Opinión

Problemas en las políticas públicas en América Latina


Una de las equivocaciones principales que acarrean las políticas públicas en América Latina es que la mayoría de veces se impulsa con un enfoque tecnocrático que ignora los sectores ciudadanos que tienen relación e intereses directos con la política. Por ese motivo, cuando se revisa la historia reciente se encuentran más fracasos que éxitos en los esfuerzos que se han implementado para lograr reducir la pobreza y alcanzar mejores niveles en la calidad de vida de la población latinoamericana.
El ciclo de las políticas comprende su posicionamiento en la agenda pública, así como la formulación, adopción, implementación, monitoreo y evaluación. Por su lado, la participación, análisis, debate y arribo a consensos entre los diversos sectores o actores son esenciales. Las políticas, al fin y al cabo, deben responder a los intereses ciudadanos y lograr su satisfacción, mas para lograrlo no hay otro camino que promover y articular la participación de los actores, ya sean formales y/o informales, según sea el caso.
Los actores formales son, entre otros, los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Consejo Electoral, gobiernos locales, partidos políticos, en tanto algunos informales son organismos de la empresa privada, sindicatos, movimientos sociales, medios de comunicación, organismos no gubernamentales, universidades, etc.
Los problemas casi siempre se presentan porque quienes pretenden impulsar la política (Ejecutivo, Legislativo, gobiernos locales, etc.) lo hacen apoyados en grupos de técnicos, normalmente bien capacitados, pero sin o con poca visión del juego político nacional, el cual es fundamental tomarlo en cuenta para lograr avanzar en la formulación, adopción y mucho más en la implementación. Es una visión tecnocrática que trabaja desde adentro hacia adentro, o sea aislada de las verdaderas necesidades ciudadanas, y concentrada más en cumplir los procesos internos, normas y lecciones aprendidas de otros países, pero sin interrelacionarlas con sondeos y diálogos con la realidad concreta. En fin, erróneamente estiman que basta el conocimiento técnico con un barniz político para asegurar el éxito.
Aunque las lecciones aprendidas internacionales son valiosas, siempre hay que tener en cuenta que no necesariamente lo que funciona en un país también funcionará en otros; el mismo tránsito y ritmo por las diversas fases del ciclo igualmente tienen sus características dependiendo de los antecedentes históricos, la conformación de la estructura económica y social, así como el tipo de sistema político en que se desarrolla el juego de las políticas públicas.
Los resultados están a la vista, aquellos actores que perciben que se les excluye o que estiman que no participan plenamente en el proceso lanzan iniciativas dirigidas a bloquear la política con las consabidas consecuencias negativas para la población meta. No hay que perder de vista que cada actor tiene sus cuotas de poder en el juego y que las usará en función de lograr avanzar lo más que pueda. Aparecen acusaciones y contraacusaciones de las partes, pero al final, como siempre, son los sectores mayoritarios los que pierden.
Otros problemas que se presentan son la gran cantidad de actores que participan, muchos de los cuales no tienen o tienen poca relación con la política en cuestión. No todos deben participar en todo. Igualmente la inmadurez institucional y el peso mayor que en el juego tienen líderes que concentran todo el poder, se convierten en problema en la medida que contribuye a la desinstitucionalización. La historia latinoamericana está repleta de casos de líderes que acumulan poder sin control, lo que resulta en conductas autoritarias que en nada contribuye a elevar la calidad de las políticas públicas y el bienestar de la población.
El fortalecimiento de la institucionalidad es uno de los elementos indispensables para lograr saltar los problemas con los que se enfrentan las políticas públicas en América Latina y conseguir que se enfoquen en favor de los intereses ciudadanos.
mavm@cablenet.com.ni