Opinión

Una propuesta concreta sobre la Banca de Fomento

II y última entrega

¿Qué hacer para transformar a la FNI en una financiera para el desarrollo?
En este momento la Financiera Nicaragüense de Inversiones (FNI) está constituida como una sociedad anónima en la que el único accionista es el Estado, pero tiene a disposición una gran parte de su capital para ser colocados en nuevos accionistas no estatales que le darían una mayor fortaleza e independencia administrativa
Para su transformación, en términos de los objetivos planteados en la primera parte de este artículo, se plantea lo siguiente:
Con las reformas descritas anteriormente se procedería a readaptar las funciones de la Financiera, lo que consistiría en abrir, con la cooperación del Sistema Financiero, en cada una de las agencias u oficinas que el sistema tiene en el país una ventanilla que sería dirigida directamente por la FNI, en donde se aprobarían y desembolsarían los créditos. La Financiera celebraría con los bancos un contrato de administración de estos créditos. Con este mecanismo los fondos estarían destinados a los proyectos de desarrollo más convenientes para estos sectores y, por tanto, para el país.
Además, se establecerían condiciones financieras como plazos y tasas de interés más favorables para el usuario final. Por la administración de estos créditos se le pagaría a la banca comercial únicamente una comisión que es mucho menor que el diferencial financiero que actualmente cargan los bancos a los créditos que otorgan con fondos provenientes del FNI.
Para lograr los objetivos antes mencionados se procedería de inmediato a promover la venta de acciones de esta Financiera a organismos financieros internacionales, gremios de productores nacionales y otros inversionistas previamente calificados, de tal forma que éstos constituyan la mayoría accionaria. A este respecto ya se han iniciado conversaciones con BCIE, en el sentido que adquiera una participación como socio accionario. De lograrse este primer objetivo se procedería a la negociación de participaciones similares con otras instituciones financieras internacionales, como la Corporación Financiera Internacional (CFI), del Banco Mundial, y la Corporación Interamericana de Inversiones (CII) del BID. Experiencias como éstas ya existen. En forma simultánea se negociaría la participación del sector privado nicaragüense, a través de los gremios de productores, especialmente pequeños y medianos y otros sectores.
No obstante, tal como ya se comentó, con los propios recursos que actualmente dispone y el refuerzo mencionado de fondos adicionales, la FNI iniciaría operaciones en forma inmediata, después de la constitución del nuevo gobierno.
Una vez que la institución haya crecido a niveles aceptables podrá establecer o manejar sus propias agencias o sucursales, tratando de cubrir aquellos lugares del país en donde más se requieren sus servicios, pudiendo establecer políticas de captación de recursos a través de cuentas de ahorro de los pequeños y medianos productores a los que se les facilitan financiamientos.
Bajo esta configuración del capital, la administración de esta institución sería más independiente, libre de influencias políticas o de otra índole, y su credibilidad sería muy alta. Se tendría mayor capacidad para obtener recursos apropiados para sus programas de desarrollo y para lograr una efectiva administración de los créditos, que aseguren el retorno de su inversión y una rentabilidad razonable. Esto es consistente con los sanos equilibrios macroeconómicos de política fiscal y monetaria. En estas propuestas para resolver los problemas de acceso al crédito de miles y miles de pequeños y medianos productores del campo y la ciudad hay que evitar toda clase de demagogia que, lamentablemente, tanto prolifera en épocas electorales.
Con las transformaciones que proponemos, la FNI tendría capacidad de atender la mayor parte del territorio dando prioridad a las regiones o subregiones en donde gravita con mayor intensidad la pobreza y el desempleo. Mediante los programas que aquí se proponen se crearía una capacidad productiva en estas localidades, lo que redundaría en mayores niveles de autosuficiencia y mejores estándares de vida.
Creo es mi deber democrático someter esta propuesta a la opinión del público. Mi equipo y yo estaremos atentos a todas las sugerencias, críticas y recomendaciones, pues estamos convencidos que del debate plural, abierto y respetuoso sobre esta y cualquier otra propuesta, es el país el que gana y esto es lo que más importa.
Edmundo Jarquín es candidato a la Presidencia de la República por la Alianza MRS