Opinión

¿De qué color es la nieve?


Sin duda, el concepto de ideología es uno de los más debatidos, complejos y relativos de las ciencias sociales, y es precisamente en este campo donde la actual campaña electoral intenta situar al electorado nicaragüense. Las ideas, las concepciones, las representaciones y hasta el lenguaje que se están utilizando para ganar simpatizantes muestran con claridad este afán por parte de los diferentes partidos políticos en contienda.
Aparentemente esto es normal, ya que la ideología, como parte de la lucha por el poder, se concibe muchas veces como un conjunto de ideas y valores concernientes al orden político. Lo inquietante es que este concepto se esté aplicando de manera abstracta e independiente de los distintos sectores sociales y de la estructura económica del país. En este sentido, los partidos están conformando una especie de ideología de moda, funcional a la circunstancia electoral, procurando ganar los comportamientos colectivos e individuales por efecto de argumentos ideologizados.
De manera consecuente los mensajes emitidos por muchos de los voceros partidarios no abonan a la producción de una conciencia crítica, producto del análisis de la población, sino a un estado de incertidumbre, en el cual predomine la construcción de estereotipos sobre los adversarios y la ridiculización de sus vidas y acciones y hasta de sus aspectos físicos.
En esta lógica, el sentido común entre la población podría distanciarse de las oportunidades concretas que tienen los partidos políticos para cumplir sus promesas. Lo ideal sería que la población tenga el poder de decidir, con base en información, sobre la forma en que debe ser organizada esta sociedad, así como los rumbos a los cuales tiene que sujetarse la economía nacional.
Ése debería ser el camino para que lo ideológico, en un determinado momento, no induzca a muchos a volver la mirada hacia los discursos donde fulguran los rostros sonrientes de los candidatos, dejando en el olvido los modelos posibles de sociedad.
La ideología es tan poderosa que la agrupación que obtenga la hegemonía en este campo seguramente podrá alzarse con la victoria electoral. Si la población no se informa a fin de dictaminar sus juicios oportuna y libremente, podría ser perturbada por el halo mágico de las ilusiones y terminar repitiendo consignas y líneas propagandísticas.
De seguir la lógica de algunos partidos, las y los electores corremos el peligro de estar como en la famosa historia de los dos hombres que discuten intensa y agresivamente sobre el verdadero color de la nieve, sin querer percatarse de que cada quien tiene puestos sus anteojos; uno de ellos con lentes de color verde y el otro oscuro.
Bajo dicha ilustración sería una pena que la gente culmine trasnochada la avalancha proselitista y que, al llegar el momento cumbre, muchos se encuentren preguntando con angustia: ¿de qué color es la nieve?
El autor es sociólogo
E–mail: gustadol31@yahoo.com