Opinión

La descalificación como cultura


Por años he venido observando un fenómeno social que se intensifica en nuestro país con los vientos de las elecciones, me refiero a la descalificación de las personas, lo cual se está convirtiendo en un rasgo de nuestra idiosincrasia. Aunque no estoy de acuerdo con algunos de sus planteamientos, casi podría afirmar que si Pablo Antonio Cuadra tuviera que hacer una revisión de su ensayo El Nicaragüense, agregaría éste como rasgo de nuestra cultura.
Los medios de comunicación nos traen a diario las incidencias que se dan en el marco de las elecciones presidenciales de noviembre próximo, en las que sobresalen, en lugar de propuestas bien fundamentadas de cómo salir de la crisis nacional, una serie de insultos y descalificaciones mutuas de los candidatos. Si no fuera tan despreciable la situación, sería ridícula y hasta chistosa. Lo grave que veo en este panorama es que la conducta está creando una escuela tan difundida en la población que ya resulta muy difícil convivir en nuestro país en cualquier círculo y en cualquier nivel. Como diría mi abuela: “No queda títere con cabeza” en este estado de cosas.
La juventud y la niñez nicaragüense se están perneando tan gravemente de esta costumbre que da pavor el futuro que se nos avecina socialmente. Para muestra un botón: siempre que voy al mercado, literalmente me asalta una nube de chavalos no mayores de 10 ó 12 años ofreciéndome cuidar el carro mientras me ocupo de mis compras. Un día de tantos me quedé helada al oír a uno de ellos refiriéndose a otro, que es mi cuidador de planta: “A ése no lo contrate que es huele pega” Desde entonces he optado por estacionarme en una estación de gasolina, donde, aunque deba caminar más, nadie se pelea por mí, ni me obliga a oír semejantes despropósitos.
Por razón de la distancia que media entre mi residencia y mi lugar de trabajo, diariamente debo viajar mucho. En ese ir y venir acostumbro llevar personas que encuentro en la carretera, con algunas he hecho amistad y aprovechamos para intercambiar información interesante, consejos y pequeñas ayudas en temas variados. Esto lo hago porque me gusta conocer mi país y a mis conciudadanos. Esta experiencia me permite afirmar con propiedad que, a pesar de la crisis material y de valores en que está sumida nuestra patria, hay muchas personas con un alto sentido del honor, del trabajo, de la disciplina y de muchos otros valores. Aún personas muy sencillas están muy dispuestas siempre a dar un paso adelante llevando una vida digna.
Por estas personas, los políticos deberían tentarse la lengua antes de soltar tanto improperio y tanto desatino. Sus palabras y sus acciones nos dicen a los votantes que no los favorezcamos con nuestra preferencia porque nos hundirán en miserias mayores. Y cuando la miseria se apodera del alma, no queda nada más por rescatar. ¿Qué será de la juventud? ¿Será cierto lo que afirmaba Carlos Martínez Rivas en el sentido que “no tiene donde reclinar la cabeza”?
Sea esta breve reflexión un reto a mis colegas educadores de todos los niveles para que ataquemos sin desmayo esta conducta de la descalificación, antes que acabe por frustrar y destruir los sueños y anhelos de vivir en paz y con dignidad en esta hermosa tierra que es nuestra patria.
La autora es catedrática de la UNAN-Managua