Opinión

A los candidatos presidenciales


Los veo tirantes, irritados y amos, como si quisieran manifestarnos que en las esferas gubernamentales a secas ordenarán ustedes y nadie más que ustedes. Más todavía, los observo fastidiados ante la actitud de sus contendientes, quienes no hacen más que responderles con la misma moneda manipulada por ustedes desde el comienzo de sus aspiraciones presidenciales, negándose a conversar y culpándoles de carecer de lealtad constitucional.
Es decir, pienso que están ustedes un tanto irascibles con todos aquellos nicaragüenses que, al cabo, discrepan de su conducta política y también de su correspondiente belleza, con exactitud, un tedio para todos los que aún conservamos el ultrajado espíritu de la transición, tan habituado. Un legítimo hastío.
Puesto que el último compromiso de la áspera situación por la que cruzamos lo tienen ustedes, que gustarán de los almíbares de un presidencialismo de agudo voltaje, no libre de innegable profetismo radical, sus antecesores, aquellos con una religión perdida, pero lo de ustedes, sin embargo, más comprometido, ya que se trata de un convencimiento de estar convocados a transfigurar el contexto total nicaragüense, como ambicionando situarlo en otros escenarios, estropeados tanto por sus útiles errores como por el integrismo. No es sensato que se encolericen con los demás cuando la cisura la han elaborado ustedes con la atractiva asistencia de ciertos personajes, tan dispares pero tan participantes cada uno en su labor política. Apropien su responsabilidad.
Conjuntamente, tal vez, las cosas terminen por surgirles totalmente bien, podría ser que aparezcan con bastante talante democrático y legislativo y planteen algún arquetipo de pausa que ceda paso a expectantes pactos, con el desembolso del costo predecible por todos y cada uno de nosotros. Puesto que no hay armonía sin enajenaciones de ambas partes, importe lo que importe a las víctimas, tan ávidas en su razonable lamento por las calles nicaragüenses y tan alejadas de sus políticos proyectos; podría ser que, de perfil a las elecciones de 2006, ustedes logren ostentar ante Nicaragua entera ejecuciones excesivas y formidables. Tengo la apreciación que así acontecerá.
Ante tales apariencias no serán competentes de invitar a la oposición a una intervención diáfana y dialogada en una y otra situación, la territorial o la antiterrorista, para que, al hallar soluciones, no se cambien en impulsos de pugilatos aún acrecentados y, no obstante, menos íntegros para todos los nicaragüenses de bien. No les escribo como uno más de sus aláteres que suelen ceder con un gesto insolente; les escribo desde la oscuridad, ya que más anarquía, no. No más defraudes, vacíos de fe política y hasta humana. Me gustaría que lo pretendieran de verdad.
Está claro que sus antagonistas deben salirles al paso sin ánimo destructor alguno, no como quien burla intelectualmente al adversario. Tengo la certeza de que las campañas políticas y estructurales del cabecilla en oposición no son las superiores para esta faena de simpatía dialogante, además, en este caso, el último débito es de ustedes, que nos crearan anhelos de un viable centrismo generoso, todavía no asumido por los nicaragüenses desde la ineludible autocrítica, ya que sus contendientes inquietan excesivamente.
Y toda esta articulación se da cuando pareciera que la economía empieza a rehabilitarse, como caución del futuro, si se lo admiten. Es indiscutible que la falta de competitividad y el déficit exterior generan enigmas, pero por al instante los inmigrantes nos ayudan a remediar el ambiente, mengua el desempleo y la Seguridad Social intenta salvaguardarse. Quiero decir que mientras los nicaragüenses trabajamos muy bien y ponemos todo nuestro esfuerzo, ustedes nos insinúan con enviarlo todo a hacer enjuagues por desvaríos personalistas y sometidas políticas de partido. ¿Ignoran el ridículo que hacen y hasta qué punto asesinan la quimera política de las descendencias más recientes?

Total, estimados candidatos presidenciales, repatríen al consenso con la sociedad civil y no pretendan instituirlo todo desde un intentado simulacro. Por primera vez escúchennos a los que, desde la libertad de sensatez, indicamos la voz como la mejor herramienta política para el futuro de todos. Ya que, de concederse en manos de sus socios más sectarios, que existen y cada vez en superior cantidad, terminaremos por determinarles como riesgos públicos para la Nicaragua que no concierne.
Asístanse y déjense asistir por la voz del pueblo. A partir de aquí, y constantemente, defenderemos nuestro vigor crítico porque “lisonjeros” seguro que tienen en cantidad.

La autora es escritora y MSP en Salud Pública.