Opinión

Las eternas diatribas


La evolución del comportamiento humano en Nicaragua, hacia valores e interrelaciones más armoniosas y éticas, se consolida poco a poco. También es cierto que aún no se ha podido superar la eterna desconfianza de clases que nos limita y las posiciones aferradas de los grupos detentadores de poder.
Los hechos más claros, en este sentido, fueron las reacciones que este sector tuvo en relación con el discurso del 19 de julio, en donde no se manifestó ni un mínimo gesto de reconciliación, de análisis crítico propositivo al discurso, que pudiera racionalizar y debatir constructivamente el proyecto nacional. Más bien se quedaron en lo mismo, las eternas diatribas de tipo peyorativo que siempre esgrimen, la descalificación y la crítica vana.
Desde la insatisfacción que les produjo la jineteada al caballo andaluz, que sólo creen que sea patrimonio exclusivo de gente como la de un ex canciller que inauguró su oficina montado a caballo, o de los hijos de españoles que desfilan y se “lucen” en las hípicas del país. Tenía que ser en caballo chapiollo y con albarda.
Desde la descalificación del uso de los “símbolos patrios”, a los que dan valoraciones, más allá de sus propios valores éticos. Y en este sentido, fue notorio que en la comparsa mediática de respuesta estuvieran personas privadas, que navegan ante la población con bandera de alta intelectualidad educativa.
Por otro lado, surgió lo de los subsidios. Qué enorme preocupación les causó este tema, en un país donde más de 250,000 pequeños productores son parte fundamental del eje agropecuario nacional que debiera ser activado. Sin embargo, no les causa preocupación los 50,000 millones de dólares que dan en subsidios los Estados Unidos y la Unión Europea, que impulsan la producción y la exportación de excedentes a precios por debajo de sus costos de producción, que bloquean las negociaciones ante la OMC y que frustran las expectativas de los países como el nuestro.
No piensen que la propuesta necesariamente tenga que ser como la de esos países, pues en los nuestros esa cosa es inviable. El apoyo que requieren nuestros productores es acceder al crédito con bajos intereses, que los precios de los insumos, maquinaria y equipo que requiere para activar su empresa no se vayan en manos de los grandes importadores comerciales, y que exista una voluntad del gobierno de engrasar esa maquinaria dormida y echarla a caminar, como una alternativa fundamental. Hay que favorecer a esa inmensa mayoría. El “desborde” del vaso no va venir por beneficiar a la misma minoría con recursos. Ya está a ultranza comprobado por la historia que en esos modelos la copa en vez de rebalsarse, se ensancha. Si no, que lo digan los últimos gobiernos.
Lo del comercio justo tampoco fue del agrado de dicho sector, pues la lógica de hijos de casa con la que se manejan sólo es compatible con intereses foráneos, en donde la solidaridad de los pueblos como premisa básica no existe.