Opinión

La evolución de los principios ideológicos de los partidos políticos


Anteriormente, en la historia de Nicaragua se escuchaban dos dimensiones ideológicas opuestas, entonces no existían otras opciones más que seguir el modelo de América Latina, que eran los partidos Conservador y Liberal. De antemano sabemos que el primero representaba a la clase burguesa y estaba compuesto por los terratenientes, empresarios, militares y la alta jerarquía católica; mientras que el segundo se trataba de la clase media y los pobres, es decir, estaba compuesto por los pequeños y medianos comerciantes, intelectuales, obreros, campesinos e indígenas.
El principio del liberalismo era bueno, en éste se hablaba de libertad y justicia social.
Con el avance del desarrollo social se ha ido diversificando el pensamiento político en los actores sociales, así también en los habitantes; por lo tanto, hoy se observan varios partidos políticos bien identificados con su población, algunos se componen de coaliciones; aunque sean ideológicamente opuestos, alguna vez defendieron sus posiciones socioculturales, sin embargo, quieren compartir el pastel.
No sé si es recomendable seguir ese paradigma; en varios países de América Latina siguen con este modelo político, siempre y cuando coincida con la ideología, pero no debemos sorprendernos de que la sociedad se haya ido construyendo desde la perspectiva intercultural, pues en la actualidad, nuestro continente está en proceso de diálogo entre el sistema capitalista y el sistema socialista.
Siguiendo con el análisis de la evolución de los principios rectores de la ideología en los partidos políticos, quiero explicar que con la disminución del volumen de la fuerza política del Partido Conservador, de la clase burguesa, que era la clase dominante, se incorporó un mayor porcentaje al Partido Liberal Constitucionalista, de manera que ambos pierden la identidad original y se constituyen en una nueva ideología, a lo que le llaman los especialistas: “neoliberal”, que está alineada con la política de globalización.
El concepto de globalización, la mayoría de la sociedad no lo entiende, pero escucha, lee, mira que se acerca cada vez más enérgico, aunque no existe una reflexión, puesto que ni los intelectuales ni los propios partidos políticos han explicado el sentido de este proyecto gigante que sólo adormece la conciencia de los ciudadanos pobres de esta tierra. La globalización viene acompañada de la economía, ideología, cultura, incluyendo el lenguaje. Nuestros gobernantes no están capacitados para dirigir la nación desde ese punto de vista. Un país mayoritariamente de pobres y analfabetos no puede ni competir, mucho menos alinearse a esa perspectiva política. ¿En qué puede competir Nicaragua con los países industrializados?
Ante esta situación es importante analizar la propuesta de cada uno de los partidos y coaliciones de partidos, no convencerse por las tradiciones de generación adulta a la generación joven, tal como se da en algunas familias, en las que, porque el papá es de X partido, el hijo se tiene que decidir por ese partido. La juventud de hoy debe ser recepcionista y analítica con la información.
Hay que fomentar un nuevo concepto de libertad y justicia social, donde reine la paz y el amor entre los nicaragüenses, donde las comunidades indígenas disfruten de su título comunal y territorial, el que, recuerdo todavía, el gobernante que visitó Musawás, capital del pueblo mayangna, les prometió entregar en un mes y por el que recibió un puñado de votos; pero esto sólo quedó en promesa.
Por otra parte, se hace necesario comentar en esta oportunidad que existen partidos políticos consistentes y coherentes con el principio ideológico, a pesar de las circunstancias sociales que ha encaminado.
Así mismo, es importante reflexionar en que ninguna historia se repite igual, como dijera un filósofo griego: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. Esto quiere decir que aunque sea la misma persona, en el mismo escenario (el mismo río), no va a ser igual, porque el agua fluye, así como la historia.
La democracia se consolida mediante la participación de los ciudadanos, exclusivamente de éstos, por lo que no hay que esperar que alguien venga de afuera a decirnos lo qué tenemos que hacer. Nicaragua es para los nicaragüenses.

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