Opinión

Una mala expresión llamada autonomía escolar


IDEUCA
Segunda parte
En artículo del domingo pasado se presentó al lector interesado en las cuestiones educativas de nuestro país, las promesas y el diseño del modelo administrativo conocido como autonomía escolar. En esta oportunidad nos referimos a algunos de los ámbitos sobre los cuales, producto de sus vacíos, inconsistencias y ocultos propósitos, se han centrado las críticas de investigadores y especialistas del tema educativo, y en especial de las malas palabras de maestros y padres y madres de familia en contra del modelo en cuestión.
1. ¿Descentralización o desconcentración?
En aquellos días, hace trece años, la autonomía escolar fue presentada como un original y novedoso modelo de descentralización de la educación. Posteriormente, entre 1993 y 2006, en los documentos oficiales del Ministerio de Educación sobre este tema se insiste reiteradamente en identificar a esta función como de descentralización. No obstante, cuando se observan de cerca, pieza por pieza, las prácticas de la institución educativa bajo el régimen de autonomía escolar, y analíticamente se separan las referidas a los ámbitos sustantivos curriculares referidos a la misión de cada centro, de las de los ámbitos y procesos administrativos de apoyo, es posible concluir que la autonomía escolar en Nicaragua ha sido más un proceso de desconcentración de responsabilidades que de una real y legítima descentralización, en tanto la dependencia que los centros educativos bajo el régimen autonómico han tenido, tienen y continúan teniendo respecto del MECD, fue y es muy grande.
Más aún, cuando se profundiza en el análisis, se comprueba que la autonomía escolar no sólo es un modelo de desconcentración vulgar, común y corriente, sino que también esa desconcentración no cubre todos los ámbitos sustantivos y administrativos de la vida de la institución escolar, sino que solamente los procesos administrativos, y de los procesos administrativos (planificación, organización, gestión, evaluación y control) solamente la variable financiera. Esto expresa que en rigor la autonomía escolar no es ni más ni menos que un modelo de desconcentración financiera del Presupuesto Nacional de la educación, desde la sede central del Ministerio de Educación hacia los centros educativos.
La desconcentración financiera del presupuesto educativo, siendo un proceso técnico y metodológico, aplicado a un país con el ochenta por ciento de pobreza, ha tenido consecuencias políticas y sociales de gran envergadura, las que se expresan en el traslado a los padres y madres de familia, de la responsabilidad del Estado respecto de la educación de sus hijos, negando flagrantemente el derecho a la educación, a las nuevas generaciones de nicaragüenses.
2. Algunas preguntas para desentrañar
el proceso.
Pregunta No. 1: ¿Cómo ha operado y opera este proceso? En artículo del domingo 15 de julio pasado afirmamos que uno de los mecanismos de la autonomía escolar era la transferencia mensual de parte del Ministerio de Educación de una determinada cantidad de dinero calculada de acuerdo con una fórmula aritmética y multiplicada según el número de alumnos de cada centro educativo, igual al modelo de las subvenciones chilenas.
Pregunta No. 2: ¿Cuál es el problema, si las escuelas reciben las transferencias y con ese monto pagan el sueldo de los maestros y todos los bienes y servicios que las mismas necesitan para funcionar? El problema es que de acuerdo con estudios de organismos independientes, el monto de las transferencias cubre apenas un promedio de entre un 70 y un 80 por ciento, de los montos que las instituciones educativas necesitan para funcionar adecuada y decentemente.
Pregunta No. 3: ¿Qué hace el gobierno de la República con ese 20 ó 30 por ciento que no le entrega mensualmente a las escuelas? Ese monto mensual, que multiplicado por el número de centros educativos públicos que tiene el país debe ser muy grande, es probable que el gobierno lo utilice en el pago de la deuda interna a los banqueros y socios de clase de la coalición gobernante.
Pregunta No. 4: ¿Cómo hacen los Consejos Directivos Escolares para completar ese 20 ó 30 por ciento, y poder pagar los bonos de los sobresueldos a los maestros y completar el pago de los bienes y servicios para el funcionamiento de los centros educativos? Dependiendo de la creatividad de los miembros de los CDE, los mecanismos para la obtención de dinero podrían agruparse en tres conjuntos: a) las llamadas “cuotas voluntarias”, b) la venta de chucherías, bienes y servicios en las “pulperías escolares” y c) la realización de múltiples actividades recaudatorias de dinero entre padres y madres de familia y la población del entorno del centro de estudios.
Respecto de cada uno de estos conjuntos de mecanismos existen numerosas evidencias y estudios que desnudan la naturaleza profundamente antieducativa e irracional del modelo. Sobre las llamadas “cuotas voluntarias”, la Procuraduría Especial de la Niñez y la Adolescencia ha publicado un informe con el título de El Pupitre Vacío, en el cual se descubren las múltiples maneras acerca de cómo las escuelas cobran a las familias por sus servicios, vulnerando el derecho universal a la educación en nuestro país. Acerca de las “pulperías escolares”, éstas funcionan como entes especializados del mercado al menudeo; ahí hay de todo lo que una clientela de niños y adolescentes (y adultos, las maestras) podrían comprar. Desde caramelos y lapiceros hasta toallas sanitarias. En Sébaco, en las escuelas públicas se cierran las llaves del agua potable a las diez de la mañana, para obligar a los niños a comprar agua helada en bolsitas en las pulperías de los centros de estudio. Sobre las “actividades recaudatorias”, éstas van desde los “viernes locos”, las rifas semanales, las verbenas de los sábados chiquitos, hasta los paseos por Metrocentro y la Plaza Inter. En Boaco, me contaba una maestra que en una escuela bajan y suben notas a los alumnos en matemáticas, según éstos vayan o no vayan al paseo quincenal por el cual deben pagar hasta 50 córdobas, lo que afecta la calidad de la educación y el presupuesto de las empobrecidas familias.
En múltiples oportunidades, quien escribe ha escuchado de parte de maestros y padres de familias múltiples adjetivos calificativos cargados de impotencia (malas palabras) dirigidos al modelo y sus promotores. Al parecer, en el Ministerio de Educación y el Banco Mundial, contradictoriamente, sólo escuchan elogios y aplausos. Una maestra de Tola, Rivas, me decía recientemente que la autonomía escolar es como al Servicio Militar obligatorio de los ochenta, ya que en los dos procesos se matan a los niños y los jóvenes, la diferencia es que con la autonomía escolar se mata, día a día, a pellizcos, quitándole el pan de las manos a los pobres.