Opinión

Un nuevo triunfo de los pueblos indígenas


I

El día 29 de junio recién pasado, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas aprobó por mayoría de 30 votos a favor contra 17 y 15 abstenciones de los países miembros la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas del Mundo. Se trata de la coronación de un esfuerzo de veintidós años para proteger los derechos históricos y las libertades fundamentales de los pueblos indígenas cuando se adopta un proyecto de declaración sobre el tema en el marco de la ONU. En efecto, durante más de veinte largos años, los delegados de los estados nacionales y los representantes de los pueblos indígenas se negociaron en el marco del Grupo de Trabajo sobre las poblaciones indígenas de la Subcomisión de la otrora Comisión de Derechos Humanos, en Ginebra, Suiza. En ese sentido, resulta relevante la negociación de esta declaración entre los estados acreditados por los gobiernos con la participación de las víctimas de las negaciones y violaciones de los derechos de los pueblos indígenas. En adición, ésta es la primera vez que la organización mundial aprueba un texto de declaración sobre los derechos y las libertades de unos pueblos particularmente vulnerables en el mundo contemporáneo.
Cabe indicar que para llegar hasta la declaración, se tuvo que recorrer un largo camino, el cual se inició en el año de 1923, cuando el jefe Haudenosaunee (Seis Naciones) Deskaheh viajó desde Canadá a Ginebra para hablar a la entonces Sociedad de Las Naciones, y defender el derecho de sus pueblos de vivir conforme a sus propias leyes, dentro de sus propias tierras y bajo su propia creencia. Aunque al jefe Deskaheh no le fue permitido tomar la palabra en la asamblea, regresó a sus pueblos al año siguiente, pero su visión alimentó a las generaciones futuras y a los líderes de los otros pueblos indígenas que siguieron su lucha y su beligerancia tanto a nivel de sus respectivos países como a nivel internacional, hasta alcanzar hoy este triunfo para los derechos humanos de todos los pueblos indígenas del mundo. Claro está, para ello los representantes indígenas entre los cuales participé en varias sesiones de trabajo, año tras año en las negociaciones de Ginebra, tuvimos que persistir en nuestros esfuerzos con paciencia y unidad, mostrando en todo momento capacidad de debate substancial, con posiciones coherentes con el derecho internacional, y nos mantuvimos vigilantes en contra de las fuerzas estatales opositoras de la declaración.

II

Sin duda, la lucha, la voz y el sufrimiento de alrededor de 400 millones de indígenas en aproximadamente unos 70 países en todo el mundo, en esta ocasión se ha visto y escuchado por la mayoría de los miembros del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. De forma tal, ahora le toca a la Asamblea General del Organismo Mundial en su 61 período de sesiones en septiembre próximo, refrendar sin vacilaciones y tardanzas dicha declaración universal. Esto resulta imperativo, cuando la misma declaración sienta bases nuevas para una relación saludable de cooperación y de igualdad entre los pueblos indígenas, los estados nacionales y los restos de las sociedades de los países. En todo caso, uno de los resultados importantes de las negociaciones entre los delegados gubernamentales y los representantes indígenas en el marco de la declaración, ha sido que a través de las diversas expresiones de nuestros pueblos indígenas, algunas de ellas en nuestras propias lenguas, hemos podido educar a la comunidad internacional sobre el status, los derechos y las condiciones de vida de nuestros pueblos indígenas en todos los rincones del mundo.
De igual forma, la aprobación de esta declaración es un paso decisivo en la consolidación de estándares internacionales sobre los derechos humanos de los pueblos indígenas. Un nuevo paso para el reconocimiento y posterior demanda y exigencia de los derechos de nuestros pueblos alrededor del mundo. Cabe agregar, mientras el reconocimiento del carácter específico y fundamental de los derechos humanos individuales y colectivos de los pueblos indígenas resulta trascendental, es su implementación en el ámbito de las comunidades lo que tendrá un impacto y dará a nuestros hijos la esperanza de un futuro en el que sus vidas, sus derechos e identidades serán respetados. Aunque habría que anotar, uno de los argumentos que se han esgrimido de parte de sus detractores irresponsables en las sesiones de negociaciones, es que la declaración podría obstaculizar la integración nacional de los países. No obstante, a todas luces, el único límite resultante, a como señala el diplomático peruano Luis Chávez, el presidente relator de la declaración, es el respeto de los derechos de los demás.

III

Cabe destacar, que la Declaración reconoce el derecho de nuestros pueblos indígenas a la libre determinación, y establece que deben dar su consentimiento a la explotación de los recursos naturales dentro de sus tierras, y limita las actividades militares sobre esos territorios. Además reconoce los derechos colectivos de esos pueblos, tales como la preservación de sus valores culturales y de su identidad étnica, y la protección ante cualquier intento de expulsión de sus territorios ancestrales. Sin embargo, como declaración se trata de un instrumento que no es de obligatorio cumplimiento por parte de los Estados, aunque ya muchos sectores indígenas y no indígenas la vemos como la base de una futura convención que sí tendrá ese carácter.
De cualquier modo, con la aprobación de la Declaración se avanza un paso más hacia el reconocimiento pleno del derecho a la libre determinación de los pueblos indígenas para preservar y fortalecer sus diversas instituciones políticas, jurídicas, económicas, sociales y culturales. Este derecho a la libre determinación es significativo para que nuestros pueblos indígenas decidan por ellos mismos, por un programa de autodesarrollo desde su propia visión económica, social, cultural y política, dentro de sus respectivos países, en los que se encuentran actualmente insertados.
En conclusión, la aprobación de la Declaración, gracias a la iniciativa decidida de los países como Guatemala, México, Perú y otros, es un triunfo y a la vez un desafío, pero este desafío, envuelve el deber que lleva a los pueblos indígenas a valorar sus actuales debilidades, para poder emprender un camino mucho más fuerte y decisivo, lleno de lucha, a fin de transformar las estructuras neocoloniales y asimilacionistas persistentes en los actuales estados nacionales, en estructuras integrales más humanas y justas con visión indígena de la armonía, equilibrio y solidaridad. Así sea.

*El autor es el dirigente principal de Yatama.