Opinión

¿Y la agenda cultural?


Con mucho interés, la ciudadanía está analizando las propuestas de los candidatos presidenciales, especialmente cuando se formulan con seriedad y no son simples promesas en el vacío, o “cantos de sirena”. Nos parece que los candidatos demuestran su respeto a la ciudadanía cuando hacen ofrecimientos concretos e indican cómo piensan cumplirlos y las fuentes de recursos que les permitirían llevarlos a la realidad. En cambio, evidencian falta de respeto, o la pobre opinión que les merecen los votantes, cuando se limitan a enumerar una serie de propósitos demagógicos, como si el electorado careciera del criterio para analizarlos, o se tratara de un rebaño de tontos.
Es lógico que los candidatos, en esta etapa, den prioridad a sus propuestas para combatir la pobreza y el desempleo, así como a las entidades que piensan crear, o fortalecer, para atender a nuestros sectores productivos, principalmente las medianas y pequeñas empresas, que son las que generan la mayor parte de los puestos de trabajo. Seguramente, después vendrán sus ofrecimientos concretos en cuanto a educación, salud, vivienda, medio ambiente, etc. En el caso de la educación y la salud, esos ofrecimientos deberían basarse en el compromiso de destinar, gradualmente, un porcentaje razonable del Producto Interno Bruto (PIB) a educación y salud.
Donde no hemos escuchado nada es en el campo de la cultura, tampoco para el sector de la ciencia y la tecnología, ambos de suma importancia en la sociedad contemporánea. En un próximo artículo nos vamos a referir a la agenda científico-tecnológica. Ahora nos limitaremos a reseñar algunos puntos que podrían incluirse en una agenda cultural para un próximo gobierno.
Todos sabemos que desde hace muchos años la cultura ha sido la “cenicienta” de los presupuestos nacionales, no obstante que hoy en día se considera la cultura como un factor de desarrollo. Es más, según la Unesco, el “desarrollo sin cultura es un desarrollo sin alma”. La Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales que la Unesco convocó en 1982 en México recomendó a todos los estados miembros la definición de políticas en el campo cultural “que protejan, estimulen y enriquezcan la identidad y el patrimonio cultural de cada pueblo”.
Hace algún tiempo, el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE) convocó a un selecto grupo de intelectuales y artistas, representantes de todas las ramas del arte, para conversar sobre lo que podría ser una agenda cultural de un gobierno que se propusiera atender, adecuadamente, este importante componente de nuestra identidad nacional. En esa oportunidad se abogó por fortalecer el Instituto Nicaragüense de Cultura de manera que esté en condiciones de diseñar y promover una verdadera política nacional de cultura, que en nuestro país desafortunadamente no existe.
En la reunión, a la que hemos aludido, se acordó que los puntos siguientes, entre otros, no podían quedar excluidos de una posible agenda cultural:
- Apoyar decididamente la creación artística en todas sus manifestaciones.
- Crear el Instituto de Estudios Darianos, que asuma como principal tarea la publicación de las Obras Completas de Rubén Darío y promueva la investigación y difusión dariana. La publicación de las Obras Completas de Darío es una deuda que Nicaragua tiene con su máxima gloria nacional.
- Crear el Premio Nacional de Literatura para reconocer la obra de nuestros mejores escritores. Sólo Nicaragua, que tiene poetas excepcionales, carece de estos premios.
- Elevar a nivel superior la Escuela de Bellas Artes y el Conservatorio Nacional de Música.
- Diseñar una política específica de protección de la memoria histórica de la nación y garantizar la conservación del patrimonio cultural nicaragüense, que está siendo saqueado o destruido, y organizar un inventario completo de nuestro patrimonio natural y cultural. Cumplir con las obligaciones que al Gobierno de Nicaragua le corresponden por ser las ruinas de León Viejo Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, según declaración oficial de la Unesco; lo mismo que “El Güegüence” como Patrimonio Intangible de la Humanidad.
- Facilitar el acceso de los ciudadanos a los bienes culturales, especialmente a los niños y a los jóvenes.
- Crear redes de bibliotecas públicas y escolares, así como estimular los hábitos de lectura, para hacer del país “Una República de lectores”, a como lo soñaba Rubén Darío.
- Promover el Turismo Cultural y Ecológico, dando a conocer nuestro país como un destino turístico cultural y ecológico que vale la pena visitar.
- Diseñar una política especial de desarrollo cultural para la Costa Atlántica que tome muy en cuenta sus especificidades culturales y étnicas. Declarar los idiomas de la Costa como parte de nuestro patrimonio inmaterial y tomar las medidas necesarias para su preservación.
Las políticas culturales deben ser elaboradas con la participación activa de todos los sectores interesados. En ellas debe contemplarse el importante papel que deben desempeñar la sociedad civil y el sector productivo en su promoción y financiamiento. Pero el aporte del sector privado no exime al Estado de su responsabilidad principal en la tarea de financiar el quehacer cultural, con pleno respeto a la libertad creadora.