no inflexibilidad de su ideología, pues la alianza que firmó con el FSLN no implicaba la pérdida de su identidad o de su librepensamiento, lo justifica el desplazamiento de sus propios criterios. Esto es una clara evidencia del esquematismo de Pérez Baltodano que no permea más allá de sus cartografías y bocetos.
Por último, en lo que respecta a mi artículo, Pérez Baltodano fragmenta el escrito y no lo deconstruye. Obviamente no sabe cómo hacerlo, y lo ejercita a la vieja usanza como aquel periodista que descoyuntó la frase de un famoso cantaautor para causar un revuelo sensacionalista. O peor aún, no le simpatiza la idea que la reconciliación es revolucionaria porque quiebra el status quo de la polarización, de la dispersión. En este sentido, Pérez Baltodano parece evocar las ruinas que el paso del tiempo va dejando y que permanecen fijas en sus glifos mentales.

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