Opinión

Existe el perdón ¿?


El perdón existe, pero resulta harto difícil poder concretarlo; casi siempre se queda en la prédica o, en su defecto, no se aplica en la dimensión esperada por todos, pues el humano, a pesar de que olvida con facilidad, tiene un sentimiento más fuerte a veces y sus intereses responden más al ego de no ser admitido como perdonado, simple y sencillamente porque existe de forma subliminal la “Ley de Talión”.
El nicaragüense es esencialmente cristiano, y mayoritariamente creemos en Cristo – Jesús, sin embargo, nuestro pasado, confrontado en todos los aspectos o estadios de la sociedad en la cual hemos convivido, nos dice mucho respecto de nuestro comportamiento, ya que está más ligado al sufrimiento secuencial, es decir al estigma poderoso que todavía no nos los hemos podido quitar, pues el engaño ha sido la piedra angular utilizada, y esa actitud endurece nuestros espacios de perdón.
El Papa ha pedido perdón y los más de un mil millones de católicos es probable que le hayan tomado la palabra, pues la Iglesia se ha manejado fundamentalmente con el dogma, sin embargo, existen otros tantos que dudan de dicha expresión porque la consideran como una forma de recuperar valores frente a las debilidades del Vaticano.
Nuestra sociedad vive perdonando a los políticos cada vez que a ellos se les antoja ser perdonados a través del voto, dizque democrático. Se dice tanto que a veces llegamos a creer la certeza con que se cuentan los hechos; apareciendo entonces aquella frase demoledora de que el fin justifica los medios.
Nicaragua es un laboratorio bastante difícil para el verdadero perdón. Somos humanos, pero a la vez exigimos oportunidades a quienes, no importando lo que sean, nos puedan dar la oportunidad de salir de la perennidad del olvido, pues no sólo el que hace daño físico es cuestionado de ser perdonado, lo es también aquél que teniendo los recursos no los articula o los socializa para la verdadera comunión del pan.
Si alguien pide el perdón se le acepta en el momento, pero el ego lo desdice, pues quienes adversan el perdón del señalado no dan cabida a que realmente sea real y sincero, y más bien se cuestiona desde la única óptica que existe: la terquedad de no admitirlo, porque precisamente ellos consideran de que como están en la otra acera se consideran inmunes al perdón.
Incluso, no cabe espacio que pueda albergar algún margen de aceptación. Todos cometemos yerros, el mismo capital se ha empantanado; ése que será necesario dé oportunidad a quien realmente siempre le ha brindado en bandeja, condonaciones y créditos para reivindicar el agro vital de nuestro país.
Docente UNI