Opinión

Océanos de colores y bolsillos salados


Oliver Gómez

Plazas, calles, avenidas repletas de compañeros o correligionarios. El término o la fecha es lo de menos, la multitud es lo de más. Todos se encuentran cada año, pero con particular interés cuando hay contienda electoral; sin olvidar la gorra, la camiseta, la bandera o al menos el color que distingue la preferencia.
“Es la democracia”, dicen aquellos que disfrutan las grandes demostraciones públicas, pero olvidan que esta mencionada frase inicia en el hogar, en el lazo que une esa movilización con el bolsillo familiar.
Las facturas de agua, luz, teléfono y los precios que nos recetan en las pulperías por el arroz, los frijoles, el azúcar son la suculenta, pero ahora incompleta, razón que debería mover y encabezar dichas manifestaciones. Asegurar “el pan nuestro de cada día” para luego generar el necesario pensamiento ideológico.
Pero eso queda solapado, en segundo plano. Esas facturas y los demás precios que deberían ser bandera y color, porque son condición para vivir, tener cédula de identidad y votar, se dejan a la deriva, escapando de nuestro bolsillo cuando la “democracia” asoma. Tienen permiso para elevarse en las astas como las banderas y ahogarnos sin alivio alguno porque es año electoral y las alzas no tienen tradición, gorra, camiseta, bandera o color. No movilizan a nadie, sólo se pagan y punto.
Es la encarnecida muestra de pobreza que un pueblo puede dar en su desahogo, en su deporte favorito, en la política, en las elecciones. Una mezcla que oculta el “cómo” y “cuándo” que necesita cada votante al escuchar las promesas de candidatos que se exponen en una propaganda que ha degenerado en publicidad de promoción: al dos por uno.
Planean movilizar mares de gentes y lo logran, movilizan océanos. Pero, ¿se imagina usted cuánto bajarían los costos de las facturas de Unión Fenosa o Enacal con semejante demostración? ¿Y la leche, el arroz, los frijoles…? Pero es la misma gente, es el mismo océano que se queja de las facturas y los precios. Son los mismos buscando solución.
Son expresiones que no dejaré de entender, porque las quejas y reclamos verbales se escuchan en cada esquina, de boca en boca, las alzas incomodan y nadie habla de respuestas concretas. “La piedra chima en el zapato”, pero se acomoda al andar en cada manifestación partidaria. La política moviliza océanos, pero el bolsillo ni siquiera sal.
Que sigan las alzas, que chime el zapato, pero pongamos el lomo. El mensaje es claro entre quienes buscan una solución a la pobreza con el estómago vacío y sin buscar qué echarle, sin cuestionar al que promete. Sostienen a quienes se llevan lo que hace falta en casa, pero no les importa.
Ahora más que nunca me provocan carcajadas los reclamos, quejas, los lamentos de aquellos que marchan y se concentran entre gorras, banderas y colores; ausentándose cuando se les llama para acabar con los apagones, la falta de agua, el teléfono averiado, la factura injustificada, el alza del gas. Son los mismos que lloran y lloran, pero sólo ríen en las manifestaciones partidarias, sin tomar en cuenta el bolsillo familiar que cada vez pierde espacio por todo lo que se debe llevar en la cabeza.
Vayamos otra vez entonces con el lápiz en mano, buscando votar de la misma manera, sin prever la propuesta o evaluar la promesa; con la misma tinta indeleble a las necesidades de tu casa, a las de tu bolsillo, facturas y precios. Sigamos celebrando que no supimos nunca “cómo” van a darnos pan y “cuándo” lo comeremos.