Opinión

La capital centroamericana más atrasada


La Alcaldía de Managua bajo la actual administración está politizada y abiertamente partidaria; no existe una secuencia racional para hacer de Managua una auténtica ciudad capital.
La existencia del Concejo Municipal es un populismo barato, un cuerpo colegiado inoperante, porque el que manda es el Alcalde y actúa según su criterio, ante la opinión pública los concejales son mudos sólo gastos innecesarios ocasionan.
Los alcaldes en general carecen de cultura sobre cómo desarrollar una ciudad, viajan mucho, ven cantidad de ciudades, pero no aprenden nada, pasean, se divierten, a lo mejor no les interesa el cómo hacer una ciudad atractiva.
Se rodean de incondicionales, allegados o activistas, asesores sin luces que aportar, son funcionarios de esos que siempre contestan, sí jefe, no sienten por la institución el orgullo o deseo de transformar la capital en una ciudad moderna.
Para orientar el desarrollo de una ciudad, lo primero es trazar un plan urbanístico regulador, la importancia del departamento de urbanismo es vital. Quizá ahora se haga la mueca con las grandes construcciones, pero en general la construcción menor marcha al garete.
Aunque a algunos no les guste, en los últimos años del régimen somocista en la Alcadía de Managua funcionó un departamento que trazó un plan de urbanismo para el desarrollo de la capital, con normas muy rigurosas de aprobación de planos, espacios y modernidad, y toda construcción tenía que pasar por allí. La revisión de planos era exhaustiva, igual que las especificaciones, se obligaban áreas verdes en repartos y edificios grandes, lo mismo que espacio para estacionamiento; de esto no exigen nada ahora, salvo con edificios grandes. Cualquiera opera un negocio, el estacionamiento, la calle.
En las construcciones no existe seguridad para los transeúntes, ocurrió recientemente con el desplome de un muro que mató a dos personas, y todo quedó allí.
Supuestamente, la construcción del paso a desnivel, que dicen estar terminando donde fue la rotonda Centroamérica, debió haber sido revisada y aprobada por Urbanismo, construcción, según comentarios públicos, con deficiencias de fondo que no se corrigieron oportunamente.
Sandinistas piñateros de tierras se han apropiado de algunas áreas verdes del pasado y han construido; como las construcciones se hacen a espaldas de Urbanismo, no se cumplen trámites legales, como presentar la escritura de propiedad del terreno. Un ciudadano en Granada viajó a Estados Unidos de América, cuando regresó la casa donde vivía ya no era de él, caso publicado en un medio de comunicación; así se está viviendo en Nicaragua.
Los piñateros se apropian de cantidad de terrenos y de la noche a la mañana aparecen edificaciones de pipiripago y negocios que desvalorizan, inclusive, zonas residenciales. En algunas áreas, Managua es una ciudad de caseríos.
Es bien desagradable entrar a la ciudad y pasar por los escombros. Nunca se tomó una decisión, el criterio somocista de las fallas y dejar esas tierras a la buena de Dios prevalece, y nadie resuelve nada. Aparentemente, Managua quedará con esa puerta de entrada desagradable, que va absorbiendo la expansión del Mercado Oriental, un área ambiental de contaminación.
Los alcaldes han demostrado más su partidismo que el progreso efectivo de la ciudad bajo los aspectos humanos y de modernización de la ciudad. Su principal preocupación es una labor incoherente vinculada con el fachadismo, el show; no prevalecen prioridades ni preocupa la imagen de la ciudad como conjunto, apenas atienden ciertas vías de circulación para impresionar.
Son muchas las necesidades de la vieja Managua, y tiene que existir una gradualidad en el surgimiento de una nueva ciudad moderna, aunque talvez sea tarde, lo cual demandaría un plano de desarrollo para la continuidad del trabajo integral; no se transformará de la noche a la mañana, pero tampoco trabajando cada alcalde para imagen de su partido y para su imagen personal.
La Alcaldía tiene una potencial fuente de ingresos en el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) que le facilitaría mucho dinero para hacer una buena labor, sin andar persiguiendo a muchos chiquitos. Al no ver esta realidad se mantiene una tremenda desigualdad, pagando una casa de 500 mil córdobas, la misma tasa que un palacete de un millón de dólares y más.
Se desconocen interioridades o tabulación de lo que se recauda por IBI, y la política es ir aumentando valores catastrales a casas construidas hace 30, 40 años o más, una política absurda, porque todo bien se deprecia y, además, hay que gastar en mantenerlas en estado regular.
La injusta desigualdad puede corregirse con tasas en una pequeña escala, comenzando en 1% hasta un millón de córdobas, y llegar hasta 3, 4 ó 5%, o menos para mansiones millonarias, según las clases de construcciones, dependiendo de valores y años de construidas.
Además, existe gran cantidad de tierra que se revaloriza con el desarrollo constructivo del resto de la nueva y larga Managua, donde se cotizan precios por vara cuadrada a 60, 70, 80, 90 y 100 dólares, ¿cuánto están pagando actualmente?
Para todo, la frase de cajón es que no hay presupuesto, lo que ocurre es que no hay prioridades en gastos y para una pesada carga de gastos del Concejo, de la politiquería y del fachadismo, nunca habrá presupuesto, y esos tales cabildos abiertos son una payasada. Basta con el Alcalde, quien debería presentar una reporte anual, suficientemente informativo.
Sobre mercados populares nada nuevo se agrega, y menos salubridad en los existentes, lo único que interesa es el pago de impuesto diario, inclusive, comerciantes de canastas sentados en las aceras del Oriental. En el régimen somocista se lavaba cada noche el San Miguel y otros, y se construyeron nuevos, ahora no existe preocupación por ofrecer mínimas condiciones ambientales, sólo suciedad. Hay que cruzar el oriental, donde los intendentes sólo sirven para cobrar.
La basura contamina el ambiente de toda Managua, unos cuantos lugares son los que se mantienen limpios, la mayor área es una suciedad. La Chureca es un lugar de contaminación espantosa y ningún alcalde se ha preocupado por limpiarla.
Las aceras se utilizan para ventas de comidas y otras chucherías; ponen unos techos para colocar mesas de servicio, las utilizan talleres mecánicos para exhibir vehículos de venta, etc., han perdido el uso original de circulación del público, y al final sirven para ampliar áreas de negocios.
Las calles son los estacionamientos de negocios y oficinas; estacionamientos privados de ONG’s y embajadas, a lo que se agrega, incomprensiblemente, una cantidad de policías acostados
Las diversas sectas evangélicas, con algunas excepciones, instalan casas de culto en cualquier lugar, y en sus cantos, parecen tribus africanas con sus gritos de cantos, que molestan a la vecindad. Los predicadores en los mercados y la bulla de los vendedores de discos las tienen que aguantar los comerciantes, pero claro, a los intendentes no les molesta.

Esos temas y muchos otros asuntos demuestran la inoperancia de dirección y administración de la Alcaldía actual. El problema de la Alcaldía de Managua es la polarización de la sociedad nicaragüense, donde está muy lejano un posible perdón y una reconciliación. Domina aún un fuerte antisandinismo, y así como se vivió en el pasado la polarización libero-conservadora, ahora se vive la de derecha e izquierda. El antisandinismo es promovido y apoyado por el Departamento de Estado Americano, en especial, en períodos electorales.
La polarización tiene condenada a vivir en la inmundicia a la Managua post terremoto 72, convertida en una cuidad oriental de bazares, calles intransitables y sucia. Se tiene un Alcalde inoperante, más de lo mismo.