Opinión

Resignificar la profesión docente y el desarrollo profesional del magisterio


IDEUCA
En la actualidad existe consenso sobre cómo aprenden y se desarrollan los docentes para ejercer su profesión. Estos conocimientos constituyen el núcleo mínimo que deben tomar en cuenta las instituciones formadoras de docentes, para alcanzar los estándares de calidad que demanda el país y sobre los cuales las facultades y escuelas de educación deberían ejercer liderazgo. Ello supone que el país asuma el rol central que tiene la educación y las responsabilidades que se desprenden de ello. Hargreaves señala al respecto que: “En este nuevo mundo, de entre todas las tareas que son profesionales o aspiran a serlo, la enseñanza es la única a la que se ha encargado la tarea formidable de crear capacidades y destrezas que permitirán que las sociedades sobrevivan y tengan éxito en la era de la información”.
Estudios internacionales y nacionales ponen de relieve que los programas de formación que presentan una visión coherente sobre la enseñanza y el aprendizaje e integran teoría y práctica tienen gran impacto. Una de sus características más relevantes es que responden a enfoques que integran el conocimiento que surge desde la prácticas hacia las teorías. Estos programas son formulados en torno a grandes ideas que continuamente son revisadas y retroalimentados, estableciendo criterios y principios comunes que guían, orientan y enmarcan las prácticas de evaluación al desempeño docente. Nuestro contexto nacional y local, por el contrario, pone de relieve la separación y falta de articulación existentes entre los cursos que suelen limitarse a desarrollar marcos teóricos sin articulación alguna con la realidad y la actividad práctica profesional, desvinculada de referentes explicativos en el contexto de la formación inicial y de la formación docente en general. Esto muestra un grave divorcio entre una lógica teórico-academicista con ciertas características de producción, circulación y consumo de información, y otra lógica práctica, cuyos referentes y procedimientos de producción, circulación y consumo son diferentes. Ambas lógicas, por ahora, no se han encontrado para dialogar entre nuestras instituciones formadoras.
Tomando en cuenta el rol y estatus del profesorado, esta dicotomía entre teoría y práctica en la formación proyecta consecuencias que referidas a la tradicional distancia existente entre quienes piensan, diseñan y planifican la educación y quienes la llevan a la práctica expresa el distanciamiento entre los teóricos y los prácticos. Sus preocupaciones y posicionamientos para abordar la educación son distintas, como también lo son el reconocimiento profesional y social que tiene cada uno, la valoración de sus opiniones expertas y su ámbito de autonomía y decisión. Esta realidad también nos remite a la posibilidad de construir conocimientos sobre educación: por un lado, desde afuera de la educación; por otro, desde dentro de la escuela y el aula, surgido de las prácticas y experiencias docentes. Tales distanciamientos entre teoría y práctica arrastran, a su vez, las tensiones y distanciamiento existente entre investigación y acción educativa. De lo anterior se desprende la importancia que tiene para el país contar con cuerpos de docentes universitarios suficientemente preparados para conducir procesos de formación de los futuros profesionales de la educación, los que deberán equilibrar sus capacidades de interacción con grupos humanos diversos, a la vez que dominar saberes que soporten y den sentido a la interacción que exista entre profesores y alumnos(as) en el aula. Las evidencias indican que a pesar de los esfuerzos realizados para fortalecer la formación de los formadores, aún no contamos con cuerpos sólidos y pertinentes que lleven a cabo la formación de los profesionales de la educación, lo que exige revolucionar el pensamiento y las prácticas actuales existentes en las instituciones universitarias de formación docente.
Una forma de superar la desarticulación existente entre las distintas instituciones responsables de la formación docente es plantearnos como país una concepción amplia de desarrollo profesional, entendido como el aprendizaje de los docentes a lo largo de toda la vida, el que ha de articular la formación inicial, formación en servicio y autoformación docente como un sistema continuo. Se trata de conformar un proceso sistémico que desarrolle competencias sociales, éticas y técnico-pedagógicas, incorpore el uso pedagógico de la información y la comunicación, en el marco de una profesión docente en constante construcción. Las próximas elecciones nacionales constituyen una excelente oportunidad para que el país se plantee un desafío trascendental a este respecto: emprender un gran esfuerzo concertado que combine decisiones políticas, participación, presión y trabajo cooperativo, en orden a construir mecanismos y sistemas de desarrollo y reconocimiento profesional capaces de articular la formación inicial y la formación en servicio, recuperando las experiencias exitosas existentes en la región. No hacerlo es exponer al fracaso total cualquier intento de mejorar la calidad de la educación, en tanto toda reforma pasa primero por recomponer la profesión docente y su desarrollo profesional.
Es necesario, a su vez, examinar la inserción de los docentes en la profesión; las evidencias en la región y nuestro país en particular indican que profesores y directivos no se encuentran preparados para afrontar el período de inserción profesional como un proceso de desafío y de aprendizaje, ni se les facilitan condiciones salariales y laborales para ejercer su trabajo; por el contrario, suele ser asumido como un tiempo para adaptarse al medio educativo y mantener una fuente de trabajo impartiendo clases. Esto nos ayuda a comprender que dentro de las principales expectativas que hoy tienen los principiantes en la educación, se encuentre la opción de abandonar la fuente laboral y dedicarse a otras actividades. Se requiere, en consecuencia, crear condiciones para que, tanto los principiantes como quienes ya tienen experiencia docente, se incorporen en lógicas de aprendizaje profesional continuo, en instituciones educativas inteligentes que aprenden, apoyan y trabajan con los profesores. Algunas estrategias exitosas en los países son, entre otras: favorecer la relación entre las instituciones de formación inicial y el centro educativo a través de la creación y fortalecimiento de redes de apoyo entre diversos actores involucrados con profesores principiantes, como una manera de retroalimentar y fortalecer el necesario diálogo entre conocimiento teórico y conocimiento práctico.
Para lograr lo anterior es necesario que el país cuente con mecanismos que proporcionen incentivos, así como con la animación adecuada, por parte de las instancias responsables de desarrollar políticas educativas (Ministerio de Educación, centros de formación, universidades), que generen condiciones de operatividad para facilitar la inserción profesional como parte de un proceso de desarrollo profesional articulado sistémicamente con la carrera profesional.