Opinión

Un bien mayor para Nicaragua


Como tantos nicaragüenses, he vivido la indecisión en los últimos procesos electorales casi hasta la hora de votar, para resolver a último minuto qué hacer, empujada más que todo por la obligación moral de escoger lo que se cree el menor de los males en la difícil situación nacional.
Pero ahora, por primera vez en tantos años, la fórmula de Edmundo Jarquín y Carlos Mejía Godoy, que da continuidad a la propuesta democrática que Herty valientemente impulsó, constituye una alternativa esperanzadora para Nicaragua, sobre todo por la posibilidad real de democratizar la vida política, superar los métodos autoritarios de gobierno, la mezquindad de intereses de las elites y la visión oportunista que alimenta el ejercicio público corrupto.
Ciertamente algunas personas ven a “Mundo” Jarquín como una especie de intruso en la vida política y consideran un obstáculo el hecho de que haya vivido durante los últimos años lejos de Nicaragua. Algo así como: “No pertenecés al clan, amigo, así es que mejor hacete a un lado”.
A mí, por el contrario, me parece un beneficio que se haya alejado por un tiempo y retorne con una visión fresca y diferente a un ambiente político tan viciado. Del mismo modo considero positivo que haya trabajado en el ambiente de los organismos financieros internacionales y conozca al “monstruo” desde sus entrañas, porque esa experiencia le dará capacidad para negociar como presidente condiciones más ventajosas para el país o para evitar la imposición de medidas insensatas.
Si en estas elecciones, como en las anteriores, va a pesar más en la decisión del voto el carisma personal que el programa político partidario, me parece que “Mundo” se ha proyectado como una persona honrada, seria y capaz, que ama sinceramente a su país. Del mismo modo opino de su esposa Claudia Chamorro, a quien admiré su extraordinaria entereza al enfrentar la enfermedad y muerte de su hijo, para extraer de un dolor tan inmenso un valioso testimonio que ha sido soporte emocional de muchas familias que enfrentan situaciones similares.
Dicho en otras palabras, a la hora de votar me inclino por las cualidades personales de los candidatos que evidencian dotes de estadistas, integridad y compromiso con el país, pero también sensibilidad humana para enfrentar decididamente la pobreza y para proteger a la población más vulnerable de las duras condiciones que impone el comercio injusto y el alza continua de los precios internacionales.
Por la misma razón me entusiasmó la escogencia de Carlos Mejía Godoy como candidato a vicepresidente. No hay nada más representativo del amor hacia Nicaragua que la música de los Mejía Godoy y las canciones de Carlos. Y a diferencia de candidatos que irrumpen de pronto desde la farándula, el deporte u otros sectores alejados de la vida partidaria, veo en la música de Carlos y de Luis un legado político que ya quisiera ver en los partidos: capacidad para defender y proyectar las tradiciones y la identidad nacional, respeto a la diversidad, ternura hacia los campesinos, la mujer, la niñez y los más humildes, y sobre todo, la permanente e inteligente capacidad de reírse de la política y de uno mismo.
Y me refiero a las características personales no porque no me parezcan fundamentales los programas, sino porque más allá de las coincidencias y diferencias entre los planes, promesas y visiones de los candidatos, ha quedado bien demostrada en Nicaragua la urgencia de contar con personas con determinadas cualidades en los principales cargos de Gobierno.
Ciertamente, “Mundo” y Carlos ocupan su lugar en el camino que abrió y despejó Herty Lewites, junto con los líderes del MRS. A ellos les será posible participar en este proceso electoral en una buena posición gracias a la valentía de Herty, que asumió los riesgos que deparaba a su salud una campaña intensa y desafiante. Por lo mismo, si ganan las elecciones, Herty estará siempre presente en ese gobierno y en las decisiones que se tomen con su legado incuestionable.
El contraste entre la campaña vivaz que Herty venía desarrollando y su repentina muerte causó un fuerte impacto en el país, pero fue un acierto que el movimiento que él encabezara haya actuado rápida e inteligentemente para designar a sus sucesores. Me alegra mucho, por lo mismo, que tantos ciudadanos crónicamente indecisos como yo, contemos nuevamente con una alternativa electoral que no sea un mal menor, sino con alta probabilidad, un bien mayor para Nicaragua.