Opinión

De los pactos y su necesidad


El pasado 10 de junio del presente año el joven escritor Nicasio Urbina nos obsequió un excelente artículo de opinión titulado “La Política Güegüensina”. Comienza evocando el parlamento 153 del Güegüense y sus ofrecimientos al Gobernador Tastuanes (promesas parecidas a las hechas por los políticos), para cerrar el primer párrafo con una sentencia: “Nadie puede gobernar en Nicaragua en las condiciones actuales sin pactar con el comandante Daniel Ortega y sus hordas de secuaces”.
Históricamente, nuestro país se ha debatido entre pactos y repactos (por decirlo modernamente) y esta verdad histórica nos lleva a la aceptación ineludible de que se tiene que pactar con el adversario político para poder gobernar nuestro país. “El régimen más favorable para la libertad general es el de la democracia, extendida en forma de derecho de participación en asambleas y tribunales de todos los ciudadanos (Aristóteles, Política 1298, Texto XII 1320, Texto XIII).
De manera que no podemos ignorar lo anterior para entender como Estado de Derecho (al decir aristotélico) aquél en el cual impera la ley y está por encima de todos. Para continuar en esta línea: el régimen capaz de llegar a gobernar una ciudad determinada para que sus ciudadanos alcancen el mayor nivel de felicidad es el de la democracia. Hasta allí estamos hablando de un Estado ideal.
Pero, desafortunadamente, nuestro país tiene muy poca historia de vida política independiente. Apenas 185 años (ni siquiera dos siglos). Creo que a pesar de todo hemos avanzado lentamente y hoy en día estamos tratando de avanzar un poco más. No obstante, es de suma importancia recordar la política Güegüensina, de la cual nos habla magistralmente el catedrático y director de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Cincinnati.
De la única manera que podríamos salir adelante no es satanizando los pactos (como hacen “políticos pulcros”), sino más bien, logrando que el próximo presidente de Nicaragua, con el apoyo del Ejército y la Policía llame a una Constituyente. Y aunque Nicasio Urbina lo considera como una quijotada, existe una posibilidad real.
¿No que los halcones tienen horror al retorno de Daniel? Pues bien, Mr. Negroponte, deje de apoyar la división del liberalismo y usted verá que cosas pueden pasar en Nicaragua sin necesidad de derramamientos de sangre. Ya verán en el Departamento de Estado cómo los liberales mantenemos el sistema democrático, recuperado el 25 de abril de 1990.

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