Opinión

A propósito del 19 de julio: La Revolución como reconciliación


La reconciliación, la unidad, la solidaridad hoy más que nunca son necesarias en nuestro país. Éstas son premisas y experiencias que sólo la Revolución Popular Sandinista puso en práctica desde su irrupción en la historia nicaragüense hace 27 años. A esto agregamos que el FSLN es el único partido que ha mantenido vivo dentro de lo que podemos llamar el marasmo postmuro de Berlín, condiciones tan importantes para consolidar una sociedad humanizada, humanitarista y con cualidades espirituales de alto valor. Digo esto porque, aunque se piense que la reconciliación es una estrategia electoral articulada por el FSLN, hay que decir que este partido la plantea como una necesidad, como una propuesta social, ecuménica, que se fundamenta en un ir juntos tras la caza de las posibilidades de una vida mejor.
Cuando digo juntos es ir liberales, resistencia, conservadores, cristianos, católicos tras lo concreto: esa solidaridad que la Revolución instaurara en todos los procesos sociales y cotidianos y que el capitalismo salvaje destrozara con sus postulados consumistas. Lo peor es que, como dijera Néstor García Canclini, hoy tenemos una mentalidad consumista sin tener una economía de consumo y, por lo tanto, nos han convertido en la mano de obra barata de economías pujantes como la de Taiwan.
La Revolución determinó un todo social, una conexión mutua entre los factores. Esto conllevó a la inserción de la sociedad en sus propios procesos políticos, económicos, sociales, culturales e identitarios. ¿Acaso no fue la Revolución la que puso en boga elementos como la artesanía, la música nicaragüense y otros como la cultura popular que antes del 79 estuvieron aislados y vistos como mero exotismo? He ahí un papel histórico de la Revolución de lo que llamaríamos una reconciliación de las culturas. He ahí la reconciliación que hoy propone el FSLN: un haz de sintetizar esfuerzos para cicatrizar las heridas que no dejan avanzar el país. ¿No fue eso lo que proponía Comte en la Francia posrevolucionaria, y por ello se dio a la tarea de inventar e inventariar la sociología?
La Revolución Sandinista es reconciliación, debido a que sus conclusiones son el acercamiento de las diferencias y el ascenso de clases que por mucho tiempo estuvieron marginadas. Ésta es una propuesta de una realidad distinta, o más bien es el acceso a la realidad de ese sujeto que siempre estuvo a la orilla del camino. ¿No fue acaso la Cruzada Nacional de Alfabetización un introducir a los iletrados en el mundo de la imaginación, y de esta manera convertirlos en sujetos sociales que podían realizar prácticas cognitivas como el opinar y hasta escribir poesía? Ése es el miedo y la oposición que ha articulado la oligarquía conservadora a la propuesta de reconciliación, pues ven en la unión del pueblo una pérdida de sus privilegios.
La Revolución Sandinista desde su época supo que el humano es un eslabón de la sociedad. La Revolución se enteró de que ésta actúa como un todo y que, por lo tanto, la armonía debe ser una actividad real-social y de solidaridad en el sentido que una de las medidas fue la democratización de las facultades y las posibilidades. ¿No fue proceso vital la educación de la juventud en Europa, Cuba, entre otros países, y que hoy se desplazan por la vida como profesionales? Ésta es otra dimensión de la reconciliación, pues lleva implícito reconciliar la educación con el pueblo, con los que se les había negado el acceso.
La Revolución Sandinista ha planteado la reconciliación como un asunto trascendental y que hoy se presenta como una necesidad moral. Por ello el FSLN y la Alianza Unida Nicaragua Triunfa la proponen como esa dimensión social-espiritual urgente que debe llevar todo programa de gobierno para superar las limitaciones que han implantado en la mentalidad de nuestro pueblo los 16 años de fondomonetarismo. Por ello rompe la reconciliación la estrechez y el reduccionismo circunstancial de la estructura, para constituir el ideal de un nicaragüense íntegro, en uso pleno de todas sus facultades.
El punto de partida de la reconciliación es la transversalidad que ésta debe albergar, pues ella es en sí una invitación a que los nicaragüenses dejemos de ser esencia o mera ontología para llegar a ser historia, como fue hace 27 años. Es decir, reconciliarnos implica más allá de la tolerancia un factor socio-espiritual que rija las relaciones y las decisiones en el sistema de cosas. Bien se puede decir que desde el 79, la reconciliación es una condición que hoy más que nunca encierra, como dijera Octavio Paz de México, un ejemplo de una variación de esa cambiante criatura plural en que cada uno somos todos, y si no es así no somos ninguno.
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