Opinión

¿Y si no hubiesen muerto los héroes?


Julio es un mes de victoria para Nicaragua, lleno de luto pero de victoria para un pueblo que acabó con una tiranía. Ya pocos recuerdan a los héroes y mártires que dieron su vida por la patria; a veces para otros suenan estas frases como algo trillado y salido de gargantas llenas de telarañas históricas; para otros el recordar a los héroes es como si les golpeara la conciencia por la culpa de haber traicionado todos esos sueños de jóvenes llenos de vida. Es difícil que haya quienes no tengamos que sufrir el recuerdo de algún familiar caído en la lucha o víctima del genocidio de la Guardia Nacional de Somoza.
Las cosas así son en la vida, caen los mejores compañeros y a veces sobreviven los peores que se aprovecharon de esas muertes para convertirse en aquellos miserables igual de despreciables como aquellos blancos a los que apuntaban los libertadores caídos.
El movimiento revolucionario nicaragüense surgió por una demanda popular, por la ideología heredada de Sandino, por una bandera nacionalista y que cobijó a los más desprotegidos, por una mística de austeridad y sin aspiraciones presidenciales ni de puestos públicos; es así que plantea el sustento del movimiento Carlos Fonseca, Santos López y Silvio Mayorga, así pensaba en ese momento Tomás Borge. Por esa ideología y promesas de cambio es que la guerrilla fue saliendo de la oscuridad, eso motivaba el valor de muchos jóvenes casi niños que abandonando sus casas se comprometieron con su pueblo.
Esta mística fue la que impulsó y le dio fuerzas sobrehumanas a los comandos que asaltaron la casa de Chema Castillo, a los que tomaron el Palacio Nacional, ésa fue la luz que iluminó el alma de aquellos que no pudieron ver el triunfo de esa revolución que pertenece a todo un pueblo y no a una familia que mangonea a un partido político como quien maneja un circo que sólo beneficia a sus hijos con los principales puestos dentro de esa estructura familiar.
Me pregunto: ¿qué pasa si no hubiesen muerto los héroes?, ¿cómo habría sido la conducción revolucionaria con la Dirección Nacional histórica?, ¿qué tal si estuvieran al frente de la lucha post revolucionaria los valores de Silvio Mayorga, los pies descalzos de Jorge Navarro forjados en el zuampo de bocaysito, las sabias poesías de Leonel Rugama, la astucia de Julio Buitrago?
Imaginémonos un triunfo de la revolución iluminado por los enormes ojos de la gata Murguía, una conducción sólida con la fuerza del danto Germán Pomares, unos hospitales para pobres dirigidos por la experiencia de Oscar Danilo Rosales, organizaciones de mujeres sin discriminaciones políticas encabezadas por la chinita Arlen Siu, Luisa Amanda Espinosa y Araceli Pérez.
¿Acaso se habría permitido la destrucción de un partido revolucionario, si supervisar esto le correspondiera a Eduardo Contreras?, ¿se permitiría la usurpación de los bienes de todos si el encargado de la transparencia partidaria de los sandinistas estuviera en las manos de Pablo Úbeda?
Estoy seguro de que no se habría permitido la manipulación religiosa con el ejemplo inclaudicable de el padre Gaspar García Laviana. Me parece que no se habría descuidado a las comunidades indígenas con la sencillez de Pedro Félix Carillo, la capacidad organizativa y la experiencia de Róger Deshon sería clave en la unidad de aquellos que lucharon por una causa justa.
Me parece, sin duda alguna, que no existiría un pacto asqueroso con los corruptos si tuviéramos las opiniones de Camilo Ortega, Israel Lewites, loa sindicatos populares no venderían sus intereses con la vigilancia moral de José Benito Escobar.
Si todos estos héroes estuviesen vivos habrían criticado fuertemente a aquellos héroes que sobrevivieron y que ahora están enfrascados en sus intereses personales dándole la espalda a un pueblo que los llevó hasta donde están ahora; estarían luchando sin cuartel por el pueblo y contra la corrupción Mauricio Valenzuela, Joaquín Cuadra, Humberto Ortega, Javier Carrión, Jaime Wellock y Sergio Ramírez.
Si todos los héroes estuvieran vivos me pregunto si todo sería como yo me lo imagino o si estaríamos peor. No creo esto último, pero también es obvio que de todos los que participaron en la lucha, la mayoría están decepcionados con todo lo que ocurre en el país; hasta el momento quienes decían representarlos se han convertido en los nuevos empresarios y ocultando la verdad de el patrimonio con el que cuentan y que sólo se benefician unos pocos con semejante capital.
Lo fundamental en todo esto será que nos irradiemos de todos esos ideales. Desgraciadamente ya no podemos revivir a todos estos héroes, pero su mística y sueños los podemos rescatar, así como surgieron los comandantes que al igual que Sandino lo hizo general su ejército, así mismo podemos degradar a esos comandantes guerrilleros y de la revolución que no han cumplido con su parte con el pueblo, podemos democionar a aquellos que se han corrompido y enriquecido a costa de la sangre victoriosa de julio.
El momento del relevo está atrasado, nos corresponde a todos aquellos que estamos comprometidos en la lucha contra la corrupción de los ideales más puros tomar esa bandera. No es fácil, pero la marcha de la naturaleza no le garantiza a nadie un puesto eterno. Así como se luchó contra la dictadura de la misma forma hay que luchar por recuperar las esperanzas de los pobres. No estarán eternamente ahí, usurpando nuestras ideas, no debemos tener miedo de imitar a los héroes caídos; su memoria nos fortalece, necesitamos más héroes que sobrevivan en esta lucha. Ya no queremos más mártires, queremos seres pensantes e inteligentes que sustituyan a los oportunistas; es tiempo de nuevas proclamas no clandestinas, es tiempo de vivir como los santos de Rugama, despertemos de este letargo y con la fuerza de un voto limpio acabemos con las nuevas dictaduras de derechas e izquierdas. Yo no tengo miedo de luchar, los héroes caídos me inspiran, la memoria de mi padre y mi primo guerrillero me acompaña, y ustedes, ¿no quieren salvar los sueños de sus héroes?

León, julio de 2006