Opinión

Populismo: palabra hechizada


Dios hizo las palabras y el diablo las maldijo, dijo el poeta. Hay palabras creadoras, sagradas; y otras diabólicas. En las luchas políticas, económicas y en los tiempos de campaña electoral parte de los protagonistas recurren a las palabras que el diablo ha manipulado, que el demonio ha hechizado.
Las palabras, como los seres humanos, nacen, crecen y se multiplican. Nacen sanas, tábula rasa; la sociedad pervertida las malea, las convierte en malas sobre todo contra los intereses de una parte de la clase media, de los pobres y paupérrimos en general.
Miremos un ejemplo: la palabra populismo como la palabra popular tienen que ver con la palabra o concepto de pueblo y con sus intereses desde que nacieron en aquellos remotos días, en la noche de los tiempos.
Al transcurrir las centurias, el uso vino afinando su pronunciamiento, sus acepciones y sus matices vinculados a los intereses vitales de la comunicación.
Cuando se vivía en aquellas eras del oscurantismo en el mundo de los reyes, los monarcas, los señores feudales, decían que ellos mandaban por voluntad de Dios. Los tales monarcas y sus camarillas eran dueños de todo, de hacienda y vidas. Todo lo que hacían no debía ser cuestionando por nadie, porque Dios así lo quería. Así nacieron y engordaron varios capitales.
Los pobres esclavizados apenas tenían derecho a los quejidos, a los lamentos. No aspiraban a nada porque nunca habían tenido nada. Y, además, si seguían pobres era porque Dios así lo disponía. Dios y los reyes; Dios y los monarcas; Dios y los señores feudales; Dios y la oligarquía. Eran esclavos de la Gleba.
Pero el mundo, el universo, siempre ha girado, por eso todo cambia. Llegaron los nuevos tiempos y la gente se dio cuenta de que las palabras eran un gran poder, que era la única arma que poseían; y supieron por los sabios de las palabras que era mentira que a los gobiernos les venía el poder de los cielos.
Se dieron cuenta entonces que todo había sido un fraude de los poderosos. Descubrieron la palabra pueblo y anotaron las derivaciones como popular, populista, etc. Inventaron la palabra democracia: del griego, gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Y hasta hubo partidos que se llamaron partidos populistas; y se convencieron para siempre de que el único poder que pone o que debe de poner gobiernos es el pueblo; y que el mismo pueblo debe de formar gobiernos.
Aprendieron así mismo que el pueblo debe salvarse el mismo, que debe unirse, que debía instaurarse para siempre el sistema democrático; todo para salvarse y para grandeza de la nación.
Desde 400 años antes de la Era Cristiana existía la ideología de la democracia en contra de las minorías esclavistas, de los partidos denominados despóticos y aristócratas; si no que lo digan los griegos.
Como se observa, desde los antiguos siglos fueron los pobres, el pueblo, los oprimidos, los que descubrieron la democracia y han luchado por instalarla.
Sin embargo, en los tiempos presentes se anuncian en todas partes y en distintos medios que los herederos de aquellos gobiernos despóticos son los democráticos, y parte del pueblo que se organiza son los antidemocráticos --¡Vivir para verlo! ¿Qué pasó?--, pues con los recursos que contaban los expoliadores usaron desde entonces todos los medios posibles para adulterar las palabras claves y confundir a los pueblos y evitar que el mensaje de su liberación no llegue a la conciencia de los pueblos, y que además rechacen a los que quieren organizarlos. Han hechizados palabras y las convierten en diabólicas.
Un solo ejemplo por hoy: la palabra populista todavía la conservan los diccionarios con su significado que tiene que ver con lo relativo a los intereses de los pueblos; sin embargo, la han convertido en un significado peyorativo; por ejemplo, alguien, o un dirigente, expone propuestas políticas en beneficio de los pueblos, inmediatamente los herederos de los aristócratas, de los oligarcas, lo señalan de populista, queriendo decir que las propuestas son mentiras, que quieren engañar al pueblo, o que no son viables, que son imposibles de realizar. Lo que no sé es si en el último año las Academias de la Lengua hayan caído vencidas con los cantos de Mesalina.
Esto de llamar populista en sentido peyorativo es algo viejo, pero esta práctica ha sido relanzada ahora que los pueblos latinoamericanos están instalando gobiernos verdaderamente democráticos.
La concentración y el discurso de Daniel Ortega del 19 de julio recién pasado impactaron por su fuerza y por las propuestas populares; rápidamente después los herederos de los monarcas le llamaron populista. “Ojo billar” con las palabras y frases diabólicas.
Decano de la Facultad de Periodismo Uhispam
trejosmaldonado@yahoo.es