Opinión

¿Reconciliación en el silencio de un minuto?


Otra vez Caresol estaba hasta que rascaba por hablar: “Desde que Carlos Flores vio a Daniel a caballo y con capa de supermán, ha quedado tan deslumbrado por el atuendo y la cabalgadura, que llegó hasta proponerme que nuestras pláticas, en el futuro, fueran de montados y no de caminantes. Es que para él aquello fue como ir a un circo mejor que el de los hermanos Roca, y experimentó la sensación, me confesó, con aquella entrada triunfal de Daniel, de estar asistiendo a la inauguración de la temporada circense más espectacular en la historia, pues todo caudillo o dictador del pasado quedó superado por aquella alucinante coreografía sicodélica. Quizás, agregó Carlos Flores, no hubieran estado de más Tomás Borge y Bayardo Arce con bombos y platillos abriendo paso, a paso de guerra popular prolongada, a aquel desfile equino e insurreccional”.
Sonrojado, Carlos Flores protestó: “Ustedes viven poniendo en boca mía cosas que no he dicho. Un día van a salir jodiendo a la Yadira por culpa de sus bromas, y conste, no es que no esté de acuerdo con lo que ustedes dicen que yo digo, sino que como aquella periodista que presenció el accidente donde perecieron los muchachos Roiz-Cantillano, no puedo mantener lo dicho. Ya ven que ni minuto de silencio les dedicó Daniel, y yo sí, a la hora de la hora quiero mi minuto de silencio, aunque sea de parte de ustedes, que ya es mucho pedir”.
“¡Eso sí que no! -exclamó el de Managua mientras Currie y Sanjinés no se aguantaban la risa-, a nosotros no nos vas a pedir un minuto de silencio, aunque fueras un traidor a nuestra causa de caminantes. Lo que te prometemos es no parar de hablar de vos durante varias caminatas, y para hacer más verosímil esta promesa, te adelanto que vamos a invitar a la María López Vigil para que, junto con Sanjinés, cada día de tu ausencia inicie el tema Carlos Flores, y nosotros los vamos a secundar. Como ves, no va a haber un minuto de silencio, sino imparables minutos de charlatanería en tu memoria. Porque te voy a decir una cosa: Nosotros, los caminantes, no andamos con hipocresía poniéndole a los hermanos lápidas disfrazadas de minutos de silencio. Nosotros, como buenos platicadores que somos, les ponemos palabras a los ausentes. Palabras que son vida. Algo así como hacer de la carne un verbo encendido. ¿Pero, cuál es la prisa de irte, si como decía el camarada Carlos González, en este país no se gana pero se goza?” Fue aquella mañana cuando Carlos Flores, convencido por tan sabia argumentación, renunció a su minuto de silencio.
Cambiando de tema, el de Masatepe dijo: “Cada vez que leo articulillos de opinión en internet, me convenzo que hay escritores hermafroditas: Tienen dos sexos y los acomodan a las demandas de la vida, porque según dice Lagartoparado, en la muerte se tiene que ser casto. En fin, que lo moral como patrón de conducta, se les vuelve una especie de onanismo. Hay otros, como una señora a la que rebatió Hugo Torres, que tienen tal fe en la inmortalidad, que le escriben a los muertos para denigrarlos. También otros, analistas políticos de profesión, que dicen estar al servicio de la imparcialidad, y todo el mundo entiende que están al servicio de su majestad la reina: Son los escritores chompipes que, como decía el P. Angel Martínez, cuando levantan el plumaje enseñan el culo. Eso es lo que más me gusta de una página de opinión pluralista como ésta, y sobre todo cuando escribe gente verdaderamente ecuánime, como el Dr. Carlos Tünnermann, a quien en la contraparte ya quisiera llegarle a su altura el Dr. Alejandro Serrano, quien sin embargo, según el Dr. Ernesto Castillo en su libro titulado “Historias para ni medio contar”, siempre ha sido un buen discípulo suyo”.
Watson interrumpió para decir “No se a qué viene tanto cuento, pero me parece más importante lo siguiente: Una celebración de altura, dice en un anuncio y en nombre del Gobierno de la República, la Empresa Administradora de Aeropuertos Internacionales (EAAI), a propósito de la finalización de los trabajos en el Aeropuerto Internacional de Managua, pero no dicen que dicho aeropuerto se llama AUGUSTO CESAR SANDINO. ¿Por qué ocultan el nombre? ¿Será porque con la misma sinceridad con que Daniel habló de reconciliación en la Plaza de la Fe y pidió un minuto de silencio por el hasta hace poco, según él, traidor Herty Lewites, este Gobierno de la República quiere hacer de todos los días de su gobierno, un silencio sobre Sandino? ¿Acaso no sabemos que es la arbitraria obsesión de Bolaños cambiarle el nombre? Ni la reconciliación se puede dar en un minuto de farsa electorera, ni hay silencios que duren tan solo un minuto por los héroes y por quienes, en su momento y ateniéndose a cualquier consecuencia, enarbolaron la causa del pueblo. Un minuto de silencio jamás enterrará el estruendo de una causa”.

“Elemental, nuestro querido Watson”, dijeron todos.